Crímenes de niños: la impunidad cubrió las cuatro muertes de Río Seco

07 Dic 2021 Por Gustavo Rodríguez

Nora Rivadeneira (64) caminó despacio hasta la silla de los acusados de la sala de audiencias del Centro Judicial de Concepción. Con la simpleza de una mujer de campo dijo su verdad. “Fue Rosa Carabajal. A mi esposo ya lo había amenazado de muerte unos días antes, cuando la sorprendió en Arcadia con otro querer. ‘Bien lo vea a mi hijo, le voy a contar lo que andás haciendo’, le dijo José en ese momento. Ella le respondió: ‘no creo que alcancés a abrir la boca porque antes vas a estar muerto’”. Con esas palabras sostuvo su inocencia por el cuádruple homicidio registrado en Villa Quinteros, al sur de la provincia.

El 7 de enero de 2006, en una humilde vivienda de esa localidad, murieron intoxicados el esposo de la acusada, José Herrera (64), y sus nietos Nancy (9) y Daniel Vildoza (13) y Carlos Ledesma (1). Según la investigación judicial dirigida por la fiscala Mónica García de Targa, la autora de la tragedia había sido Rivadeneira, ya que ella preparó un guiso de pollo a la que le puso parathion, un poderoso veneno cuya utilización estaba prohibida . La acusación en su contra se fundamentó en dos puntos: supuestamente había sido la única que estuvo en la cocina y las pericias psicológicas que le habían realizado arrojaron que tenía una personalidad “esquizoide”.

En octubre de 2008 se inició el juicio en contra de la mujer. Las expectativas estaban puestas en que se despejasen todas las dudas de la instrucción de la causa. Una de las primeras en declarar fue la bioquímica Mónica Piossek de Ponce de León. Descartó que el envenenamiento haya sido causado por una fumigación que se había practicado por vía aérea en una finca ubicada a 600 metros de la casa de los Herrera.

“Está claro que se envenenaron por vía oral y que, si hubiera sido a causa de la descarga que se hizo en la finca, todos los vecinos de la zona habrían sufrido las mismas consecuencias”, aclaró la profesional ante la requisitoria del fiscal de cámara Horacio Astorga. El representante del Ministerio Público Fiscal también preguntó si existía alguna forma de determinar si la acusada había manipulado el veneno. “No sé decirle, aunque es probable”, le respondió la bioquímica.

En el debate surgieron dos dudas y por eso se decidió hacer pericias sobre la marcha. La primera, comprobar si la ropa de la acusada tenía algún vestigio del poderoso veneno. La otra, un nuevo informe psicológico de Rivadeneira. Los resultados fueron categóricos. La ropa no tenía ningún tipo de vestigio del parathion y el especialista que realizó el informe testificó que si la mujer hubiera llegado a tocar la sustancia, también debería haber fallecido. Los expertos en salud mental que la atendieron señalaron que doña “Pocha”, como se la conocía, no tenía ninguna patología y que su personalidad se ajustaba a la de una mujer sumisa y casi analfabeta.

La otra teoría

Rivadeneira insistió en que Carabajal ingresó en su cocina mientras ella preparaba el guiso para pedirle chocolate en polvo para su hijo. “’Fijate que debe haber en el armario’, le dije. Pero no me di vuelta a ver si lo había encontrado o si se lo llevaba cuando se fue”, contó la mujer. También aclaró que ella no consumió el guiso porque antes había comido un sándwich de picadillo, pero además recordó que le dolía la cabeza. Así, la nuera de la acusada pasó de ser una simple testigo a una sospechosa. Rivadeneira no fue la única que la acusó, sino también su cuñada María Herrera. Por ese motivo, el tribunal, integrado por Elena Grellet, José Alfredo Garzia y Diego Vital Graneros, ordenó realizar sendos careos.

“Nunca pensé que me hicieras esto, siempre te consideré como a una hija”, remató la acusada, en referencia al crimen. La nuera respondió que nunca fue infiel ya que siempre que salía, lo hacía con las hijas, y que tampoco había discutido con su suegro. “No mientas: sos vos la que hizo esta desgracia”, le retrucó Carabajal en un cruce en el que no faltaron los gritos y las recriminaciones. En el duelo declarativo entre cuñadas, no surgió nada importante para hacer estallar el halo de misterio que rodeaba al expediente.

Y ese misterio creció aún más cuando en medio de una de las audiencias surgió otro dato. Una testigo aportó indicios en contra de la nueva sospechosa. La mujer explicó que en el pueblo se comentaba que Carabajal le había pedido a un pariente que le consiguiera parathion para que matara a un perro que le estaba generando problemas en su casa. Esa versión, según la testigo, habría quedado plasmada en una carta que supuestamente le dejó el hombre a su hija antes de quitarse la vida por la culpa que sintió al haberle facilitado la sustancia tóxica.

