Polaroids de locura ordinaria - LA GACETA Tucumán

Polaroids de locura ordinaria

30 Oct 2020 Por Álvaro José Aurane
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Sonrían para la toma…

En Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof otorgará subsidios de hasta $ 50.000 por seis meses a las personas que actualmente usurpan las tierras de Guernica y también a las que mantienen hoy 80 tomas activas en esa provincia, en demanda de acceso a una vivienda. La asignación será un bálsamo para quienes viven en la vulnerabilidad más extrema, pero ello no deja de lado que son personas incursas en un delito. Quienes deben combatir el delito, los policías bonaerenses en este caso, ganarán menos que los usurpadores durante los próximos seis meses: en promedio, $ 44.000 mensuales…

El capitalismo es, en materia salarial, brutalmente honesto: revela cuál es la valoración social que se le asigna a esa tarea. Si una vedette que baila en TV gana por show lo que una docente gana en un año, o si un futbolista profesional gana por partido lo que un profesional de la salud puede ganar en 12 meses, lo que queda expuesto es que la sociedad le otorga al entretenimiento un valor superior al de la educación o al de la salud. ¿Qué nos dice, exactamente, el hecho de que un gobierno vaya a darle a quien viola la ley una asignación mayor que aquella que le da a quien la hace cumplir? Por supuesto, no es la sociedad sino un gobierno quien hace esto… hasta que llegue la hora de las elecciones. Los comicios dirán, en buena medida, si esta valoración tiene correlato social.


Espantosa, imprescindible y mal pagada

En Tucumán, la Policía es una de las peores burocracias, una de las más imprescindibles burocracias y una de las burocracias peor pagadas.

Sin Policía no puede haber Estado moderno, porque este se define por contar con el monopolio de la fuerza. Sin embargo, la de Tucumán es la Policía del comando Atila; la de la huelga de diciembre de 2013 que dejó un tendal de saqueos y de muertos en las calles; la que encubrió el crimen todavía impune de Paulina Lebbos, la que secuestró, asesinó y desapareció, arrojándolo a un precipicio en Catamarca, al peón Luis Espinoza en mayo pasado; la que no buscó a la pequeña Abigail, abusada y asesinada la semana pasada; la que no detuvo ni impidió el linchamiento de José Antonio Guaymás, el presunto femicida. A la vez, dentro de esa fuerza, hay personas de probada grandeza y sobrada dignidad, dispuestas a dar la vida por los demás, a cambio de ganar menos que un usurpador bonaerense.

Es improrrogable la necesidad de reformar la institución policial si se quiere combatir la inseguridad con eficacia y sin justicia por mano propia. Ahora, justamente, se ha lanzado una convocatoria para articular una mesa de diálogo que estudie cómo cambiar la fuerza, pero no ha sido lanzada por los poderes públicos. La UNT, a través de su Secretaría General y de la Facultad de Derecho, promueve el debate a través del Observatorio de Seguridad y Prevención de la Violencia, creado en la unidad académica. El llamado se abrirá para entidades intermedias, ONG, fuerzas vivas y, por supuesto, Casa de Gobierno, Legislatura y Poder Judicial. La situación de la Policía es demasiado compleja como para abordarla sin los poderes del Estado. Pero mucho más complicada y criminal es la inseguridad que esta Policía no sabe, no puede o no quiere combatir.


El intérprete de cartas

En la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner hizo pública una “carta de respaldo” dirigida a Alberto Fernández. El Presidente ha calificado de “elogioso” el texto y afirmó que cuando la titular de la Cámara Alta habla de “funcionarios y funcionarias que no funcionan” en realidad se dirige a quienes denuestan al Gobierno. Ojalá no interprete la Constitución Nacional con la misma exégesis con que aborda las misivas...

Lo cierto es que en lugar de entrar a debatir si la carta avala a Alberto o sustituye a la oposición, hay una serie de signos que hacen de la misiva todo un instrumento de la esquizofrenia general de este país, donde la cotización del dólar oficial está lejos de los $ 100 y la cotización del dólar paralelo (un dólar de evasión, pero que es el único al que puede acceder el 90% de los ahorristas) está cerca de los $ 200.

En primer lugar, es inaudito que una vicepresidenta deba respaldar a un Presidente. ¿Alguien se imagina a Boudou dándole su “aval” a Cristina Fernández? ¿O un “espaldarazo” de Scioli a Néstor?

En segundo término: la pregunta, reveladora de la locura ordinaria del poder en este país, es quién es el jefe del Gobierno. Y si esa pregunta es en sí misma irracional, peor es la respuesta que se encarga de dar la ex mandataria: escribe Cristina que Alberto no es su títere. Anota Friedrich Nietzsche en “Crepúsculo de los Ídolos” que “poco valor tiene lo que necesita ser demostrado”. ¿No era verticalista el peronismo? ¿Por qué en ese movimiento, que tiene una marcha en la que siempre hay un líder conduciendo a la gran masa del pueblo, la número 2 aclara que el número 1 no es su marioneta? ¿Qué dice de la República Argentina que la titular del Senado deba aclarar por carta que ella no maneja a su antojo al titular de la Casa Rosada?

