BUENOS AIRES.- La propuesta de Ricardo Lorenzutti como nuevo ministro de la Corte Suprema aparece políticamente como una culminación de testimonios de que el máximo tribunal de la justicia nacional se está conformando con una independencia del poder político que no tenía desde hace muchos años. La elección del reconocido jurista ha seguido a fallos que pueden complicar políticas gubernamentales y que en ningún caso eran esperados. Se trata de los que modifican indemnizaciones por despidos y de accidentes de trabajo, que obligarán a reformar legislaciones, y del que asigna una compensación por exilio forzoso bajo persecución durante la dictadura, que puede abrir una cadena multimillonaria de reclamos al Estado. La Corte ha venido creciendo gradualmente en su independencia desde que se extinguió la mayoría automática, pero no solo eso, sino que algunos de sus fallos han asumido un rasgo progresista o modernizador al que los observadores especializados no estaban acostumbrados. Lorenzutti enfrentará ahora una fuerte exposición pública antes de llegar al Senado para que le preste acuerdo, pero nadie duda que finalmente se sentará en la Corte, mientras no es fácil señalar en él una orientación crítica como las que suscitaron polémicas por recientes antecesores.
El brazo sindical
Si bien el Presidente se cuida para no aparecer demasiado solidario con la dócil CGT tripartita, los integrantes de la cúpula sindical han demostrado que cuentan con un certificado político de alto valor que les asegura la histórica condición de brazo gremial del peronismo. Al menos, así se ha demostrado al asumir la central obrera con personería monopólica el derecho a organizar el acto partidario del 17 de Octubre, algo que no ocurría desde hace muchos años, en los tiempos de Perón e Isabelita, pues durante los 90 menemistas se le negó esa posibilidad porque -como dijo Carlos Menem entonces- la CGT "es de todos los trabajadores y nuestras celebraciones corresponden en todo caso a las 62 Organizaciones". Kirchner no puede enfrentar al partido abriendo el sistema de personería única, pero no deja de cuidar el hecho de que buena parte de sus seguidores transversalitas anida en la CTA de Víctor De Gennaro y reclaman periódicamente la calidad representativa que la CGT legal monopoliza.
Los buenos vientos que preceden a la renegociación de la deuda no han sido suficientes para impedir las preocupaciones que está causando en la cartera económica la severa queja de la Unión Europea por el marco regulatorio de las empresas de servicios, proyectado por el ministro Julio De Vido y remitido al Congreso con respaldo presidencial. Lo más inquietante es la presión ejercida por el gobierno socialista español, al que se observa aquí como amigo del kirchnerista, después de la mejor compañía del conservador José María Aznar. Los colores políticos poco tienen que ver para los europeos con los intereses de sus empresarios, como hace años pudo advertir Raúl Alfonsín en sus giras por el viejo mundo entre los amigos socialistas. (De nuestra Sucursal)