Los jueces ordenaron a la Policía que buscaran la misiva y a la hija del pariente de la mencionada en el debate. El documento escrito nunca apareció, pero la mujer sí se presentó a declarar. Graciela Juárez, pariente de la nueva sospechosa señaló: “Mi padre murió en un accidente; no se suicidó. Lo atropelló un camión, no se tiró debajo de las ruedas del vehículo”. También indicó que no sabía nada de esa supuesta carta. “Jamás me enteré de algo así”, indicó.

José Herrera, hijo de la víctima y esposo de Carabajal, realizó una firme defensa de su cónyuge en su declaración. “En los 11 años que llevamos juntos nunca nadie me dijo nada sobre ella. No me era infiel. Si mi papá hubiera sabido algo, me lo habría dicho”, sostuvo. Agregó que Rosa nunca tenía acceso a la cocina de su suegra, y que el día de la tragedia no cocinó porque tenía previsto ir a la casa de sus padres. También señaló que su hija Tamara tampoco fue a almorzar con su abuela, como solía hacerlo, porque estaba mal de la garganta y sólo había comido un yogur.

El final

Después de varias audiencias, que se vieron demoradas por la búsqueda de pruebas, el 13 de noviembre de 2007, llegaron las horas de los alegatos. El fiscal Astorga pidió que se absolviera a Rivadeneira por falta de pruebas y que se iniciara una investigación en contra de Carabajal como la posible autora del cuádruple homicidio. Los defensores Raquel Ferreyra Asís y Sergio Faid adhirieron al plantel del representante del MPF, enumeraron cada una de las evidencias absolutorias que tenía a su favor y lamentaron que no se haya profundizado la pesquisa para determinar quién había arrebatado la vida de cuatro personas. Los jueces absolvieron por el beneficio de la duda a la acusada y ordenaron abrir una causa en contra de su nuera.

Doña “Pocha” escuchó en silencio el fallo, como si no estuviera al tanto de todo lo que estaba ocurriendo en la sala de audiencia del Centro Judicial Concepción. Sus familiares lloraban de la emoción, pero al mismo tiempo, buscaban no contagiar la alegría a la mujer. En prisión sufrió un preinfarto y estuvo un mes internada en la terapia intensiva del Centro de Salud. Lograron compensarla y los médicos se sorprendieron al observar la evolución de la mujer. Muchos dijeron que no quería irse de este mundo sin que se supiera la verdad y hubiera justicia para su esposo y para los tres “angelitos”, como ella los llamaba.

“Me siento feliz porque voy a volver a mi casita, a ver a mis hijos y nietos que me están esperando. Estaré con ellos y después tengo que hacer los trámites para recibir la pensión por mi esposo”, dijo Rivadeneira después de haber salido caminando de tribunales. “Tiene que haber un culpable de esto. No puede ser que mi marido y mis nietitos estén ahora bajo tierra y no aparezca el autor”, sostuvo.

Se mostró cauta al ser consultada sobre quién consideraba que había sido la persona que envenenó a sus parientes. “Eso tendrán que verlo los investigadores” dijo. “Pocha” dijo que los meses que estuvo detenida se la pasó pensando en lo que les ocurrió a su esposo y tres nietos. “Siempre confié en la Justicia. Mientras estaba detenida no entendía nada porque soy enferma e incapaz de hacer lo que pasó”, dijo.

Carabajal, que no estuvo en el momento de la sentencia, se mostró indignada por el fallo. Al día siguiente de haberse dictado la sentencia, fue entrevistada por el periodista de LA GACETA Rodolfo Casen. “Para mí no está bien. Ella fue la única que estuvo en la casa. No entiendo por qué está libre, si ella cocinó el guiso”, insistió una y otra vez. La joven recibió al cronista de nuestro diario en su casa, que estaba ubicada al frente de la vivienda donde se produjo el cuádruple crimen. La sospechosa dio señales de que aún seguía vinculada sentimentalmente con el hijo de la mujer que estuvo 20 meses detenida por el hecho. “El viene siempre a estar conmigo. No puedo quedarme en la casa de su familia, porque como usted ve ellos me acusan de eso y es imposible quedarme para seguir escuchando acusaciones”, concluyó.

El final de este caso es tan doloroso como llamativo. Rivadeneira no pudo disfrutar mucho de su casa y de su familia. Tampoco llegó a concluir los trámites para cobrar la pensión de su marido. Su corazón se paró para siempre cuando apenas había cumplido un año de absuelta. Tampoco pudo hacer realidad su sueño de que se hiciera justicia por todos los que perdieron la vida ese fatídico día. Carabajal, según se comenta en Río Seco, se marchó sin que nadie le impidiera hacerlo porque nunca se formalizó una acusación en su contra. No se sabe qué fue de esa causa, si se tramitó o no. Sí estaba claro que sería muy difícil encontrar pruebas en su contra porque ya había pasado mucho tiempo y siempre se había apostado a una sola línea de investigación. El 7 de enero pasado se cumplieron 15 años de ese hecho que hasta ahora nunca tuvo un culpable. La impunidad cubrió con su manto las cuatro muertes.

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