BUENOS AIRES.- Días más, días menos, a mediados de diciembre habrán pasado 1.000 jornadas desde la declaración del default y a Néstor Kirchner le quedarán otros 1.000 días de mandato.
En ese momento, la Argentina ya tendrá sobre la mesa el voto de los bonistas sobre el canje de la deuda; habrá avanzado algo más en la renegociación de los contratos con las empresas de servicios públicos y definido las compensaciones bancarias. Percibirá entonces cuál es la disposición del FMI, para seguir con el acuerdo, a partir de enero.
Un nuevo tiempo
En la Casa Rosada creen que esa será una excelente bisagra para comenzar un nuevo período gubernamental, con otros objetivos de largo plazo que sirvan para consolidar el andamiaje de poder que edificó el Presidente de la Nación hasta el momento, pero que opere menos sobre la coyuntura.
"Sería como pasar de un período político-social a otro más económico-social, pero sostenido en el tiempo", dicen muy cerca de Kirchner y añaden que, en ese aspecto, la prédica de Roberto Lavagna ha sido escuchada. La balanza de los 1.000 días contiene dos platillos de cierto peso, que se quiere comenzar a mezclar, alcanzando cierto equilibrio que no es "el ideal", justifican, pero que se considera apto para arrancar de una vez.
Objetivamente, está más que claro que el fiel de la báscula no está todavía en el medio, pero en el Gobierno se ufanan en que uno de ellos (el positivo) fue comenzado a llenar por esta gestión y que el otro (el negativo) perdió peso durante su transcurso. Y también aseguran con cierto voluntarismo que quieren comenzar a pensar sobre lo que vendrá y "no ponerse a llorar sobre la leche derramada".
Los dos platos fuertes
En el primer plato están alineados una decena de indicadores económicos de corto plazo que a la fecha lucen bastante robustos: recaudación récord, superávit fiscal, equilibrio cambiario, estabilidad de precios, balanza comercial excedentaria, crecimiento sostenido, reservas suficientes, demanda de dinero aún en auge, etcétera. En el otro, se mezclan la indigencia, la pobreza, el alto desempleo y la inseguridad personal, con las dificultades para trazar un plan educativo de inserción de millones de marginados, más la insuficiencia de crédito e inversiones, el peso de los impuestos distorsivos, una buena dosis de inseguridad jurídica y hasta un gran desapego social por las reglas estables, que en conjunto generan un magro nivel de competitividad y la ausencia de recambio dirigencial, de procedimientos y de estructuras que, a la manera europea, desemboquen en políticas de Estado.
Igualmente, desde Balcarce 50 se asegura que no se hará explícita la decisión de cambiar el horizonte para no generar expectativas, porque lo que va a ocurrir -dicen- es parte de un proceso natural al cual es muy afecto el Presidente: construir y soldar, antes de sumar un nuevo piso al edificio.Mientras tanto, la cuestión que más desvela al Gobierno para llegar al crucial mes de diciembre son los últimos bordados de la reestructuración de la deuda. Estimulados por el fallo que benefició a la provincia de Mendoza en Nueva York, que -si se confirma- parecería diluir algunas acciones legales que podrían tomar los perjudicados sobre los títulos nacionales, el próximo paso de las autoridades económicas se dará durante este fin de semana en Frankfurt, en la Reunión Anual de los países del G-20. Allí, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, y el vicepresidente del Banco Central, Miguel Pesce, intentarán tomar contacto con los representantes de los países más duros con la Argentina, en reuniones de carácter netamente político que, todo indica, no superarán el protocolo, pero que serán muy importantes para ambas partes, en misión de semblantear al contrincante.
Los más duros
Este grupo de países (Japón e Italia, sobre todo, y Alemania, en menor medida) o bien tienen ahorristas defaulteados dentro de sus fronteras o bien no dejan de recibir presión de parte de empresas que operan los servicios públicos en la Argentina (Francia, España y el Reino Unido). Por una cosa u otra, algunos de ellos serían capaces de estropear el acuerdo con el Fondo Monetario y este escenario echaría por tierra con los planes de cambio de ritmo que elucubra el Gobierno.
No obstante, las concesiones hechas a las AFJP -explicadas hasta el cansancio por los funcionarios, en relación con que las administradoras habían sido compulsivamente forzadas y que por eso resultan un caso aparte- y las que eventualmente podrían obtener bancos, compañías de seguros y Fondos Comunes de Inversión seguramente merecerán un sondeo de los países más interesados en conocer si aparecerán de aquí en más nuevas flexibilizaciones.
El mismo discurso
Desde la Casa de Gobierno se sigue asegurando: "el Presidente ya ha dicho que aquí estamos parados y que no habrá cambios", pero los mercados están operando como si algo nuevo pudiere ocurrir, no sólo con los bonos en default, que se cotizan a precios que parecen aguardar un descuento menor a la propuesta del Gobierno, sino por el extenso lote de títulos en regla, que no dejaron de subir durante el último mes, algunos como el Bogar, 12%.Para los analistas fue muy importante el reconocimiento total que las autoridades hicieron del CER a las Letes en pesos, en poder de las AFJP, desde el momento de su vencimiento original (mayo de 2002) hasta la emisión, en setiembre de este año, del bono que las reemplazará. "Es como haber avalado los intereses desde la declaración del default para todos los tenedores, sin importar el porcentaje de aceptación previsto por Lavagna", se ilusionó un avezado operador.
Este punto no es menor, porque en la misma situación están hoy otros títulos nominados originalmente en pesos, como los PRO1, PRO 5 y PRO9, todos ellos con fuertes subas durante la semana, inmersos en la misma especulación.
Las mismas expectativas se trasladaron a las acciones, donde, pese a la volatilidad, la tendencia de fondo sigue siendo positiva, al menos hasta fin de año. En este rubro juegan los mismos elementos de cierta seguridad en cuanto a la finalización exitosa del canje y, además, una corriente de fondos de cortísimo plazo que comenzó a comprar papeles privados de países emergentes, sobre todo en Nueva York, con rebote inmediato en las cotizaciones del índice Merval. (DyN)







