Rugby: 25 años de profesionalismo

En 2020 se cumplió un cuarto de siglo desde que el deporte ovalado se declaró “abierto” tras 100 años de amateurismo; Argentina aún trata de asimilar el cambio.

12 Oct 2020 Por Federico Espósito

Profesionalismo. Una palabra que, a 25 años de su oficialización en el mundo del rugby, sigue sonando incómoda para muchos oídos. No tanto por lo que representa en sí, sino por lo que implica en un rugby como el argentino, que siempre se enorgulleció de su base amateur y que históricamente se sirvió de los talentos formados en los clubes para alimentar a su seleccionado nacional, Los Pumas. A medida que el rugby fue evolucionando, llegó un punto en el que el coraje criollo ya no alcanzó para sostener la pulseada contra los mejores equipos del mundo, cuya preparación era mucho más especializada y organizada. Lo sufrió el propio Tucumán, que pasó de ser capaz de medirse de igual a igual con Francia, Inglaterra o los All Blacks hasta la década del 80, a uno que aspiraba a hacer un papel digno contra rivales mucho más desarrollados a mediados de los 90. Precisamente, fue el 26 de agosto de 1995 que el rugby se decidió a sincerarse y darle apertura oficial a algo que en los hechos ya venía pasando hace rato: el profesionalismo.

Hasta entonces, se mantenía como el último reducto oficial del amateurismo entre los deportes más populares. En el fútbol y el básquet, por ejemplo, ya desde el siglo XIX se observaban iniciativas de profesionalizar sus actividades. En el tenis, los jugadores rentados existían ya desde la década del 20 del siglo pasado, aunque recién a partir de 1968 -con la “era abierta”- pudieron participar de Grands Slams y de Copa Davis, hasta entonces reservados para amateurs. ¿Por qué a la ovalada le tomó entonces tanto tiempo?

Visiones

La historia es bastante compleja e interesante para quienes deseen profundizar en ella, pero por cuestiones de espacio haremos aquí un breve resumen. En 1871, casi 50 años después de que supuestamente William Webb Ellis inventara el rugby al agarrar la pelota con las manos durante un partido de fútbol en un colegio de la ciudad de Rugby, se creó la RFU (Rugby Football Union), destinada a regir la práctica del deporte en territorio británico. Si bien en un principio la disciplina se practicaba principalmente en los colegios públicos (a los que paradójicamente asistían jóvenes de familias adineradas), con el tiempo se fue popularizando, y en algunos equipos del norte de Inglaterra -zona industrial- comenzaron a incluirse jugadores que provenían de las fábricas, a quienes se les ofrecía compensación económica por el tiempo que le quitaban a su trabajo para entrenarse y jugar. Lo que hoy se conoce como lucro cesante. La RFU, dirigida desde sus comienzos por miembros de clase alta, no estaba de acuerdo con esas prácticas, y consagró el amateurismo como principio básico del rugby. Una teoría sostiene que se basaban en ideales helénicos, según los cuales el deporte debía realizarse sólo por placer y sin someter el cuerpo a exigentes entrenamientos o al riesgo de lesionarse, aunque la más factible es la que señala al amateurismo como una herramienta para mantener el control y diferenciarse de la clase obrera, que no podía darse el lujo de dejar de trabajar para jugar a cambio de nada. Además, la elite sostenía que el dinero podía exacerbar el ánimo competitivo y atentar contra el fairplay, por lo que se oponía incluso a la presencia de público masivo en los partidos y a la organización de competencias que consagraran campeones. La diferencia de visiones llevó a que en 1895, el norte se separase de la RFU y creara su propia federación (conocida más tarde como Rugby League), que permitía el profesionalismo y que luego fue introduciendo cambios en la disciplina para hacerla más atractiva al público, como el de reducir a 13 la cantidad de jugadores. Allí se separaron definitivamente el rugby union (o rugby a secas) y el rugby league, hoy popular en Australia y las islas del Pacífico.

