Roca, ese controvertido tucumano que fue dos veces presidente - LA GACETA Tucumán

Roca, ese controvertido tucumano que fue dos veces presidente

En Bahía Blanca quisieron cambiarle el nombre al parque “Campaña del Desierto” a través de una consulta popular y los ciudadanos propusieron que llevara el nombre del estadista. Reflexiones de la investigadora María Celia Bravo sobre ese momento de la historia argentina.

01 Ago 2021 Por Roberto Espinosa
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COMPROVINCIANO ILUSTRE. Julio Roca es una de las figuras polémicas de la historia nacional.

Tucumano polémico si los hay, en los últimos lustros, su figura entró súbitamente en un eclipse de desprestigio en un nuevo intento de revisar la historia argentina. El mote de exterminador de los pueblos originarios que acompañó al dos veces presidente de los argentinos durante el siglo XX hasta la actualidad, fue el desencadenante para que calles y avenidas dejaran de llevar su nombre o muchas de sus estatuas fueran retiradas de los paseos públicos. El 17 de julio se cumplieron 178 años del nacimiento Julio Argentino Roca, nacido en San Miguel de Tucumán y fallecido en Buenos Aires el 19 de octubre de 1914.

Hace unos días, el Concejo Deliberante de la ciudad de Bahía Blanca impulsó un sondeo entre los ciudadanos con la intención de cambiarle el nombre al parque “Campaña del Desierto” por uno que no aludiera a “hechos violentos”. Se habían propuesto designaciones tales como Barranca de los Loros, Manuel Belgrano, René Favaloro, El Chañar, César Milstein, Roca Genocida, Tierra Nativa, Mirador, La Cantera y parque de la Luna, entre otros. Inesperadamente, 2.200 vecinos, en amplia mayoría, votaron que el paseo público fuera bautizado como Julio Argentino Roca. La Municipalidad decidió suspender la votación y le pidió al Concejo que tratara nuevamente la iniciativa. La Campaña del Desierto sigue despertando controversias.

“Depende mucho del tema que se enfatice porque como vos decís, es un tema polémico y multidimensional porque significó la ocupación del suelo por parte del Estado Argentino, que el Estado se conforme con sus verdaderos límites, que la Constitución Nacional del año 53 termine con las fronteras interiores que aparecían así en un artículo. Si vos enfatizás eso, tiene un sentido la ocupación del suelo. En cambio, si mirás el tema social y la situación de los indígenas que ahora tiene mucha vigencia porque es una cuestión actualizada por la Constitución del 94 y que tiene un sentido claramente social y étnico de poblaciones que han sido permanentemente relegadas, ahí tiene otro sentido y esta mirada de Roca genocida, que también tiene que verse en el contexto de la época, era una época y no solo la de Roca, que se instala posteriormente a él”, sostiene la doctora María Celia Bravo, profesora titular de Historia Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT e investigadora independiente del Conicet.

La especialista señala que había caciques indígenas que eran llevados a los museos y eran mirados como piezas de museo. “Realmente se hizo estragos con la población indígena, desde una mirada del hombre blanco que veía a esos pueblos como formaciones de razas inferiores porque también la antropología y la ciencia tenían esa mirada respecto de las poblaciones indígenas. Eso tiene un sentido en una época determinada con una ciencia absolutamente europea y colonial. Pero como ahora se están revisando, por suerte, todos esos postulados, vos podés entender esa crítica desde el punto de vista social y étnico que se le hace a la Campaña del Desierto, que forma parte también de un sentido civilizatorio. Depende como lo mires al tema”, reflexiona.

