Piossek Prebisch: discípulos la recuerdan como la pensadora de “juventud eterna” - LA GACETA Tucumán

Piossek Prebisch: discípulos la recuerdan como la pensadora de “juventud eterna”

La partida de la destacada filósofa entristece a colegas, ex alumnos y amigos. Preparan un documental sobre su obra.

16 Nov 2020 Por Julio Marengo
2

LÚCIDA HASTA EL FINAL. Lucía Piossek Prebisch tenía 95 años. LA GACETA / FOTOS DE HÉCTOR PERALTA - ANALÍA JARAMILLO

En una de las últimas entrevistas que dio, Lucía Piossek Prebisch confesó que en su pensamiento, la filosofía no tenía que ver con la muerte, con una preparación para el final, sino con la vida. Con darle un sentido a una vida con muchas más preguntas que respuestas. Y que ese sentido se encontraba solamente en la acción, no con el trabajo sedentario del filósofo pensando en abstracto.

“Ella era una filósofa real, alguien que enfocaba la realidad desde el punto de vista filosófico. Y estaba todo el tiempo pensando, lo debió haber hecho hasta el momento mismo de su muerte. La semana pasada hablé con ella y me dijo que había estado pensando en la diversidad del mundo, en que todas las cosas son distintas entre sí. No hay dos hojas iguales en un mismo árbol, y ella se preguntaba por qué esto era así”, cuenta Fabián Soberón, escritor, exalumno y atento seguidor del pensamiento de una de las piezas fundamentales de la Facultad de Filosofía y Letras.

A los 95 años de “eterna juventud”, falleció Lucía Piossek Prebisch, una de las primeras alumnas de la carrera de Filosofía de la UNT que pasó por todas las instancias de esa casa de estudios, siempre dejando una huella profunda en los espacios y en las personas que la conocieron.

La noticia, además de entristecer a sus colegas, discípulos y afectos, también los sorprendió. Casi todos tienen la misma respuesta: “estuve hablando con ella la semana pasada”. Es que era su costumbre, desde su casa de Yerba Buena, recibir llamados y visitas de personas vinculadas con la filosofía.

“Estaba siempre interesada en saber en qué andaba uno, en qué andaba la facultad y la carrera, en ver qué podía aportar desde su lugar. Siempre buscaba escuchar más que hablar o exponer sus pensamientos. Ella es parte de la generación que comenzó a profesionalizar el ejercicio de la filosofía, estudiaba mucho un tema antes de pronunciarse. Era una pensadora humilde y generosa siempre”, describe Nicolás Zavadivker, doctor en Filosofía y uno de los jóvenes que, como muchos otros, de tanto en tanto la visitaba, grabador en mano, para charlar sobre temas que los ocupaba.

Cuenta Zavadivker, como anécdota elocuente de esa humildad, que Piossek no coqueteba con la idea de tener discípulos. “Una vez le pregunté quiénes eran, y me hizo notar que era algo que no había pensado. Le mencioné algunos nombres que, a mi entender, eran sus discípulos, y recién ahí me dijo que sí, que podrían ser ellos”.

Regalo sin dueña

En la casa de Cristina Bosso, docente de Antropología Filosófica y exalumna de Piossek, una planta envuelta para regalo ha quedado sin dueña. Era para Lucía, que había cumplido 95 el 1 de noviembre. Postergaron el encuentro porque la pensadora le había manifestado que no se encontraba bien de salud. “Pensé que era algo superficial, me lo contó con mucha serenidad, así que no me parecía algo grave. Estuvo activa hasta el último momento”, señala quien, junto con su hermana, la cineasta Gabriela Bosso, prepara un minidocumental sobre la vida y el pensamiento de Lucía Piossek Prebisch.

Integrante de la primera camada de estudiantes de la carrera de Filosofía, a fines de los años 30, Piossek -hija del entonces rector de la UNT, Adolfo Piossek- asistió a las clases que dictaron grandes maestros nacionales y extranjeros, entre ellos el filósofo español Manuel García Morente, los sociólogos Silvio Frondizi y Risieri Frondizi, el filósofo argentino Eugenio Pucciarelli. “Hasta ayer, ella fue testimonio vivo de esa generación brillante”, señala Zavadivker.

Especializada en el pensamiento de Nietzsche, pudo traducir algunos de sus escritos fundamentales como “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, Piossek Prebisch sumó el legado del pensador alemán a la currícula de Filosofía Contemporánea, la cátedra donde se desempeñó toda su vida. Más tarde, incorporó también el pensamiento de Marx en su cátedra, que hasta entonces no había tenido lugar.

“Era más común vincular a Nietzsche con la literatura, pero ella vio rápidamente el contenido filosófico. Cuando volvió de Alemania, de especializarse en Nietzsche, también fundó el Instituto de Historia y Pensamiento Argentinos (IHPA, que perdura hasta nuestros días), porque le parecía fundamental que el país tuviese un centro de referencia del pensamiento local, así como se hablaba de la filosofía alemana, también podría hablarse de la filosofía argentina”, narra Bosso.

“Ella se abrió a pensar si puede haber una filosofía argentina o latinoamericana, era una de las cosas en las que pensaba. Y también, desde muy temprano, pensó mucho sobre la autonomía del cuerpo de la mujer, la fenomenología del embarazo y de la maternidad, un tema que se actualizó en los últimos tiempos con el debate sobre el aborto legal. A pesar de venir de una familia tradicional y conservadora, deja abierto este tema, algo verdaderamente revolucionario”, detalla la periodista Nora Lía Jabif, que además fue su alumna en la carrera de Filosofía en la sombría segunda mitad de la década del 70.

Gran dialogante, siempre escuchando, para Jabif Lucía fue de esas personas que no tuvieron vejez. “Nunca padeció la decrepitud de la vejez. Bella, lúcida y activa hasta el final, vivió una juventud eterna”, finalizó.

Premio Konex: algunas de sus obras

“El filósofo topo”, “Argentina: identidad y utopía” y “Ensayos y testimonios” son algunos de los libros que dejó Lucía Piossek Prebisch como aporte a la filosofía y como testimonio de su manera de pensar ciertos temas, entre ellos el rol de la mujer y la autonomía de su cuerpo. Entre los varios galardones y reconocimientos, la pensadora ganó en 2014  el Premio Konex al ensayo filosófico.

Su pensamiento sobre las humanidades: fragmento de la última entrevista que tuvo con LA GACETA, en 2019

“Si la pregunta es para qué sirven las humanidades, en qué son útiles las humanidades, entonces la respuesta es que no son útiles, sino que son necesarias.

Son necesarias para la política, para la vida en común, porque son las humanidades las que piensan en la libertad, en la dignidad humana, en la justicia.

Lo útil está finalmente destinado a simplificar la vida, a hacerla más sencilla.

El lavarropas, el lavavajillas, la computadora hacen la vida sencilla. Cuando uno aprende a manejarlos, claro (risas).

En cambio, las humanidades no simplifican la vida: al contrario, la hacen más compleja.

Pero también la muestran mucho más rica y mucho más digna de ser vivida.

Después de que uno lee a (William) Shakespeare, de que uno lee a (Jorge Luis) Borges, no sigue siendo el mismo.
Ellos no nos simplifican la vida, pero le dan otra perspectiva, sin la cual quizá no vale la pena vivirla”.

(Lucía Piossek Prebisch)

Comentarios