En tercer término, la crisis del Gobierno es enorme. La del país, también. Y esa carta, otra vez, da testimonio de ello: la vicepresidenta convoca al diálogo. No lo hace desde la autocrítica y no se priva de cuestionar a aquellos a los que invita, pero es un convite para conversar, que es uno de los sinónimos de la democracia. Que lo haga la ex presidenta, que durante los ocho años de su mandato deploró el diálogo y alentó el odio fanatizado contra los que disentían, es una buena noticia, a la vez que una prueba de que el Gobierno no atraviesa algunos problemas, sino que los tiene todos. Ojalá no sea tarde.


La confianza es una consonante muda

La crisis judicial detonada por la denuncia del juez Enrique Pedicone contra el vocal de la Corte Daniel Leiva sigue desnudando la gravedad institucional extrema de los Tribunales tucumanos. Esta semana, Leiva recusó a los dos vocales (Claudia Sbdar y Daniel Posse) que no se habían excusado de intervenir en el “per saltum” que planteó el juez Enrique Pedicone, contra la sentencia del juez conclusional Juan Francisco Pisa, fallo que le denegó rol de querellante y determinó que la causa se tramite con el Código Procesal anterior (Ley 6.203).

Hay, como en todo caso judicial, dos lecturas. Las que son críticas en contra de Leiva plantean que el juez supremo no quiere un tribunal de “pares”, sino de “afines”, y que por ello decide nada menos que pedir el apartamiento de la presidenta del alto Tribunal.

Las que son críticas de Pedicone plantean que Sbdar y Posse debieron excusarse por sí solos. Afirman que les cabían las mismas causales de apartamiento que la defensa del juez denunciante había anticipado que invocaría contra Antonio Estofán y Eleonora Rodríguez Campos (finalmente se excusaron): el 27 de agosto ambos votaron en favor de apercibir a Pedicone en nombre de que el entonces camarista habría actuado en una causa sin tener competencia. En esa Acordada, la 730, Sbdar y Posse firmaron en contra de la sanción. Entones, alegan, si había parcialidad objetiva de unos por intervenir en el caso, también la había de los otros. La lectura simbólica de la cuestión es espeluznante: ¿cuál Corte tenemos los tucumanos? Una en la cual, definitivamente, la confianza es una consonante muda entre vocales.


La locura es redonda

La razón, por momentos, parece “haber pasado” del Poder Judicial.

Pedicone sostiene su denuncia contra Leiva sobre la base de audios. Leiva dice que los audios son “armados y editados”. Los audios de Pedicone fueron difundidos por LA GACETA. La fiscala Mariana Rivadeneira y el juez Pisa dicen, justamente, que el hecho de que los audios llegaran a la prensa antes que a la Justicia prueba que los artefactos electrónicos no fueron debidamente preservados. Los defensores de Pedicone reclaman una pericia de los equipos electrónicos. Esos equipos electrónicos nunca llegaron a la Justicia, sino que están en una escribanía, porque Pedicone pidió garantías para su custodia. Rivadeneira y Pisa, además, coinciden en que las actas que dieron fe de esos audios (de los cuales ellos mismos no dan fe) son instrumentos públicos válidos. Pero a la vez que no los declaran nulos, fulminan el “contenido” de las actas, aclarando que no es veraz porque el secretario judicial que las labró luego se retractó. ¿Qué es lo válido, entonces? ¿El tipo de papel?

Si no se puede creer en lo que se escucha y, en un mismo instrumento, las formas van por un lado y la materia por otra, la locura es esférica.


A veces, no es delito…

Esta semana se conoció el archivo de la denuncia de Leiva en contra del abogado Carlos Díaz Lannes por presunta extorsión. Esteban Jerez denunció que Díaz Lannes, supuestamente, le dijo que si el vocal de la Corte conseguía que lo nombrasen juez, desistiría de emprender acciones judiciales. Jerez aduce que, como rechazó la petición de Díaz Lannes, este querelló a Leiva. Díaz Lannes negó todo, aseveró que sólo consultó sobre el Estado de los concursos y dijo que “la mafia” le mandaba “un vuelto”.

Siete jueces pasaron por la causa y, más de un mes después, el fiscal Arnoldo Suasnábar archivó la causa. No juzgó el contenido de los chats de WhatsApp que intercambiaron Díaz Lannes y Jerez, sino que, directamente, determinó en una carilla que “el simple intercambio que se pueden efectuar ambos letrados intervinientes en el marco de sus actuaciones netamente profesionales no cumple con los elementos objetivos y subjetivos de la figura penal en examen, lo que impide la elaboración de un indicio cierto de culpabilidad”. Entonces, si la denuncia de Pedicone contra Leiva llegaba a lo de Suasnábar, ¿se archivaba sin más?


La institución secreta

¿Cuál es el concepto de Justicia que impera, tanto dentro como fuera de los Tribunales? ¿El del Derecho o el de la suerte? Jorge Luis Borges escribió sobre un Estado donde la suerte de los hombres es decidida, sin más, mediante sorteos. “Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. (…) En el crepúsculo del alba, en un sótano, he yugulado ante una piedra negra toros sagrados. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban. He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre”.

En “La lotería de Babilonia” el personaje aclara: “Debo esa variedad casi atroz a una institución que otras repúblicas ignoran o que obra en ellas de modo imperfecto y secreto: la lotería”. Y agrega, como si no se tratase de una ficción sino de una crónica: “Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad”. En la lotería de este país, y de esta provincia, los ciudadanos han quedado librados a su suerte. Que por cierto (se cansa de demostrarlo la historia reciente), nunca fue mucha.

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