El “Homenaje al Sánguche de Milanesa” abrió el pase al arte contemporáneo hace 20 años - LA GACETA Tucumán

El “Homenaje al Sánguche de Milanesa” abrió el pase al arte contemporáneo hace 20 años

Desde el Barrio El Sifón surgió una poderosa obra que tuvo trascendencia internacional. La atracción de la crítica, de los docentes y de los artistas representó la consolidación de un proceso.

16 Dic 2020 Por Jorge Figueroa
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EN EL PARQUE. Sólo un día estuvo instalada y causó un gran suceso.

Cuando Sandro Pereira presentó el proyecto a la Fundación Antorchas en 1999, no se imaginó la trascendencia que iba a tener. La beca le permitió realizar la enorme escultura durante el año siguiente, teniendo como docente a Beto de Volder. Fueron meses para moldear la resina poliéster, porque la idea ya estaba formulada. Incluso su autor, Sandro Pereira, había conversado con el crítico de arte inglés Kevin Power que, entusiasmado, escribió textos para el catálogo y para publicaciones españolas.

Hace 20 años el “Homenaje al Sánguche de Milanesa” se ubicó en el Parque 9 de Julio, a metros de la Avenida de Los Próceres. Aunque la instalación sólo duró un día, el monumento comenzó a hacerse conocer rápidamente en el pequeño círculo de amigos y artistas de la provincia; será en la feria arteBA de 2001 cuando alcance fama nacional: fue adquirida por Juan Cambiasso por U$S10.000, un coleccionista importante que, además, integraba la dirección de la feria.

En los tiempos del 1 a 1, Chandon inauguraba el Barrio Joven y allí, en el Espacio Duplus, se exponía la obra de 2,10 metros de alto por 1,60 metro de ancho.

La situación que se vivió por esos días está relatada por la periodista especializada Mercedes Urquiza, en un retrato social que dice mucho: “Entre la sorna y la piedad, los murmullos de especialistas, aprendices de críticos e invitados de zona norte rodeaban al ‘gordo’ gigante… Pero todos los comentarios irónicos se evaporaron cuando Cambiasso compró al gracioso gordo. Desde ese momento, el casi ignoto artista tucumano, se transformó en el suceso de la feria”.

Igualmente, no faltaron los medios de comunicación que se burlaron de la escultura y del “muchachito de pueblo” al que tomaron como un objeto de curiosidad.

1- Sandro Pereira no fue un artista aislado. Pertenecía a una generación que linkeaba con el mismo Rodolfo Bulacio en los talleres de la Facultad de Artes de la UNT; con la formación del grupo El Ingenio, en el que numerosos artistas constituyeron una referencia en la que comenzaron a sumar la gestión a la producción, la fotografía hacía foco, se imponía el formato pequeño y cierto arte conceptual daba el tono a algunas experiencias. El pop vivía días felices; todos admiraban a Andy Warhol y Pereira llevaba tatuada la imagen de Marilyn Monroe en su espalda.

2.- Hay que pensar que el marco (contexto) se creó anteriormente: con la Fundación Antorchas, seminarios y clínicas de Trama. Por la Facultad de Artes se podían ver por esos días a un crítico inglés (Power) brindando clases o las performances del grupo Tenor Grasso; Jorge Gumier Maier, Pablo Siquier, De Volder y otros dirigiendo clínicas; jornadas de críticos de arte. La visita de coleccionistas (Gustavo Bruzzone y después Mauro Herlitzka) y la atención y colaboración de Carlos Casal. Este marco enmarca ese período, en el que la ebullición artística era cotidiana. A fines de los 90, espacios como Sonoridad Amarilla, Belleza y Felicidad, Duplus y otros tenían gran relación con los artistas tucumanos.

3.- Tampoco el “Homenaje al Sánguche de Milanesa” se erigía en soledad. Pablo Guiot había creado un autito en el que su imagen se repetía y podía activarse con el receptor. Los autorretratos se repetían en los objetos de Rolo Juárez; el grupo La Baulera creó la performance “Millones de argentinitos” con centenares de lápices, y los artistas de Viva Laura Pérez se instalaron con carteles “Hay lugar” en una playa de estacionamiento. Hay decenas de acciones que se podrían recordar a fines de los 90 y principios del milenio.

