Territorio y contención, la otra pulseada

El escenario político se modificó hace un mes, y Manzur y Jaldo comenzaron a desplegar sus estrategias en este divorcio sin reconciliación.

Miguel Acevedo. Miguel Acevedo.
Martín Soto
Por Martín Soto 07 Abril 2021

Pasó más de un mes desde la última vez que se vieron las caras el gobernador Juan Manzur y el vicegobernador Osvaldo Jaldo. Fue el lunes 1 de marzo en la Legislatura, en la apertura de sesiones ordinarias. Incluso se llegó a planificar un gran asado en la casa de los Assan unos días después. Pero en cuestión de horas todo cambió: la terna para la Defensoría del Pueblo fisuró la confianza del matrimonio político, que se divorció en malos términos con la consagración de Eduardo Cobos como ombudsman. Ese resultado 27 a 11 fue el detonante que transformó el escenario e inició -prematuramente- la carrera a 2023. Pasaron de socios a casi enemigos.

El cisma dio paso a otra pulseada: la partidaria. Ambos comenzaron a acercar hacia su lado del tablero las fichas desplegadas por la provincia, e incluso se quitaron algunas contadas como propias. Intendentes, legisladores, concejales y comisionados rurales se vistieron de manzuristas o jaldistas por convicción, por conveniencia, y hasta se habla de que hubo propuestas “sin margen para un no”. Tanto Manzur como Jaldo quieren saber con qué armas cuentan para cuando haya que negociar o medir fuerzas.

Apenas ocurrido el quiebre y para no mostrarse debilitado, el gobernador jugó sus cartas más fuertes: las de la Casa Rosada. Desfilaron por Tucumán funcionarios de la confianza del presidente Alberto Fernández mientras el vice era internado por covid-19. El mandatario aprovechó para sumergirse en el terreno que mejor le va a su ex socio: el interior. De la mano del ministro Miguel Acevedo rechazó las medias tintas, agrandó los cimientos de Lealtad Peronista, sumó legisladores y puso especial fuego en la zona este, donde están los dos intendentes jaldistas: Darío Monteros (Banda del Río Salí) y Aldo Salomón (Alderetes). El primero logró resistir los embates, pero el segundo perdió la conducción del Concejo y resultó malherido.

El titular de la Cámara, en tanto, contuvo a 20 legisladores y se mostró dialoguista con la oposición parlamentaria. Tras el alta, recibió a concejales afines de casi todo el interior. Apenas pudo se fue a Concepción y se entregó a dirigentes que reclamaban un líder peronista. Y allí evidenció sus aspiraciones de fortalecer la pata más floja de su base: la de Buenos Aires. Hoy partirá hacia allá en busca de aliarse con el kirchenismo. Los límites del mapa político pueden volver a cambiar.

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