Cómo podés identificar los síntomas de un ACV: lanzan una campaña nacional

Los ACV son la principal causa de discapacidad en Argentina, y la cuarta de mortalidad. La rapidez de respuesta salva vidas y disminuye secuelas.

CADA SEGUNDO CUENTA. Cuando ocurre un ACV, en un minuto se mueren más de 2 millones de neuronas. CADA SEGUNDO CUENTA. Cuando ocurre un ACV, en un minuto se mueren más de 2 millones de neuronas.
Por Claudia Nicolini 29 Octubre 2020

“Sentí un fuerte dolor en la nuca; raro. Poco después tuve vómitos. Me recosté y mi marido llamó a la ambulancia -cuenta Ana Gloria Nazha-. El médico me preguntó mi nombre; en mi cabeza yo le respondía, pero no se me entendía nada. Era un ACV (accidente cerebrovascular) y en el Padilla me salvaron la vida”.

“Un ACV es una enfermedad aguda que ocurre cuando un área del cerebro deja de recibir el oxígeno y los nutrientes que necesita para vivir; puede causarlo una obstrucción (ACV isquémico) o la rotura (ACV hemorrágico) de la arteria que irriga la zona afectada, y provoca síntomas neurológicos que aparecen bruscamente (Ver “Señales...”), explica Adolfo Savia, jefe de Emergencias del Sanatorio Anchorena, de Buenos Aires.

Y cuando eso ocurre en Tucumán, el lugar clave -como cuenta Ana- es el hospital Padilla: allí tiene la sede central el único Programa Provincial de Ataque Cerebrovascular de la Argentina, a cargo del doctor Julio Fernández.

Neurólogos, neurocirujanos, neurointervencionistas, emergentólogos, intensivistas, médicos generales, enfermeros técnicos y hasta telefonistas se han capacitado a partir de una premisa de oro: cada minuto es clave. “Durante un ACV, en 60 segundos se mueren más de 2 millones de neuronas”, resalta contundente el neurólogo Jerónimo Cossio, jefe de la Unidad de Atención de ACV del hospital y cuenta que el proceso de capacitación es constante.

Parte de ese proceso en el Padilla contó con el apoyo del programa Angels, iniciativa no promocional de cuidado de la salud de Boehringer Ingelheim avalada por Sociedad Europea de Stroke , la Organización Mundial de Stroke y la Sociedad Iberoamericana de Enfermedades cardiovasculares. El objetivo es aumentar los centros de salud preparados para atender ACV y mejorar la calidad del tratamiento.

“Desde la simulación de casos a la reorganización del espacio y el control de tiempos... El programa va ajustando los engranajes para que esté todo preparado”, explica Cossio. Pero el “todo preparado”, claro, no se improvisa: se requieren protocolos estandarizados, instrucciones precisas y memorizadas, check lists eficientes y mucho entrenamiento, y para organizarlo se recibió el apoyo de Angels. Y es a partir de este programa que ACV también puede leerse “Actuá con velocidad”.

En casa

Por más que el hospital esté listo, el primer paso debe darlo el entorno del paciente, como hizo el marido de Ana. “Fue todo muy rápido y eficiente -recuerda ella, poco más de un año después-. En la ambulancia ya me dieron medicación... La velocidad fue crucial”.

Se estima que en la Argentina ocurren entre 50.000 y 60.000 casos como el de ella. “Y sin embargo, mucha gente, médicos incluidos, no entiende que demorar en llegar a la emergencia puede ser fatal: cada 30 minutos muere o queda permanentemente discapacitada una persona que sufrió un ACV y fue atendido con demora”, señala Fernández.

“El servicio prehospitalario es clave para poner en marcha el sistema; la reacción familiar es fundamental. Es muy importante conocer los síntomas, llamar al 107 de inmediato y no tenerle miedo al coronavirus -agrega Cossio-. Tenemos una ambulancia específica; sólo se usa en caso de sospecha de ACV, y cuenta con equipamiento y personal especializado”.

“Y hay que tener en cuenta que, si bien la incidencia del ACV aumenta con la edad, también puede ocurrir en personas jóvenes; por eso siempre es importante considerar cualquiera de estos síntomas como una emergencia, independientemente de la edad del afectado”, destaca Savia.

Pero la rapidez también es fundamental en el abordaje hospitalario del ACV, por eso todo aquello de los protocolos y las instrucciones memorizadas. “Si en el hospital se actúa dentro de las dos primeras horas el porcentaje de éxito de las intervenciones es del 66%; si se demora más, baja al 16%”, señala Fernández. Y para eso hay que haber llegado hasta allí.

¿Cómo actuar?

Lo primero -resalta Savia- es no entrar en pánico, y además recomienda:

• Llamar al 107 o al número de emergencias de la obra social/prepaga del afectado.

• Explicar al operador que sospechás que estás ante un ACV y seguí sus instrucciones

• Mantener la calma y no cortar la comunicación hasta que te lo indiquen.

• Colocar al paciente en reposo y quedarse con su lado.

• No administrar nada por boca, y menos medicamentos

• Facilitar el acceso del equipo de emergencias, informando con claridad dirección y teléfono; encendiendo una luz exterior que permita identificar el lugar; esperar con el ascensor en planta baja si vivís en un edificio.

“Y tener en cuenta que incluso si los síntomas desaparecieran por completo, el paciente debe ser evaluado por el equipo de emergencias”, advierte.

Tratamiento

Para tratar un ACV hay dos técnicas que caben en la categoría de mínimamente invasivas, porque no hace falta abrir el cráneo. Una es la trombólisis, que se hace con medicación endovenosa, y en ciertos casos se puede hacer de camino al hospital; la otra se llama trombectomía mecánica, y se usa cuando el coágulo obtura una arteria de alto caudal.

“Por una arteria de la pierna se introduce un catéter y se lo lleva hasta el cerebro, donde por medio de un stent (malla extensible que se utiliza para abrir vasos obstruidos) se lo abraza y se lo extrae”, explicó Fernández.

Pero mejor...

“El cerebro es un órgano que no tiene reserva de oxígeno -advierte Cossio-. Por bien que salga el tratamiento, es muy probable que algún nivel de daño permanezca” . Por eso, insiste, el mejor negocio es prevenir: “controlar lo que ya sabemos (tensión arterial, peso, diabetes, colesterol, sedentarismo, tabaquismo...) reduce en un 85% el riesgo de ACV”.

Señales de alerta: la clave es prestar atención a cambios súbitos

- Entumecimiento o debilidad repentinos en el rostro, los brazos o las piernas (especialmente si ocurren de sólo un lado del cuerpo)

- Dolor de cabeza repentino y severo sin causa conocida

- Aparición de golpe de dificultades para hablar o para comprender lo que se escucha

- Confusión súbita

- Problemas repentinos para ver con uno o con ambos ojos.

- Dificultad repentina para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación de los movimientos

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