Jaldo y Manzur; ¿sueño o realidad? - LA GACETA Tucumán

Jaldo y Manzur; ¿sueño o realidad?

Mientras se acercan los comicios generales, las preguntas, las dudas y los pedidos de explicaciones dan vuelta por los mismos lares. Ni los propios actores logran acomodar el brusco cambio que implicó la partida de Manzur.

10 Oct 2021 Por Federico Diego van Mameren
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Cuando el siglo XVI empezaba a despedirse para siempre, William Shakespeare creó una de sus obras más famosas: “Sueño de una noche de verano”. Se trata de una comedia satírica donde conviven el mundo mágico de las hadas y el mundo de los humanos.  Al final los seres humanos se convencen de que los extraños eventos que habían sucedido la noche anterior debían haber sido sólo un sueño.

Usted, toda razón, se debe estar preguntando cuál es la analogía con la política tucumana de estos días. Un mes atrás, Jaldo y Manzur pasaban sus días -y sus noches- duramente enfrentados y ambos se disponían a dejar todo en el campo de batalla con tal de salir airosos.

Manzur llegó al Dia D -la jornada de las PASO- visiblemente nervioso y preocupado. Sus coroneles le habían prometido que con el aparato del Poder Ejecutivo a su favor, resultaría una tarea simple aplastar al vicegobernador y dejarlo en el fondo de la lista, en una relación de 3 a 1 e incluso de 4 a 1.

Jaldo, en la vereda del frente, había levantado la bandera blanca, cediendo a un arreglo decoroso en el caso de que la actual diputada Gladys Medina pudiere ocupar un lugar salible en la lista de diputados. Al no conseguirlo, se lanzó al combate a matar o morir, consciente de que para seguir existiendo debía, al menos, vender cara su derrota.

Un mágico duende se divirtió invirtiendo los roles de ganador a perdedor a posteriori de los comicios y hoy los personajes se palpan para saber si están soñando como aquellos personajes griegos de la obra del genial autor inglés o si están viviendo la realidad.

Los caprichos del azar y de la ambición mutaron bruscamente el escenario.

Divertido

No deja de ser divertido imaginar a Jaldo en la soledad del despacho del primer piso de 25 de Mayo y San Martín, acariciando el sillón de Lucas Córdoba en el que se terminó sentando antes de lo que se imaginaba. 2023, que parecía alejarse cada vez más, de nuevo se asoma al alcance de la mano.

Pero el vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo (no deja de ser llamativo que ya la comunicación oficial hable de la“Gobernación Osvaldo Jaldo”, reemplazando con rapidez el nombre del licenciado Juan Manzur) es hombre pragmático, poco afecto a la fantasía, y examina todas las variantes que se le presentan ante sí.

Pareciera haberse convencido de que el “interinato” será largo. No cree en la hipótesis de Manzur pegando la vuelta el 14 de noviembre si los resultados electorales no fuesen muy auspiciosos. En todo caso, ello determinaría la viabilidad o no de una candidatura nacional del nuevo “Menemcito”, como denomina Jorge Asís al jefe de gabinete.

Por lo tanto, Jaldo se prepara para completar el mandato de Manzur. Debe entonces, en los próximos 12 meses, demostrar que él puede darle al Poder Ejecutivo una impronta de energía y concreciones de la que careció en el último sexenio. Las obras públicas de todo tipo, y en particular la construcción de viviendas, cambiarían radicalmente la perspectiva de cómo se ve al gobierno provincial.

Convencido

Manzur, por su parte, aprendió con especial rapidez una regla sagrada del peronismo: no hay líder posible que no controle su territorio. Por eso tiene la vista puesta en la retaguardia comarcana. Hombre pragmático, al fin, sabe íntimamente que su apuesta de pulverizar al tranqueño en las PASO no funcionó y que este, al resistir con el pecho hinchado las presiones nacionales por hacerlo pedir licencia a la vicegobernación, tiene más vigencia que nunca. Por ende, el único camino posible es la negociación.

Igualmente, Jaldo sabe que el poder político nacional, para ser más preciso, el gobierno de Fernández, está alineado con su rival de las PASO y, por lo tanto, no hay margen para hacerse el loco cortándose solo. No ignora, como todo político práctico y astuto, que en unos meses, si todo marcha sobre rieles su pelea con Manzur será solo anécdotas del pasado y que nadie hará esfuerzos para recordarlas.

Distendidos

Hay un pacto tácito entre ellos: dejar atrás el conflicto fraticida que los enfrentó. Distender el clima entre ellos es la prioridad de ambos. A Manzur, le servirá para mostrar que tiene controlado el territorio. Para Jaldo, es un requisito básico para poder gobernar sin sobresaltos en el período que se viene.

Hay un prefacio en esa relación cambiante que en los últimos años pasó del amor al odio con facilidad. Es el período que va de los días que corren hasta el 14 de noviembre.

Ansioso

Hasta entonces, el status quo no debe alterarse. No obstante, a Jaldo lo asaltan las ansías de hacer cambios en las áreas más críticas. Sabe que eso no es posible ni conveniente desde el punto de vista de su relación con Manzur.

Esa entonces, es la base del precario “pacto de unidad” que ambos sellaron. La visita del Presidente de la Nación para el lanzamiento de campaña, sin dudas, tendrá el sentido de avalar el acuerdo y ubicarse como garante de su cumplimiento.

Temeroso

¿Tiene algún temor Manzur de que el resultado de noviembre no sea el esperado luego de hacer la sumatoria aritmética de los votos de las dos listas que compitieron en las PASO? Es probable que así sea, pero si ello llegara a suceder difícilmente sea por defección de Jaldo para perjudicarlo, ya que él también saldría dañado.

Hay dos formas de leer el resultado de las PASO tucumanas: 1) Al igual que a nivel nacional, interpretando que el Frente de Todos provincial, con su 50% hizo la mejor elección nacional, catapultando al que se supone es su líder, el gobernador Manzur al pedestal de la Rosada. 2) También puede decirse que en realidad votó contra Manzur el 70% del electorado y que el 20% que obtuvo Jaldo bajo la consigna “frenemos a Manzur” tienen ese significado y por tanto no pueden computarse como votos seguros del oficialismo en la elección general, por más que Jaldo se esfuerce.

Sarcástico

Eso explica el evidente afán opositor por abalanzarse sobre los votos de Jaldo. Desde el sarcasmo del intendente Germán Alfaro (a la sazón el candidato de la oposición) preguntando qué  pasó con el que iba a frenar a Manzur, hasta la presencia de los nuevamente entusiastas dirigentes nacionales de Juntos por el Cambio. Primero, Alfonso Prat Gay (que ya empieza a tutearse con las calores de “la provincia del abuelo”) y, la de Horacio Rodríguez Larreta que mientras se acomoda la remera negra de candidato a Presidente utiliza diferentes distritos como laboratorio para su teoría de que tiene que meter en la bolsa a los políticos más disímiles para ganar.

En Tucumán, opositores y oficialistas vienen discutiendo desde hace tiempo el teorema que encadena los años electorales: aquel que dice que para triunfar se debe saber que no hay XXI sin XXIII. Eso quedará definitivamente dilucidado el 14 de noviembre, cuando además de festejar cumpleaños se abrirá el candado para diferentes proyectos de poder.

En la noche de ese 14 de noviembre sabremos si esta asociación de ganadores entre Manzur y Jaldo son el anuncio de tiempos felices para el oficialismo o si, por el contrario, todo termina siendo sólo el resultado de “El sueño de una noche de verano”.

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