Cómo dar nueva vida a los objetos rotos - LA GACETA Tucumán

Cómo dar nueva vida a los objetos rotos

Debido a la pandemia, a la crisis económica y al aumento de precios, ahora pensamos dos veces antes de descartar las cosas que se nos echaron a perder. Los reparadores nunca tuvieron tanto trabajo. Aquí lo cuentan.

16 Abr 2021 Por Lucía Lozano
4

Lo nuevo siempre es más lindo. Así nos educaron. Cuando algo se nos rompe, a veces ni siquiera consultamos cuánto puede costarnos la reparación. Simplemente, tenemos la excusa perfecta para ir a comprarnos un objeto “último modelo”.  Sobre todo si de tecnología hablamos.

La pandemia por covid-19, sin embargo, nos vino a patear el tablero. Nos arrancó de un tirón la vieja frase “escoba nueva barre bien”. Por la crisis económica, por el encierro y por los aumentos de precios de las cosas a estrenar, los remiendos y las reparaciones se volvieron más visibles y más necesarios.

Los reparadores nunca tuvieron tanto trabajo como ahora. Hubo varias cuestiones que los favorecieron, según cuentan.  Con más tiempo en la casa,  las cosas se rompieron más de la cuenta. Además, las personas se dedicaron a ordenar y encontraron muchos objetos en desuso. Y a ellos le dieron la tarea de resucitarlos.

Técnicos en PC, reparadores de electrodomésticos, celulares y juguetes, mecánicos que recuperan bicis y modistas encabezan la lista de los más buscados. También están los que se dedican a rehabilitar instrumentos musicales. Además, resurgieron otros oficios que antes habían sido indispensables, pero que estaban en vías de extinción. Hay restauradores de libros, expertos en arreglar pelotas y hasta hojalateros. Aquí un repaso por sus talleres.

PC, electrodomésticos y juguetes

¿Qué es eso papá?, le preguntó el pequeño Martín de cuatro años a Luciano Belmonte. Se refería a un viejo CPU de grandes dimensiones que había desempolvado de la baulera. Sin muchas esperanzas, lo llevó al taller de reparación. “Varias veces estuve a punto de darle a los carros que pasan por casa. Me daba pena. Cuando empezaron las clases virtuales y el teletrabajo, no nos alcanzaba con una sola notebook para todo, así que me acordé y la busqué. Por suerte, la arreglaron y la actualizaron un poco. También tenía guardada la pantalla y el teclado. Solo tuve que comprar un mouse”, cuenta.

Historias como las de Luciano escucha casi a diario, desde el año pasado, José María Mussatti, dueño de un local donde se reparan equipos electrónicos. “Arreglar viejas computadoras se volvió algo cotidiano en esta pandemia y con la llegada de la educación virtual. La mayoría de los que vienen traen equipos que muchas veces habían pensado en tirar”, detalla el técnico.

También le han llevado más electrodomésticos que nunca. Cosas que, en otro momento, la gente hubiera descartado. “Estos objetos subieron mucho de precio, ya no son tan accesibles como antes, ni siquiera en cuotas. Además, se nota menos variedad en el mercado.  La gente lo piensa bien, averigua cuánto sale el arreglo y cuánto cuesta nuevo, y pone todo en la balanza. Creo que hoy está valorizando más reparar y conservar lo que tiene”, detalla.

Mussatti ha recibido la visita de varios “arrepentidos”: personas que habían dejado hace tiempo sus aparatos en el taller, pero que nunca lo fueron a buscar. “Por suerte no tiro nada. Aparecieron preguntando si aún estaba el objeto y cuánto les saldría el arreglo ahora”, detalla.
De todos los interesados en reparar artefactos, Mussatti recuerda a una mujer que llegó con una bolsa llena de juguetes electrónicos para bebé (un pianito, un autito a pilas, entre otros) y le pidió que se los arregle. “En un momento de la cuarentena, noté que para mucha gente su única salida era ir a los talleres de refacción”, cuenta.

Teléfonos: imposible no estar conectados

Pasamos de descartar el teléfono ante una pequeña rotura a repararlo por todo. Eso es lo que vieron los técnicos de celulares en los últimos meses. Con los precios por las nubes, a la mayoría de las personas le resulta difícil poder renovar su móvil como lo hacía antes de la pandemia.

“Celulares, tablet y PC se convirtieron en artículos de primera necesidad por la actividad educativa, trabajo remoto, medios de pagos y cobros, y también como medio para vincularnos con nuestros seres queridos en plena pandemia, para saber cómo están. La gente tuvo que arreglar y poner a punto incluso los dispositivos que estaban olvidados. Esto también se debió a la escasez de nuevos aparatos y sus altos costos.  Al estar en casa, también se rompieron más accesorios, cables, cargadores, etcétera”, contó Javier Rodríguez . 

“Cuando estaba restringida la movilidad, los talleres barriales fueron los más beneficiados. Aunque también padecimos la falta de stock y la suba de precio de los insumos”, precisó.

Ropa: menos gastos y más zurcidos

Salir menos de casa y la caída del poder adquisitivo fueron los grandes motores para el resurgir de modistas y zapateros. En el último año tuvieron muchísimo trabajo. Zurcir prendas rotas fue su principal tarea, aunque también hubo quienes les encargaron un diseño a medida.

Hace unos años los arreglos eran sólo de ropa nueva. Ahora, la mayoría de la ropa que reparan es vieja, lo cual refleja que hay una tendencia de aprovechar de las prendas al máximo, según cuentan. También les piden modernizar alguna pieza que se usó hace unos años.

“Al comienzo de la cuarentena, como estaban cerrados los negocios y la gente no quería salir, muchos se vieron forzados a poner la mirada sobre las prendas que tenían en la casa. Me traían al taller bolsas llenas de ropa para arreglar. Aparte, la mayoría de las personas vieron afectadas sus salarios y reciclar es una manera de evitar gastos. Sin contar que la ropa nueva está carísima”, explica Jenifer Romano, que tiene su taller de costura en Cevil Redondo. Se considera una defensora del reciclado de prendas y cree que, en ese sentido, la pandemia marcará un antes y un después.

Micaela Guevara, quien hace dos años lanzó su propia marca de ropa, se vio muy afectada porque la gente en plena cuarentena prácticamente dejó de adquirir prendas nuevas. 

 Además, no hubo fiestas de egresados, ni casamientos “Tuve que reinventarme, dedicarme a confeccionar barbijos, a dictar cursos on line y a atender la demanda de arreglos de ropa porque la gente ahora tiene otras prioridades”, contó.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios