En Tafí del Valle, algunos comerciantes deben cambiar de rubro: “es duro, a veces uno se pone a llorar” - LA GACETA Tucumán

En Tafí del Valle, algunos comerciantes deben cambiar de rubro: “es duro, a veces uno se pone a llorar”

Para poder sobrevivir en la pandemia, otros deben reinventarse.

12 Oct 2020 Por Federico Espósito
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EJERCICIO Y DIVERSIÓN. Práctica indispensable en los valles. la gaceta / fotos de osvaldo ripoll LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL

Desde el principio de los tiempos, la clave para la subsistencia ha sido la capacidad de adaptación. En este reordenamiento de la realidad que impuso la pandemia, muchos tucumanos se vieron obligados a dar un golpe de timón para no encallar. En Tafí del Valle, el cierre de las fronteras internacionales y las restricciones al turismo interno desataron el peor invierno económico posible, por lo que prácticamente todos los habitantes de la villa tienen una historia de reinvención para contar. Algunas con una trama feliz, otras no tanto.

Dante Orellana, por ejemplo, no recordará con alegría su cumpleaños número 59. Si bien el sábado hubo más movimiento del habitual por ser el inicio del fin de semana largo, la situación está difícil para el dueño de “Rodri-Mi”, la única juguetería del lugar. O de lo que queda de ella, porque a causa de la crisis y de la imposibilidad de reponer mercadería que traía de afuera, tuvo que trasladar los juguetes al lado, donde pronto hará como otros e instalará un pequeño súper.

PEQUEÑO SÚPER EN LUGAR DE LA JUGUETERÍA. Orellana debió desistir de vender juguetes, no es redituable.

“Ya hay muchos acá en Tafí, pero no nos queda otra. La juguetería la tenía hace más de 20 años. Me da pena, porque uno siempre se prepara para las Fiestas, que es donde se vende. Ya no podemos ir a Buenos Aires a traer mercadería, y además ahora ya se paga el triple. Y los juguetes no son un artículo de primera necesidad, así que en esta situación, la gente gasta en otras cosas. También vendo artículos regionales, pero hoy un cinto de carpincho cuesta $ 2.000, y quién te va a pagar eso”, lamenta Dante, al que se le quiebra la voz al recordar que su hijo también debió cerrar la sucursal de Rodri-Mi en Crisóstomo y Congreso, y poner un expendio de alimentos. “Es duro, a veces uno se pone a llorar, porque lleva este trabajo en el corazón, ¿sabe? Toda mi vida he hecho esto. Soy de Santiago, pero hace 40 años que me vine a Tafí, cuando no había nada. He cosechado muchos amigos aquí. Espero que Dios nos ayude, porque la gente no aguanta más, necesita trabajar”, implora.

Una de las primeras medidas para evitar la propagación del virus en los valles fue la de suspender las actividades grupales, como caminatas, excursiones y visitas guiadas. Básicamente, todo lo que para Adriana Latorre y Fernando Marzano representaba su actividad de subsistencia.

AMOR Y DRAMA. Desde marzo, Adriana y Fernando no trabajan.

De Buenos Aires ella, de Mar del Plata él, se enamoraron de Tafí del Valle e instalaron su emprendimiento de turismo aventura, sin imaginar que se verían privados de poder movilizarlo durante casi siete meses. “La última guiada fue el 15 de marzo”, recuerda Fernando. Para colmo, su otra fuente de ingresos, el gimnasio que ella tenía en Buenos Aires, estuvo cerrado también desde marzo a la espera de que volviera la normalidad, pero la normalidad nunca volvió y ella decidió cerrarlo definitivamente.

“Tuvimos que reinventarnos de alguna forma, porque no teníamos nada”, explica Adriana. Unidos no sólo por el amor de pareja sino por la afición a las actividades al aire libre, intentaron buscarle la vuelta por ahí. “Empezamos a tomar alumnos particulares, yo dando clases de yoga, él como personal trainner”, cuenta Adriana. “Nos reunimos con el director de Deportes de Tafí para implementar el atletismo como un deporte de formación, que permite generar valores y brinda calidad de vida. Además, este año se lanzaron en el país las escuelas deportivas argentinas (EDA), y una de las que hay en Tucumán está en Tafí. “Cacho” (José) Banegas y él nos dio la posibilidad de tener la dirección de esa. Trabajamos con chicos de 14 años para arriba, y les enseñamos todas las disciplinas que consisten en correr, saltar y lanzar. Es un trabajo interesante porque en Tafí hay muchos chicos con diferentes características: algunos son rápidos, otros fuertes, otros resistentes”, detalla Fernando.

Adriana hace hincapié en el valor de la actividad física en estos tiempos. “Los dos compartimos el pensamiento de que, ante los problemas no hay que cerrarse. Hay que educarse y enfrentarlos. La actividad física es un elemento fundamental para el organismo. El encierro más de la cuenta afecta mucho: colesteros, falta de sol, depresión, etcétera. Podés evitar el virus, pero sufrís de otras afecciones. Por eso, creo que la clave está en la educación. Debemos ser una sociedad educada”, propone.

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