17 Junio 2002 Seguir en 
Casi un viaje al pasado. Las góndolas de los supermercados y de los almacenes de barrio volvieron a asemejarse a los del resto de América Latina, y a diferenciarse de los del Primer Mundo. En los estantes se destacan marcas, líneas de productos, envases y presentaciones que se veían en las décadas del 70 y del 80, pero que habían desaparecido con la llegada de la paridad 1 a 1, entre el peso y el dólar."Los hábitos de consumo cambiaron; ahora vendemos productos sueltos y reaparecieron algunas marcas de segunda línea, más económicas", confesó Guillermo Saccomani, titular de la Cámara de Supermercadistas de Tucumán. "Es evidente el retroceso; volvieron las botellas de vidrio para las gaseosas y hasta aparecieron las antiguas damajuanas de vino de 5 litros", añadió.
Una encuesta de Gallup Argentina reveló que el 85% de la gente sondeada sustituyó algún producto por otro más barato y el 84% reemplazó su marca habitual de algún producto por otra más económica. En tanto, el 60% cambió su lugar de compra en busca de mercaderías menos costosas.
Durante un recorrido de LA GACETA por distintas góndolas y comercios chicos, se observó el relanzamiento de jabones en polvo para la ropa de marcas más económicas y en envases de 400 gramos. "Ahora llevo este jabón porque es más barato", dijo la docente Angela, en un pasillo del súper. En otro centro de compras, los artículos de limpieza como el detergente, la lavandina, el desodorante para pisos y el suavizante para la ropa se venden fraccionados. Sólo hay que llevar el recipiente, para abaratar los costos.
Otro dato llamativo fue la aparición del papel vegetal para envolver la manteca. Si bien las marcas líderes conservan sus envoltorios en papel aluminio (importado), otras empresas nacionales optaron por volver al papel manteca, que es más barato. La leche y los yogures poco a poco van dejando el envase tetrabrik para volver a los tradicionales sachets.
También disminuyó la venta de aprestos para la ropa y de las comidas preparadas congeladas. Los precios quedaron tan alejados del bolsillo del consumidor que su reposición es más distanciada.
Fraccionados
En los almacenes y semillerías, la venta de productos fraccionados resurgió con fuerza. Los clientes compran suelto el azúcar, la harina, la yerba, los porotos, las especias y hasta la comida para perros y gatos. Y se envuelve en papel porque las bolsas de plástico prácticamente desaparecieron o se cobran a $0,10. "Prefiero comprar en el almacén del barrio sólo la cantidad que necesito; además, allí me fían por unos días", se sinceró Máxima, ama de casa, del barrio Capitán Giachino.En los quioscos aparecieron viejas marcas de cigarrillos que estaban en desuso -como los Richmond, de Nobleza Piccardo, que cuesta $1 el paquete-. Las marcas líderes tienen precios que oscilan entre $1,50 y $1,80. "De a poco se va vendiendo", comentó Jorge, dueño de un maxiquiosco de Muñecas al 300. La venta de galletitas también cayó estrepitosamente ante el alza de precios que sufrió como consecuencia de la suba de la harina. "En casa buscamos el mejor precio; además el abuso de algunos comercios indigna. Tuvimos que abandonar las marcas de primera línea por el momento", confesó Sara, que trabaja como contadora.
Una encuesta de Gallup Argentina reveló que el 85% de la gente sondeada sustituyó algún producto por otro más barato y el 84% reemplazó su marca habitual de algún producto por otra más económica. En tanto, el 60% cambió su lugar de compra en busca de mercaderías menos costosas.
Durante un recorrido de LA GACETA por distintas góndolas y comercios chicos, se observó el relanzamiento de jabones en polvo para la ropa de marcas más económicas y en envases de 400 gramos. "Ahora llevo este jabón porque es más barato", dijo la docente Angela, en un pasillo del súper. En otro centro de compras, los artículos de limpieza como el detergente, la lavandina, el desodorante para pisos y el suavizante para la ropa se venden fraccionados. Sólo hay que llevar el recipiente, para abaratar los costos.
Otro dato llamativo fue la aparición del papel vegetal para envolver la manteca. Si bien las marcas líderes conservan sus envoltorios en papel aluminio (importado), otras empresas nacionales optaron por volver al papel manteca, que es más barato. La leche y los yogures poco a poco van dejando el envase tetrabrik para volver a los tradicionales sachets.
También disminuyó la venta de aprestos para la ropa y de las comidas preparadas congeladas. Los precios quedaron tan alejados del bolsillo del consumidor que su reposición es más distanciada.
Fraccionados
En los almacenes y semillerías, la venta de productos fraccionados resurgió con fuerza. Los clientes compran suelto el azúcar, la harina, la yerba, los porotos, las especias y hasta la comida para perros y gatos. Y se envuelve en papel porque las bolsas de plástico prácticamente desaparecieron o se cobran a $0,10. "Prefiero comprar en el almacén del barrio sólo la cantidad que necesito; además, allí me fían por unos días", se sinceró Máxima, ama de casa, del barrio Capitán Giachino.En los quioscos aparecieron viejas marcas de cigarrillos que estaban en desuso -como los Richmond, de Nobleza Piccardo, que cuesta $1 el paquete-. Las marcas líderes tienen precios que oscilan entre $1,50 y $1,80. "De a poco se va vendiendo", comentó Jorge, dueño de un maxiquiosco de Muñecas al 300. La venta de galletitas también cayó estrepitosamente ante el alza de precios que sufrió como consecuencia de la suba de la harina. "En casa buscamos el mejor precio; además el abuso de algunos comercios indigna. Tuvimos que abandonar las marcas de primera línea por el momento", confesó Sara, que trabaja como contadora.







