No vocalizó la palabra que más preocupa - LA GACETA Tucumán

No vocalizó la palabra que más preocupa

02 Mar 2021 Por Indalecio Francisco Sanchez
1

El gobernador dedicó gran parte de su discurso para destacar todo lo que se hizo para resaltar que el sistema sanitario tucumano no colapsó, pese a ser una de las provincias más densamente pobladas, y para enarbolar la bandera del éxito que tuvo en general su estrategia antivirus.

Minutos antes, el vicegobernador Osvaldo Jaldo pedía que se eche del Poder Ejecutivo a los funcionarios que se habrían vacunado por  un sistema distinto al cronograma oficial. Mientras estallaba el conflicto por el modo en que se fijaban  las prioridades sobre a quiénes vacunar primero, Manzur era inoculado con veneno elaborado en su propio “laboratorio”. Al menos  en el político.

El gobernador da por supuesto que su plan para luchar contra el bicho fue exitoso. Supongamos que es así, pese a los meses que quizás Tucumán podría haber zafado de estar aislado -porque aquí no había llegado el virus-, pese a que médicos y agentes sanitarios de toda la escala quedaron exhaustos (o literalmente perdieron la vida) y pese al enorme desorden social en torno a las medidas de cuarentena y aislamiento. Aún pidiendo un aplauso para el ex ministro de la Salud de la Nación, hay una pandemia que Manzur no puede controlar: la de la inseguridad. Tanto es así que hasta parece que al mandatario lo afecta una especie de fobia, de esas que paralizan y hasta impiden que se nombre el objeto que provoca ese miedo irracional. El gobernador no vocalizó la palabra que más preocupa a los tucumanos ni dijo qué hará con este “virus” letal. Incluso apenas utilizó ocho veces a su antónimo, la “seguridad”, para mencionar que incorporó unos  1.000 policías el año pasado, que este año sumará unos 700 más, que se trabaja en un plan de cercanía de la población para bajar los índices delictivos y para mencionar que “la cuestión de la violencia doméstica y de género” lo ocupó principalmente. Lo dijo días después de que el poder a su cargo dejara sin posibilidad de que se juzgue al juez Francisco Pisa, a quien se señala como inactivo ante denuncias que nadie oyó y que le costaron la vida a Paola Tacacho.

En definitiva, el discurso del gobernador fue poco inteligente, previsible, plagado de contradicciones y lleno de puntos abiertos para que sea blanco de ataques. Faltó autocrítica y primó la mirada positivista, en momentos en que la sociedad sufre por la pobreza, por la inflación, por la falta de empleo, por la corrupción y por la pandemia. La población necesita escuchar que hay un plan o una promesa de que se hará un mayor esfuerzo o al menos un pedido de disculpas. Las loas a sí mismo por lo presuntamente bien hecho para frenar el coronavirus impidieron que se oyera a un gobernador más cercano a la realidad y de cuya boca salieran a borbotones proyectos y obras. Fue un discurso “a lo Manzur: frío.

Comentarios