Confianza perdida: el quiebre entre Manzur y Jaldo

Confianza perdida: el quiebre entre Manzur y Jaldo

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Pronto se cumplirá un mes de la última ocasión en que Juan Manzur y Osvaldo Jaldo cruzaron palabras. En este tiempo, el gobernador envió los mensajes suficientes como para dejar en claro que ya no confía en su vicegobernador. Lo considera más opositor que a cualquier otro rival. ¿Hasta dónde llegará la guerra entre el “Uno” y el “Dos”? El futuro es incierto, y sin embargo está a la vista que sólo un severo llamado de atención desde el Gobierno nacional puede poner en pausa el conflicto. Aún así, ni la voz del mismísimo Juan Domingo Perón sería suficiente para devolverle la unidad al PJ tucumano.

No transcurrieron ni tres semanas desde la sesión de la Legislatura en la que, bajo la excusa de la designación del Defensor del Pueblo, estalló el conflicto en el partido gobernante. Pero tanto Manzur como Jaldo evidenciaron las magulladuras propias de un encontronazo entre dos generales poderosos. Y la dirigencia justicialista ya percibió el aroma de las primeras gotas de sangre que cayeron sobre el campo de batalla.

El jefe del Poder Ejecutivo quedó debilitado luego de los 27 votos contra 11 que consagraron nuevo ombudsman al jaldista Eduardo Cobos, quien desplazó a Fernando Said Juri Debo –hombre de confianza del gobernador- al frente de la Defensoría. Y si bien en las últimas horas logró sumar algunos refuerzos, su nuevo bloque, “Lealtad Peronista”, quedó como segunda minoría en el cuerpo colegiado. Podrá conseguir aliados en las múltiples bancadas de la oposición para algunos temas concretos. En otros, sin embargo, le resultará más que complicado. ¿De dónde sacará apoyo legislativo para comprar aquel avión que quería sumar a la flota de la Provincia? ¿O para avanzar con el convenio para la ejecución de 3.600 viviendas sin licitación con fondos nacionales? ¿Y si llegara a ser necesario un ajuste en los tributos provinciales? Son algunos de los temas que por sí mismos significarían un límite para un eventual acompañamiento opositor.

El mandamás de la Legislatura también acusó recibo de los duros y diversos embates propinados por la Casa de Gobierno. Horas después de haber recibido el alta hospitalaria, Jaldo vio cómo uno de sus aliados estratégicos desde lo electoral, el intendente de Alderetes Aldo Salomón, perdía la conducción del Concejo Deliberante a manos del manzurismo. En paralelo, Daniel Deiana, una de las espadas del jaldismo en el recinto, se quedó en estos días –y luego de largos años- sin los códigos de descuento por planilla para la Mutualidad Provincial, gracias a un decreto del Ejecutivo que lo dejó al borde del colapso. Además, el vicegobernador sabe que el jefe municipal famaillense José Orellana no será el último de los peronistas en darle la espalda para mudarse a las huestes del flamante vicepresidente del PJ nacional.

Manzur y Jaldo comenzaron a darse muestra mutuamente de las armas con las que cuentan. Por supuesto, con dos años y medio por delante, ambos corren el riesgo de que el enfrentamiento los perjudique tanto en lo político como en lo institucional.

Legisladores del jaldismo afirmaron en público que una de sus metas es apartar en lo inmediato al manzurista Gerónimo Vargas Aignasse de la vicepresidencia primera de la Legislatura. Sin embargo, cuentan que esta movida no está en los planes inmediatos del vicegobernador. Sí les hará sentir a los miembros de la nueva bancada “Lealtad Peronista” quién maneja la Legislatura. Pero su idea sería bajar el tono de la disputa. De hecho, el intendente bandeño Darío Monteros, quizás el dirigente de mayor confianza de Jaldo, insistió a través de sus redes a favor de un alto el fuego para privilegiar la gestión, sobre todo ante asuntos urgentes como la crisis económica y la pandemia de coronavirus. Quizás los últimos contactos que tuvo con voceros del kirchnerismo tengan que ver con esta postura antibelicista del vicegobernador. Eso sí: coincide con la decisión del bloque jaldista de devolver a las comisiones y retirar del orden del día de la sesión de hoy el proyecto para exigir –otra vez- la prórroga de la Ley de Biocombustibles a las autoridades nacionales. Así, el debate de hoy será un termómetro de lo que vendrá en la relación entre Manzur y Jaldo.

¿Por qué se pelearon? Hay varias versiones y pocos testigos directos. Lo más probable es que haya varias razones. Pero el divorcio se venía gestando mucho antes de la elección del ombudsman. El runrún que más se repite reza que, antes de la sesión del quiebre oficialista, hubo un diálogo entre el “Uno” y el “Dos” que evidenció la mutua desconfianza. Según comentan las fuentes, el primero le habría planteado al segundo la idea de tratar un proyecto de ley para la convocatoria a una Constituyente. Algunos dicen que al presidente de la Legislatura no le gustó nada, y se lo hizo saber. Otros aseguran que el tranqueño, en cambio, propuso “mandar a medir” la cuestión con dos consultoras diferentes –una por cada lado- para conocer a ciencia cierta cómo caía entre la ciudadanía tocar el tema “re-re”, más teniendo en cuenta que se les estaría otorgando un caballito de batalla a alfaristas, radicales y bussistas de cara a 2023. El “Uno”, indica esta segunda versión, habría aceptado analizar la cuestión más adelante. Sea como sea, Manzur se dio días después con que el jaldismo no acataba su pedido de respetar la continuidad de Juri Debo como ombudsman y designaba a Cobos. Aunque ahora puedan aparecer gestos de concordia, la confianza entre ellos no volverá a ser la misma.

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