UN AÑO MÁS. Federico López, Sergio Viale, Tomás López y Santiago Vella ocuparon sus butacas de siempre en La Ciudadela.

132 días. Ese es el tiempo exacto que La Ciudadela estuvo en silencio. Para el hincha de San Martín, la espera terminó este sábado con el triunfo 2 a 0 ante Tucumán Central, entre abrazos, nuevas caras y una sensación de “borrón y cuenta nueva”.
En una de las plateas, esa esperanza renovada tuvo nombres propios. Federico López y Sergio Viale, amigos de toda la vida, promedian los 60 años y cargan con más de cinco décadas de tribuna. A su lado, Tomás López —hijo de Federico— y Santiago Vella, ambos veinteañeros, representan la herencia de esa pasión. Los jóvenes son socios desde hace una década y ya no conciben un fin de semana sin los otros dos. Aunque los separan los años y algunas canas, las butacas los han convertido en una familia de tablón.
“Vengo hace 54 años a la cancha, y él hace 52”, dice Federico, el más verborrágico del grupo, mientras señala a Sergio. Federico es una enciclopedia abierta; entre jugada y jugada, viaja a los años 80 para recordar cómo eran aquellos duelos ásperos contra Tucumán Central y otros clubes en la vieja Liga Tucumana. “Se respira otro aire con el cambio de dirigencia”, coinciden ambos, con la autoridad de quienes vieron pasar decenas de gestiones. Para ellos, el orden institucional es el cimiento del entusiasmo que hoy se percibe en el ambiente.
Mientras los veteranos ejercitaban la memoria, los jóvenes intentaban descifrar el rompecabezas del campo. Con la larguísima lista de refuerzos, el primer tiempo fue un ejercicio de adivinación constante. “¿Es bueno el 7, no?”, preguntaba uno. “Es Borasi. Ese llegó hace unos días”, respondía otro, mientras todos tomaban nota de los movimientos del nuevo equipo de Andrés Yllana.
Pero la ilusión a veces se sale de control ante la primera señal de jerarquía. Tras solo diez minutos de ver a Facundo Pons pelear cada pelota, Federico López dictó sentencia: “Hizo más en un ratito que el nueve del año pasado en toda la temporada”, exclamó, desatando las risas del resto.
Sin embargo, el fútbol siempre regala una “grieta”. El regreso de Lucas Diarte y Matías “Caco” García encendió el debate. “A mí no me gusta nada”, soltó Viale con el ceño fruncido. “Se fueron en un momento difícil y nunca le explicaron nada a la gente”, consideró. Inmediatamente, Federico López saltó al cruce de su amigo de toda la vida, marcando el desacuerdo: para él, el club está por encima de las formas. Los jóvenes, más pragmáticos, intentaban mediar: “Si rinden, va a estar todo bien, pero el cariño de la tribuna por ahora lo perdieron”.
Cuando llegó el entretiempo, el “nuevo San Martín” quedó en pausa. La charla mutó a lo cotidiano: temas familiares y la pregunta logística que surge en cada partido: “¿A dónde vamos a comer cuando salgamos?”. En esos 15 minutos, se evidenció que la cancha es, en realidad, el living de su casa compartida.
Al final, el 2 a 0 supo a poco en lo numérico pero no generó alarmas. “El resultado no es malo”, concluyeron, recordando que Tucumán Central venía con ritmo competitivo, mientras que el “Santo” recién está terminando su pretemporada.
Se fueron tranquilos, caminando juntos por las calles de siempre. Después de tanta espera, lo de menos era el resultado; lo importante era que el rito, por fin, había vuelto a empezar.







