Hacen falta líderes honestos, confiables y eficientes

La empresa necesita personas que promuevan la cultura del esfuerzo, de la responsabilidad y de la solidaridad.

16 Junio 2002
Por Teresa Checa de Brahim. Psicóloga laboral-consultora
En el mundo entero, se están produciendo cambios políticos, sociales y económicos. No son cambios superficiales sino estructurales, profundos, además de necesarios, inevitables e incuestionables. También implican nuevos paradigmas o modos de pensar y de comportarse para todos los integrantes de la sociedad: dirigentes empresariales, institucionales, políticos y ciudadanos. Es fundamental una nueva cultura basada en valores como la confianza, la ética, la solidaridad, el trabajo en equipo, el esfuerzo, el servicio, la responsabilidad y la integridad.
Se está construyendo una nueva sociedad, más madura, compuesta por ciudadanos cada vez más críticos, pensantes, más informados, con una mayor conciencia (social, moral, de sus derechos y de sus responsabilidades), con un mayor protagonismo, más exigentes de la calidad de los dirigentes y de toda la comunidad en general. Rescatar y compartir valores es importante para construir una nación, ya que condicionan una saludable convivencia que asegura el bien común y el desarrollo económico de una sociedad.
Es indudable que la riqueza de los países no depende de sus recursos naturales sino de la calidad de sus ciudadanos y dirigentes.
El cambio ya está instalado. Lo que hay que saber es cómo adaptarse, acompañarlo y liderarlo de la mejor manera posible, en beneficio de todos.

Abusos o distorsiones
Los países y las empresas demandan nuevos líderes para dirigir sus proyectos. La Argentina padece un serio bloqueo del poder, como lo sostienen algunos pensadores. Si bien el poder constituye un elemento necesario para el progreso de los pueblos y de las instituciones es del que más se desconfía por los abusos o distorsiones que los hombres provocaron con él.
Muchas personas tienen una idea limitada de lo que significa ser líderes. Piensan sólo en términos de títulos o de jerarquías: presidente, gerente general, director, etcétera. Hoy los rótulos o la antigüedad no bastan para inspirar autoridad. La clave pasa por ayudar a la gente a hacer aquello de lo que es capaz. Líder es quien dirige con eficacia.
Se hace necesario un liderazgo de transformación. Ello no implica que los lideres deben promover el cambio por el cambio mismo. Este debe ser una respuesta adecuada a un mundo que está mudando deprisa y de un modo cada vez más vertiginoso. Urgen dirigentes que se encuentren a la altura de los tiempos y de las circunstancias. He ahí la importancia de revisar el concepto de autoridad del pasado, ya que cada vez se está haciendo más ineficaz dirigir burocrática y autoritariamente.

Rasgos necesarios
Podemos caracterizar a los líderes por estos rasgos de personalidad:
* Desbordan impulso y energía. Son tenaces y activos en la persecución de sus metas; sinceros y motivados.
* Quieren dirigir. Son generosos por naturaleza: están dispuestos a servir a sus subordinados.
* A veces, son carismáticos (aunque este no es un rasgo imprescindible).
* Son honestos y confiables, Saben tratar a la gente. Enseñan con el ejemplo. Constituyen la conciencia de la institución. Nos sólo se puede confiar en ellos, sino que ellos confían en la gente.
* Tienen gran confianza en ellos mismos. Esto les permite no sólo asumir responsabilidades y promover la confianza en otros sino afrontar con ecuanimidad situaciones estresantes.
* Son tenaces para enfrentarse a obstáculos.
* Tienen iniciativa. Adoptan decisiones y articularn acciones que conducen al cambio productivo, en lugar de permanecer ociosos o de esperar que el destino resuelva los problemas.
* No concentran la atención en su propio prestigio o beneficio. No tratan de dominar ni manipular a sus seguidores ni de formar subordinados sumisos.
* Utilizan el poder no para beneficio personal, sino como modo de alcanzar una meta o una visión común.

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