16 Junio 2002 Seguir en 
Meses atrás, los enfurecidos porteños se quedaron sin electricidad. A cada rato, la empresa Edesur anticipaba por los medios que "en poco tiempo" iba a ser solucionado el apagón que oscureció a la Capital Federal. Sin embargo, varios barrios siguieron en tinieblas durante muchos días y la frustración popular alcanzó niveles de histeria.
Prometer, no cumplir y fastidiar así a la gente es lo que se conoce como "efecto Edesur". Es el drama de los políticos, que no se percataron de que el país está en caída vertical. La confusión del duhaldismo se reproduce en Tucumán: diagnósticos equivocados, carencia de planes, preocupación sólo por la situación del Estado y desinterés por lo que le ocurre en el sector privado. Detrás de ese desconcierto se oculta, como una bomba de tiempo, la tensión social.
Pueden aliviar las tensiones los anuncios sobre alternativas de solución para la masacre provocada por los Bocade en los presupuestos familiares y en las empresas (el desagio es del 18%), si no se repite el "efecto Edesur".
Al Gobierno le advirtieron, durante meses, lo que iba a ocurrir en Tucumán si sobreimprimía bonos (hubo hasta "mellizos"), pero siempre descalificó con desprecio los consejos.
La crisis amainará con la inyección de fondos frescos a la Operatoria FET y, sobre todo, si sacan de circulación una buena cantidad de bonos, con o sin ayuda externa. Un informe que manejan los bancos plantea que sobran $ 100 millones (hay $ 168 millones). La política de represión en materia de tasas de canje, como ocurre siempre con los controles, sólo sirvió para crear un mercado negro y agravar la escasez de efectivo.
Esa no es la única dificultad para la economía tucumana. Contra lo que se proclamaba con euforia, la devaluación tiene resultados negativos en lo financiero y lo operativo en la mayoría de las firmas de esta provincia. Alentó una enorme distorsión en los precios, alteró las ecuaciones de costos (casi todo se mide en dólares) y todavía no impulsó las exportaciones.
Jaqueado por la superproducción, la carencia de créditos y las trabas en los herméticos mercados del primer mundo, el sector citrícola es uno de los afectados por la improvisación gubernamental. Los limones, que aparecían como una vedette con gran dinamismo, no logran la rentabilidad que deseaban todos.
Los ingenios y los cañeros no están mejor. Sin financiamiento accesible para vender en 12 meses lo que producen en cuatro, los azucareros se enfrentan con el temido infierno derivado de los precios bajos y la saturación de mercados sobreofertados.
En medio de la recesión, para los empresarios es difícil tomar decisiones. Los negocios han cambiado y ahora no es sencillo encontrar actividades que sean rentables, dentro de un clima de desconfianza y poco interés en invertir, hasta que la Argentina vuelva a ser un país razonable y funcione como lo hacen las naciones serias.
Reestructuración
En pocos meses, todo varió. Para una buena parte de las actividades económicas, vienen otros negocios, más pequeños y totalmente diferentes a los anteriores. Salvo los productores de granos, exportadores, las casas de cambio o algún otro nicho, todos replantean inversiones, reestructuran empresas y ajustan los costos. Los mercados se han transformado y se vive en una economía de supervivencia.Los empresarios creen que van a salir adelante sólo si renace la confianza en los planes del Gobierno, de cuyo liderazgo se desconfía, con reglas de juego claras y respeto a los contratos y a la seguridad jurídica.
En la crisis, cuanto más se achique la actividad privada, más grande, costoso e ineficiente parecerá el sector público.
Prometer, no cumplir y fastidiar así a la gente es lo que se conoce como "efecto Edesur". Es el drama de los políticos, que no se percataron de que el país está en caída vertical. La confusión del duhaldismo se reproduce en Tucumán: diagnósticos equivocados, carencia de planes, preocupación sólo por la situación del Estado y desinterés por lo que le ocurre en el sector privado. Detrás de ese desconcierto se oculta, como una bomba de tiempo, la tensión social.
Pueden aliviar las tensiones los anuncios sobre alternativas de solución para la masacre provocada por los Bocade en los presupuestos familiares y en las empresas (el desagio es del 18%), si no se repite el "efecto Edesur".
Al Gobierno le advirtieron, durante meses, lo que iba a ocurrir en Tucumán si sobreimprimía bonos (hubo hasta "mellizos"), pero siempre descalificó con desprecio los consejos.
La crisis amainará con la inyección de fondos frescos a la Operatoria FET y, sobre todo, si sacan de circulación una buena cantidad de bonos, con o sin ayuda externa. Un informe que manejan los bancos plantea que sobran $ 100 millones (hay $ 168 millones). La política de represión en materia de tasas de canje, como ocurre siempre con los controles, sólo sirvió para crear un mercado negro y agravar la escasez de efectivo.
Esa no es la única dificultad para la economía tucumana. Contra lo que se proclamaba con euforia, la devaluación tiene resultados negativos en lo financiero y lo operativo en la mayoría de las firmas de esta provincia. Alentó una enorme distorsión en los precios, alteró las ecuaciones de costos (casi todo se mide en dólares) y todavía no impulsó las exportaciones.
Jaqueado por la superproducción, la carencia de créditos y las trabas en los herméticos mercados del primer mundo, el sector citrícola es uno de los afectados por la improvisación gubernamental. Los limones, que aparecían como una vedette con gran dinamismo, no logran la rentabilidad que deseaban todos.
Los ingenios y los cañeros no están mejor. Sin financiamiento accesible para vender en 12 meses lo que producen en cuatro, los azucareros se enfrentan con el temido infierno derivado de los precios bajos y la saturación de mercados sobreofertados.
En medio de la recesión, para los empresarios es difícil tomar decisiones. Los negocios han cambiado y ahora no es sencillo encontrar actividades que sean rentables, dentro de un clima de desconfianza y poco interés en invertir, hasta que la Argentina vuelva a ser un país razonable y funcione como lo hacen las naciones serias.
Reestructuración
En pocos meses, todo varió. Para una buena parte de las actividades económicas, vienen otros negocios, más pequeños y totalmente diferentes a los anteriores. Salvo los productores de granos, exportadores, las casas de cambio o algún otro nicho, todos replantean inversiones, reestructuran empresas y ajustan los costos. Los mercados se han transformado y se vive en una economía de supervivencia.Los empresarios creen que van a salir adelante sólo si renace la confianza en los planes del Gobierno, de cuyo liderazgo se desconfía, con reglas de juego claras y respeto a los contratos y a la seguridad jurídica.
En la crisis, cuanto más se achique la actividad privada, más grande, costoso e ineficiente parecerá el sector público.