- Por otro lado, se considera a Roca el impulsor de la Argentina moderna…

- De alguna manera, termina con conflictos endémicos de la Argentina, por ejemplo, un tema central que es la cuestión de la capital; capitaliza la ciudad de Buenos Aires después de la última gran guerra civil argentina. Buenos Aires no acepta la candidatura de Roca, se levanta contra esa candidatura y esa elección que expresaba la cuestión nacional se transforma en una guerra civil. Es un caso interesante ver cómo una campaña electoral desencadena una guerra civil que termina resolviéndola Roca y finalmente federalizando la ciudad de Buenos Aires. Fue terminar un ciclo histórico de un proceso de constitución del Estado, fue el Estado nacional subordinando a una provincia muy díscola como era la de Buenos Aires, que no quería compartir la ciudad, que lo miraba al presidente como un huésped del Ejecutivo. De ahí las famosas palabras de Avellaneda de que no hay nada superior al Estado Nacional, cosa que ahora también se pone en entredicho: ¿viste que la ciudad de Buenos Aires se autodenomina CABA, como si fuera una ciudad autónoma? De hecho eso, no está permitido en la Constitución. Pero esos son procesos políticos que tienen otro sentido, que le otorgan mucha más complejidad al proceso político argentino, en realidad.

- La figura del tucumano es controvertida, se lo asocia generalmente a la Campaña del Desierto, pero no a su labor de estadista.

- Es controvertida, como lo dijiste, pero tiene varios méritos, uno es terminar la formación orgánica del Estado argentino, le permite al país a su vez un desarrollo agroexportador importante porque consolida la formación del Estado nacional. Eso forma parte del papel de Roca y de esa generación. Pero por otro lado, también está esa mirada frente al indígena que hoy, hay que explicarla y enseñarla, que forma parte de una cultura de una época, de una clase social que va a controlar el Estado, pero también forma parte de un clima político y científico de la Argentina del siglo 19 y de la ciencia europea finisecular que tenía una característica de una impronta del hombre blanco, muy colonial, la superioridad de las naciones europeas, el eurocentrismo, todo eso implicaba la mirada sobre el indígena.

- En los últimos tiempos, una postura revisionista trata juzgar el pasado parado en el presente.

- Lamentablemente eso forma parte de la lucha política. Fijate cómo permanentemente los políticos apelan al pasado, a veces sin rigor científico para justificar intereses o miradas sobre el presente, pero eso ocurrió siempre. Lo que pasa ahora eso se nota con mayor claridad porque tiene más prensa por parte del periodismo y de los diarios, pero sabés que eso forma parte de la dinámica de la política, más que de la dinámica de la historia, que tiene un proceso mucho más lento, probablemente más imparcial. Es más compleja la elaboración histórica, y está el papel del Estado sobre qué se enseña, qué es lo que se enfatiza de un determinado período. Creo que, ahora, darles un lugar especial a todas las demandas de los pueblos indígenas es una deuda de la sociedad argentina, pero eso no quiere decir que tampoco se vean otras aristas de ese problema.

 - Poco se dice que la Campaña del Desierto es iniciada por Rosas en la década de 1830.

- Yo no sé si Roca fue especialmente un genocida, compararlo con la dictadura del 76, oscurece más que aclara el problema. La Campaña del Desierto empieza desde siempre con esta famosa historia de las fronteras interiores; la empieza Rosas, pero pacta mucho con la población indígena que también interviene en batallas centrales como las de Cepeda, Pavón, tenían un diálogo permanente con las sociedades indígenas. Y después se pactaba. Había ofensivas como la famosa Zanja de Alsina, que implicaba poner un límite entre la sociedad criolla y el mundo indígena y se vuelve a repetir esa impronta europea. Y el que sí critica esa zanja que era una mirada defensiva del Estado y no ofensiva, es Roca que propone un plan ofensivo sobre el mundo indígena para ocupar esos territorios.

- Es tan fácil caer en los maniqueísmos en este y en tantos otros asuntos...

- Maniqueísmos o extrapolar, que se usa mucho, no sé quién decía cuando se puso de moda la historia, que Beruti era un piquetero en la Revolución de Mayo, todas esas macanas que empezaron a salir o Macri diciendo que Belgrano es un emprendedor, una palabra que hubiera sorprendido al mismo Belgrano, una cosa muy loca. Ahí tenés la utilización de la historia por parte de la política, que es recurrente. Hay que poner las dos miradas en perspectiva. Roca, genocida, me parece una mirada muy extrema y asociarlo al 76, es confundir la historia, el proceso, me parece que la gente necesita una mirada más reflexiva. La historia no condena, intenta explicar la complejidad de un proceso en su momento, de ver las falencias, las debilidades y entender por qué la gente actuó como actuó. Hay que reconocer que se hicieron muchas cosas y en parte con un sentido civilizatorio.

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