El crecimiento económico es imposible sin ahorro nacional

Se debe emprender una fenomenal reforma financiera en el país. Mucho dinero argentino está depositado en el exterior. (Por Hugo Ferullo).

16 Junio 2002
La función principal del dinero en las economías modernas, basadas principalmente en el intercambio, es análoga a la función del combustible en la marcha de los automóviles: así como el combustible mueve las ruedas del auto, es el dinero lo que permite que los intercambios se agilicen y la producción no se detenga. El dinero resulta harto útil también cuando queremos reservar recursos actuales para utilizarlos en el futuro, puesto que es mucho más sencillo ahorrar dinero que guardar bienes. En este caso, como está en juego el futuro, que nunca es totalmente conocido, aparece un elemento de riesgo.
Cuando una economía funciona sin grandes riesgos asociados al futuro cercano, el dinero necesario para transacciones fluye con normalidad, y el ahorro de la gente se destina, con la intermediación del sistema financiero, a los créditos que las empresas y las familias toman para financiar sus gastos de inversión. Pero cuando lo que cunde es una total incertidumbre con respecto al futuro inmediato de la situación política y económica, buena parte del dinero comienza a ser atesorado por los sujetos económicos, cuya conducta se acerca más a la del avaro que a la de un sujeto económico "tipo" viviendo en una economía de intercambio.
En un escenario de gran incertidumbre, sólo el dinero líquido parece brindar una sensación de cierta seguridad. Y como la incertidumbre se asocia de manera directa al sistema financiero, el dinero atesorado no forma parte del ahorro nacional, que en tiempos normales sirve como instrumento básico para la financiación de las inversiones productivas. Ante la incertidumbre generalizada, para atesorar el dinero aparecen distintas versiones de lo que pueda servir como "caja de seguridad". El momento actual de nuestra economía nacional muestra un enorme caudal de ahorros argentinos colocados en el exterior del país, y un monto también enormemente significativo atesorado en cajas de seguridad alquiladas en bancos o fabricadas de manera casera. Mientras tanto, la generación de ahorro genuino es cercana a cero, por lo que el flujo actual de inversiones productivas es mínimo.
En este escenario, el crecimiento económico resulta poco menos que imposible, puesto que un sinnúmero de intercambios potenciales se encuentran frenados, como se frena la rueda del automóvil cuando el combustible se acaba. Y cambiar este estado de cosas requiere emprender una fenomenal reforma financiera, capaz de disipar la tremenda incertidumbre que reina hoy en ese sector clave de nuestra economía. Y nuestro pasado inmediato muestra claramente que la mera irrupción en nuestro mercado financiero de filiales de grandes bancos internacionales resulta, en el mejor de los casos, insuficiente.

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