
El 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas para iniciar la recuperación del territorio ocupado por Gran Bretaña desde 1833. Para honrar la memoria de los fallecidos y de los excombatientes, se estableció esa fecha como el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. La contienda, finalizada con la rendición argentina el 14 de junio, se llevó la vida de 649 hombres, hoy recordados como héroes. Pero 39 años después, el fenómeno de “desmalvinización” iniciado en la posguerra todavía sigue presente.
¿Qué es la desmalvinización? Es un concepto creado por el politólogo y sociólogo francés Alain Rouquié sobre el relato creado acerca de lo acontecido en Malvinas, reduciendo, por ejemplo, a los exsoldados a víctimas o “chicos de la guerra”. Así lo explica la licenciada en Historia y Magister en Relaciones Internacionales Patricia Kreibohm: “La guerra, durante mucho tiempo, ha significado lo que hoy en día llaman la grieta dentro del país. Había quienes la destacaban, más allá de la cuestión de los militares, como un esfuerzo, una conquista, una gesta patria. Para otros era más bien ‘nos olvidemos de todo’. Esto se llamó a partir de los 80 la desmalvinización, es decir, el hecho de que, como había sido una derrota además vergonzante, la mayoría de la población prefería no pensar en el conflicto; eso no solamente significaba no reflexionar sobre lo sucedido, sino ni siquiera considerar el esfuerzo que habían hecho los miles de compatriotas que habían estado combatiendo ahí”.
La especialista considera importante reconocer las “proezas” hechas por los combatientes con recursos limitados y pese a la desorganización que reinaba. “Han logrado hundir barcos, causar pérdidas importantes a los británicos, desgastarlos durante mucho tiempo. Incluso los combates en la isla han sido feroces. Eso de ninguna manera se puede dejar de valorar”, enfatiza. Por supuesto que a la vista está que las nuevas generaciones no tienen el mismo interés o la misma información sobre lo acontecido en el archipiélago. “La educación en la Argentina es todo un tema. Estamos peor que hace 20 o 30 años. Como parte de este fenómeno, lo que observo es que el tema de la enseñanza de la historia ha caído de manera vertiginosa en los programas y en las curriculas, tanto del nivel universitario como en el secundario. Cada vez los chicos estudian menos historia. Con la historia argentina es peor, porque como muchos de los temas pueden ser polémicos o tienen una influencia ideológica que genera debate o incomodidad, hay docentes que prefieren cortar en la década del 70”, reflexiona la docente universitaria.
De hecho, Kreibohm considera que la educación, en lo que respecta a Malvinas, ha ido decayendo debido a la inexistencia de políticas de Estado. “No hay claridad sobre lo que es importante para la Argentina. ¿Sería política de Estado reclamar siempre por Malvinas? Si nos importa el tema, eduquemos sobre las islas, recordemos a esos héroes. Porque eso, por supuesto, tiene algún impacto, aunque sea mínimo, en la conciencia de las personas”, reafirma.
Malvinizar educando
Ramon Alberto Barrera tenía 18 años en 1982. Integraba la Concertación TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur) en la segunda línea de batalla. Cree que es necesario que la gente joven se interese más en Malvinas. “Se debería hacer un proyecto y malvinizar toda la primaria y una buena parte de la secundaria, pero nada se ha hecho”, se lamenta.
A casi 40 años del conflicto bélico, afirma con convencimiento: “sabemos que todas estas guerras son nefastas porque no llevan a nada y únicamente deterioran la personalidad de cada soldado”. Considera que en cuanto a la enseñanza, la cuestión humana de los veteranos pasó a un cuarto intermedio. Y lo mismo respecto a sus vidas por el abandono estatal: “hoy ya se hubieran tenido que conseguir muchas cosas, por ejemplo un boleto estudiantil para nuestros hijos y que sea gratuito, como ocurre en Gran Bretaña. Yo he arengado mucho para que los veteranos de la guerra tengan un hospital para diabéticos, porque la mayoría está muriendo de esa enfermedad, les cortan las piernas y sufren muchos problemas. Muchos soldados están con problemas de hipoacusia, algunos han perdido un oído, otros los dos y están abandonados”, agrega.
Asegura que la sociedad no entiende lo que es ser veterano de la guerra y por eso quienes volvieron de las islas no están bien posicionados. “Veo que la sociedad no te da bolilla, y que pasan estos 40 años y pronto va a ser olvidado por todos”, subraya.
Barrera sueña con que las generaciones nuevas se interioricen en la guerra de Malvinas. “Primero, soñaría que no vuelva a haber más guerras, y luego que la juventud se asesore en qué es un conflicto de esta naturaleza”, añade. Con esta educación -afirma- podrán aprender a tener principios, a valorar a sus padres y a quererse entre hermanos. También sueña con que todos los jóvenes que se movilizaron antes del 2 de abril de 1982, que son de su camada, empiecen a cobrar su pensión.
Su misión durante las acciones bélicas fue navegar en el cabo San Antonio y custodiar las bases en el territorio de Río Grande. “La historia no cuenta que la verdadera guerra de Malvinas empezó allí”, asevera. “Tengo varios camaradas que han subido al buque y por cuestiones de tiempo no han podido llegar a Malvinas. Mi sueño es que cobren su pensión, han estado en guerra aunque nunca hayan pisado las islas”, concluye.
(Producción periodística: Nicolás Sánchez Picón)







