La contienda de 2005 agita al peronismo

En el partido gobernante se discuten distintos proyectos, que representan intereses en conflicto.

17 Octubre 2004
Por Carlos Abrehu

El peronismo es un hervidero. Como partido que ocupa un lugar central en el sistema político, vive la cercanía del año electoral 2005 en una atmósfera de creciente dinamismo. El protagonismo que siempre tuvo el gobernador de turno de ese signo ganó en intensidad con un político arrollador como José Alperovich. Ultimamente, las cosas le salen bien al gobernador que llegó del radicalismo. La imagen que lo mostró, por todo el país, al lado de Néstor Kirchner y del ministro de Salud, Ginés González García, en la Casa Rosada, traduce en parte esa sensación de fortaleza política. Haber sido reconocida nacionalmente la administración alperovichista por el empeño que ha puesto en combatir la mortalidad infantil es un punto a favor de su jefe. En ese ámbito no sobresalió precisamente la anterior gestión peronista.
La calidad institucional no va pareja en el gobierno de Alperovich, como se patentizó con el escándalo causado por la propuesta de nombramiento de 14 letrados para jueces de distinto rango. El descabezamiento del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) no sirvió para mejorar el sistema de provisión de jueces como sugería el discurso oficial. Por el contrario, confirmó los temores de las instituciones que se oponían a la supresión del filtro institucional que regía desde 1991, entre ellas el Colegio de Abogados. La férrea defensa que el gobernador hizo de la lista revela que no existe voluntad de rectificaciones parciales ni de revisión de los nombres cuestionados por razones diversas.
El fantasma del ejercicio discrecional del poder se transformó en operatividad pura. Los escarceos por esos asuntos institucionales no se instalaron en la agenda de debate interno del PJ.

Enfoques contrapuestos
Alperovich ha polarizado al mundo peronista. Las franjas refractarias a la Casa de Gobierno no formaron un frente único, sino que muestran dos referencias diferenciadas. En ese sentido la dispersión ayuda al oficialismo a consolidarse en los espacios institucionales del aparato partidario.A nadie sorprendió que el vicegobernador Fernando Juri confluyera con el senador Julio Miranda en la celebración anticipada del Día de la Lealtad. En el forcejeo con Alperovich, Juri necesita mantenerse cerca del ex gobernador, por razones de equilibrio político interno. La decisión de excluir a los leales al Poder Ejecutivo de ese acto obedeció al propósito de demarcar el territorio propio. Los mirandistas se sentían eufóricos con la demostración de fuerza que, desde luego, relativizan las otras corrientes peronistas.
El sentimiento hostil al gobernador campeó por la carpa. Miranda se hizo cargo de ese estado de ánimo y reconoció errores políticos, por los que pidió perdón. "Ser peronista es ser leal y agradecido", remarcó el senador. Sus allegados entendieron que dentro de esa descripción no encajaba el actual huésped de Fidel Castro. "El PJ no es una ficha de afiliación ", sentenció el vicegobernador. Implícitamente aludía a la reciente invasión de funcionarios al partido y al reclamo de suspensión de la cláusula que exige una antigüedad de dos años para postularse a cargos electivos en 2005. La pelea política está trabada, pese al lenguaje moderado que emplearon los principales oradores.
Desde las filas mirandistas se cree que está cerrada una etapa de la relación con Alperovich. Ahora viene la fase de la negociación por la lista de candidatos a diputados nacionales en 2005 o el choque con la Casa de Gobierno si se mantiene intransigente en sus planes. Esperan que hasta entonces, el ex presidente Eduardo Duhalde baje a la arena política para disputarle la hegemonía del peronismo a Kirchner.
Con el gobernador en Cuba, el ala peronista que comparte su proyecto político acepta el reto de la polarización con el dueto Miranda-Juri, al que califica de alianza precaria gestada por el temor a lo nuevo, que es Alperovich. Acusan a los ideólogos de la carpa mirandista de estar imbuidos de menemismo, al haber preferido un sitio cerrado -el club Banco Provincia- a la plaza Independencia, espacio público que el PJ reivindicó como tradicionalmente propio. Les enrostran, además, de proceder por reacción ante la ofensiva oficialista.
Los congresales adictos al gobernador se preparan para marcar el rumbo a los legisladores y al propio consejo partidario regenteado por Miranda. El mandato por la sanción de la nueva ley de reforma constitucional está entre las iniciativas que aguardan el momento propicio para ser planteadas.Frente a esas posiciones polarizadas emergió el Movimiento Peronista (MP), cuya cabeza más notoria es el ex vicegobernador Julio Díaz Lozano. Sus integrantes prefirieron un esquema abierto, con la flexibilidad política suficiente como para agrupar a elementos disidentes con el gobernador y el senador, que no desean romper su pertenencia al partido. "Alperovich y Miranda representan la vieja política, que arrastra al PJ al infortunio", expresa un documento del sector. Este programó un nuevo congreso para el 17 de noviembre. En el mirandismo precisan que el MP se equivoca al hostigar simultáneamente a Miranda y a Alperovich. Las divergencias del pasado no se eclipsaron para nada.

El último contragolpe
Las diferencias políticas internas en el peronismo se transfirieron a la esfera institucional. Juri enredó al gobernador con la derogación de la Ley de Lemas. El vicegobernador predica que la elección de convencionales constituyentes se haga con un nuevo régimen de sublemas más estricto que el conocido. Admitió, además, que esa salida podría conducir a un pleito en la Justicia. Ocurre que la Constitución de 1990 manda a elegir los delegados reformadores por el mismo sistema que los legisladores en 2003, lo cual fácticamente es imposible porque la norma que rigió entonces está liquidada. Suponían algunos que Alperovich debía haber vetado la ley antilemas hasta que la ciudadanía hubiera electo los convencionales constituyentes, pero no quiso pagar el costo político de un acto impopular.
La lógica del conflicto conduce inexorablemente al empantanamiento judicial del proyecto reformista de la Carta Magna del 90, si no se producen cambios drásticos de las reglas de juego.
Los radicales apuestan a los cambios constitucionales, pero parece que no quieren forzar el ritmo de las definiciones. Si el PJ no les garantiza por ley que la nueva Constitución será aprobada por los dos tercios de la Convención Reformadora, congelarán su determinación final.

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