Un edificio deshabitado en el lugar donde vivió Bernabé Aráoz - LA GACETA Tucumán

Un edificio deshabitado en el lugar donde vivió Bernabé Aráoz

Los descendientes lamentan que no se haya hecho un museo. La carta de despedida de la última persona que habitó el inmueble.

26 Sep 2021 Por Lucía Lozano
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SITIO DESCUIDADO. Soledad, Florencia y Federico sienten pena por lo que quedó en lugar de la casa Aráoz. la gaceta / foto de Analía Jaramillo

Hoy, vieja casa de los Aráoz y los Córdoba, te recorro solitaria y te miro por última vez.

Y te miro y siento ese dolor con que se abandona la casa donde se ha nacido, donde se ha amado, donde se ha sufrido y donde también hubiese querido llegar a morir.

Miro tus viejas partes cargadas de siglos de historia que hablan de glorias y de grandezas pasadas y también de dramáticos pesares.

Y me detengo en la sala, la histórica sala de Aráoz… Belgrano… La Madrid… los Congresales… y así desfila por mi mente toda la historia de Tucumán.

Y miro tus rejas, esas románticas ventanas, recubierta una de ellas por el jazmín, cantado por los poetas; ese jazmín que embelleció y alegró mi vida y que yo hubiese querido morir antes que él; pero el destino que da Dios a todas las cosas de este mundo y a cada criatura, quiso que fuese yo quién tuviera el dolor de verlo desaparecer a él, y ver el derrumbe de la vieja casa solariega cuna de mis antepasados y adorada por mí.

Muy pronto la piqueta demoledora de la llamada hoy civilización, no dejará ni vestigios de esta histórica casa.

Tal vez un historiador la recuerde algún día.

Yo hoy solo quiero grabarla para mí en mi mente, y en ese silencio en que se llora sin lágrimas, despedirme de ella.

Adiós vieja casa de los Aráoz y los Córdoba, para ti en esta última mirada va mi eterno recuerdo y mi eterno dolor. Adiós!

Esta es la carta de despedida que escribió María Teresa Córdoba Aráoz de Montilla, la última en habitar la casa donde vivió Bernabé Araoz, quien fue su tatarabuelo. Cuentan los choznos y bischoznos del héroe tucumano, que la familia intentó por todos los medios que el Gobierno provincial o el municipal se hicieran cargo de la propiedad para que no sea demolida. Sin embargo, los esfuerzos fueron en vano. Tras la misiva, escrita un 18 de marzo de 1969, fue demolida la casa del primer gobernador de Tucumán, ubicada en calle Congreso primera cuadra.

“Es una pena que no se haya conservado la vivienda, un síntoma más de que Tucumán, por razones históricas y económicas, no tiene amor por las tradiciones ni por su patrimonio”, consideró María Florencia Aráoz, que es chozna de Bernabé y atesora cientos de recuerdos del prócer.

La historiadora guarda recortes familiares, fotos históricas y sobre todo muchas anécdotas de esta casa en la que vivió una de las figuras decisivas en la lucha por la independencia del país.

Visitas turísticas

“Durante años, cuando la gente venía a visitar la Casa histórica, solía llegar hasta la vivienda de Bernabé Aráoz. Formaba parte del circuito. Los turistas golpeaban las manos y tenían la suerte de que alguien les abriera las puertas y así podían recorrerla”, señala Federico García Hamilton, quien lamenta que no se haya conservado el inmueble. “Se podría haber hecho un museo”, señala. Bernabé era bisabuelo de su bisabuelo José Ignacio Aráoz.

Soledad Aráoz, también descendiente del prócer tucumano, no llegó a conocer la casa. Sin embargo, son tantos los relatos que tiene de ese inmueble que a ella le parece haberla recorrido más de una vez.

De las anécdotas que le contaron se destaca el comedor de la casa, donde estaba la mesa que Bernabé prestó para la Jura de la Independencia y que luego fue donada al Congreso de la Nación. En ese mismo espacio hubo importantes reuniones entre los patriotas que luchaban por un país libre.

En la familia también circulaba la versión de que en un viejo ropero se guardó durante años la chaqueta ensangrentada que había usado Bernabé cuando perdió la vida.

Lamento

“Realmente es una pena que se hayan perdido todas estas cosas. Es una cuadra histórica. En el patio de la casa había un antiquísimo jazminero, macetones y una reja colonial”, describe la arquitecta.

Los tres descendientes miran con pena lo que ha quedado en lugar de la casa de los Aráoz: un edificio de cuatro pisos totalmente abandonado, con una playa de estacionamiento que ya no puede usarse. El frente está cubierto por carteles que contienen imágenes y una pequeña síntesis de la vida de Bernabé Aráoz. Sin embargo, no es fácil apreciar los datos históricos a causa del vandalismo y de la fila de motos que la gente estaciona en esa parte de la peatonal, sin importantes que está prohibido hacerlo.

A pocos metros de la Casa Histórica, en esa cuadra hay edificios históricos que sí fueron conservados: la casa-museo Nicolás Avellaneda y la Sociedad Sarmiento, por ejemplo. El destino de la casona de los Aráoz fue distinto, símbolo de desidia y desinterés por su historia.

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