El mundo cambia

El dinero estuvo presente en el rugby durante todo el siglo XX, ya que varias uniones pagaban compensaciones a los jugadores de sus seleccionados cuando estos debían salir de gira internacional durante meses. Francia incluso fue expulsada de las Cinco Naciones en 1931 tras ser acusada de profesionalismo. Con la llegada de las Copas del Mundo, en 1987, los intereses económicos crecieron y el amateurismo comenzó a tambalear de manera definitiva. El colmo fue en el tercer Mundial, el de Sudáfrica 1995: un día antes de la final entre el local y Nueva Zelanda, se reveló que estos dos y Australia habían firmado un acuerdo millonario con el magnate Rupert Murdoch por los derechos televisivos de una nueva competencia llamada Tres Naciones (antecedente de lo que en 2012, con la incorporación de Argentina, pasó a llamarse Rugby Championship).

JAGUARES. Para participar en el Súper Rugby a partir de 2016, la UAR formó su primera franquicia 100% profesional. A diferencia de los becados Pampas, los Jaguares profesionales dejaban de pertenecer a sus clubes.

Para colmo, Kerry Packer -otro magnate de los medios- había anunciado su intención de crear la World Rugby Championship, una competencia profesional de 30 franquicias repartidas por todo el planeta, lo que al final no prosperó por la oposición conjunta de las uniones nacionales. Y a eso se le sumaba el interés de los equipos de rugby league de “robarle” al rugby union algunas de las figuras del Mundial 95, tentándolos con jugosas sumas. La situación ya era insostenible, por lo que la entonces International Rugby Board (hoy World Rugby) no tuvo más remedio que abrirse al profesionalismo. La decisión que puso fin a 100 años de amateurismo se tomó al cabo de tres días de intenso debate en el hotel Ambassador, de París.

Encrucijada

La decisión de la IRB puso a la UAR en la encrucijada de subirse al tren de la modernidad o aferrarse a la tradición amateur heredada de los ingleses. Fueron días de mucha confusión, en los que chocaban distintas voces. La UAR, por entonces presidida por Felipe Ferrari y manejada por los conservadores clubes de Buenos Aires, prometió cambios ante los reclamos de aggiornamiento, pero al final sostuvo su oposición al profesionalismo. Dicha postura comenzaría a cambiar gradualmente poco después, cuando la UAR -ya con Luis Gradín como titular e independiente de la Unión de Buenos Aires- permitió becas y viáticos para los jugadores de Los Pumas. Claro que recién con la llegada del Interior a la presidencia, con el tucumano Luis Castillo, el liderazgo exterior de Agustín Pichot y la creación del Plan de Alto Rendimiento (Pladar) en 2009, el rugby argentino comenzaría su proceso de inserción al mundo del profesionalismo. Llegarían los Pampas XV y la Vodacom Cup en 2010, la entrada de Los Pumas al Rugby Championship en 2012, la creación de Jaguares (primer equipo 100% profesional de la UAR) para jugar el Súper Rugby desde 2016, Jaguares XV para intervenir en la First Division de la Currie Cup en 2019 y Ceibos como primera franquicia argentina en la estrenada Superliga Americana en 2020.

Como se ve, el rugby mundial y el argentino han experimentado grandes cambios en estos 25 años desde que se oficializó el profesionalismo. ¿Cuál será el panorama en 2045, cuando se cumplan los 50? Sólo el tiempo lo dirá.

Años clave

- 1823: según la leyenda, William Webb Ellis inventa el rugby en un colegio inglés.

- 1845: se dicta el reglamento de rugby, que pasa así a diferenciarse del fútbol.

- 1871: se crea la Rugby Football Union (RFU) en Inglaterra, para regir la práctica deportiva en territorio británico.

- 1886: la RFU empieza a dictar reglas contra el profesionalismo, que ya tenía lugar en clubes del norte de Inglaterra y en Gales.

- 1895: la Northern Rugby Union se separa de la RFU y crea su propia liga profesional, que con los años dará nacimiento al rugby league. Tras la escisión, la RFU sancionó estrictas leyes anti-profesionalismo

- 1995: tras 100 años de amateurismo oficial, la IRB declara al rugby como deporte abierto o profesional, transparentando una situación que ya era insostenible.

- 2009: se crea el Plan de Alto Rendimiento (Pladar), estructura a través de la cual el rugby argentino (UAR) comenzó su proceso de acople al profesionalismo del rugby mundial.

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