4.- Inauguración. Un sábado al mediodía, caluroso y húmedo, a 30 metros aproximadamente de la avenida, ubicado cerca de un árbol que diera sombra, se plantó la obra en el parque (un año después, en el lago del mismo parque, echó a andar un pato amarillo “Salvavidas”). “Con mi papá nos fuimos en un flete llevando la obra con el pedestal rumbo al parque 9 de Julio en la Avenida de los Próceres. Compré los sanguches en un local cercano de por ahí”, recuerda el artista en una entrevista con este columnista. Su madre no fue por cuestiones de salud, y su hermano lo hizo después de que salió del trabajo. No más de 50 personas se acercaron ese mediodía; Gumier Maier (curador del Centro Rojas de la UBA, el espacio referente de los 90 en todo el país) estaba presente, así como una decena de docentes de Artes.

5.- Si el “suceso” en arteBA comenzó un 24 de mayo, antes (y después) lo fue entre los críticos de arte. Además del ya nombrado Power, escribieron sobre esa obra Ana Martínez Quijano, Fabián Lebenglik, Carlota Beltrame, Marcos Figueroa, Santiago García Navarro, Eva Grinstein y quien suscribe estas líneas, entre otros. A un par de meses de arteBA, Pereira inauguró en Buenos Aires “Muchachito de pueblo”, en Espacio Duplus. Posteriormente se fue a vivir a la gran ciudad durante varios años.

6.- En la Avenida de los Próceres. En los últimos días, cuando hablé con el artista, me respondió que al monumento lo había ubicado allí porque se encontraba un conjunto escultórico y que conocía que se había impuesto durante la dictadura de Antonio Domingo Bussi. “Entre toda esa retórica de la epopeya, el artista colocó su ‘Homenaje al Sánguche de Milanesa’, como un acercamiento mucho más verdadero a la historia argentina de la vida cotidiana. Fuera del acartonamiento kitsch de la escultórica bussista, el Homenaje... de Pereira revela sensibilidad y humor” (Lebenglik, Página 12, junio de 2007). La Avenida de los Próceres tiene una historia de esculturas conmemorativas, de una fuerte carga ideológica, monumentos destinados a ornamentar los desfiles militares y sus “gestas” (fue inaugurada el 24 de septiembre de 1977 con el ministro del Interior de la Nación, Albano Harguindeguy). Pese a las órdenes del general, Oscar Nóbile fue el único escultor que le dijo no.

7.- En definitiva, el “Homenaje al Sánguche de Milanesa” puso en evidencia un proceso de relación y de reconocimiento del arte realizado en Tucumán con otros centros de producción, como Rosario y Buenos Aires y hasta con algunos europeos. De lejos, esa obra, como el conjunto, saca patente propia en el arte contemporáneo. El “suceso” integraba un fenómeno más extendido; pero su emergencia no dejó dudas. Desde mediados de los 90 los artistas tucumanos exhibieron parte de su producción en Rosario y en Buenos Aires; antes lo hacían, pero fueron episodios aislados. En ese tiempo se inició la visita de gestores, docentes, artistas y críticos de otras provincias. El gordo era todos los gordos y con ese sánguche servía como carta de presentación. Hace 20 años, pues, la producción artística tucumana marcó un tiempo.

Neopop

“Venía trabajando con una figura antropomórfica de la cultura precolombina, de los menhires tomé las formas de lo que es la cara. Otra fuente de inspiración fue la Bienal de San Pablo, porque allí tomé contacto con el arte contemporáneo. Fue un motor que aceleró”, afirma el artista.

Más que autorreferencial, es intimista: “Cuando trabajo me importa lo que quiero decir, mandar el mensaje. El gordo soy yo, en diferentes circunstancias”, afirma sin titubear Pereira, quien utiliza en sus esculturas calcos de su propio cuerpo. “Sea en el grabado o en el dibujo, en la fotografía o en la propia performance, el ‘mensaje’ es el mismo”, remarca.

Más que pop, neopop. El rescate de lo cotidiano es una actitud decididamente pop. Como lo hizo Warhol con las sopas Campbell, aquí se trata de un sandwich de milanesa. “Al suspender en el aire una milanesa estilo Oldenburg está parodiando la americanización. Su obra sabotea la tradición del monumento y se mofa de lo heroico” (Power). El neopop es un giro conceptual al propio pop.

La mirada del autor

“Hay distintos factores para esa trascendencia. El intercambio con otras provincias sobre nuestra actividad fue importante. Eso hizo trascender lo que se venía gestando de varios años de trabajo y dedicación constante sobre la producción de arte. La Facultad de Artes de la UNT hizo pensar a un grupo grande de artistas. La conexión con los artistas y gestores culturales de distintos lugares entre ellos Kevin Power quien escribió un texto muy lindo que fue publicado en un diario de España. Y de lo afectivo mucho más mi familia y amigos quienes siempre me acompañaron con mucho cariño” (consideraciones de Sandro Pereira).

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