Como ya pasó en otras ocasiones durante este convulsionado 2020, después de la escaramuza entre el gobernador y el vice por las tarifas de los servicios alumbró la calma. Retomaron las apariciones públicas conjuntas y se borraron las declaraciones picantes de los respectivos adláteres en esa suerte de nueva batalla en la guerra fría en la que incurren cada tanto las máximas autoridades de la provincia.

Quienes dialogan con frecuencia con Juan Manzur aseveran que el mandatario no anda con nimiedades y que en realidad ese tipo de cuestiones que ofuscan a Osvaldo Jaldo lo tienen sin cuidado. Es decir, no lo hace adrede ni como una estrategia política. Pero el motivo de esos “olvidos” del gobernador podría ser aún peor: no lo tiene ni en cuenta.

Interprete una u otra cosa, el vicegobernador no deja pasar ninguno de esos desaires. Siempre busca la forma de hacerle saber a Manzur que las decisiones que no toman en yunta le pueden traer un dolor de cabeza al Poder Ejecutivo. Es allí cuando Jaldo planta bandera a través de los legisladores que lo siguen con apego. La pregunta es hasta cuándo podrá seguir esa relación con esas idas y vueltas, con tantos dobleces que no son quiebres, pero que van astillando la relación. ¿Se romperá la máxima peronista?

Eso observan con sumo cuidado los integrantes del oficialismo, que no saben por dónde ni con qué puede salir Manzur. El enigmático gobernador habría decidido con su mesa chica que es momento de calma y de bajar el nivel de confrontación con su vice. Eso se decidió en “la mesa de Tafí Viejo”, como relató en su columna en este espacio María Gabriela Baigorrí. Algunos cercanos al ex ministro de Salud creen que el mandatario aún no salió a la cancha a jugar. Es decir, que todavía no levantó la cabeza para desplegar su gambeta y luchar por lo que desea para su futuro político. Ya demostró que es un gran tiempiesta y estaría orejeando sus cartas para ver cuál jugada es la mejor. Para ello necesita que amaine la pandemia, que se clarifique cuánto poder tiene -o cede- Alberto Fernández y que en Tucumán se acomode el tablero para que pueda contar la cantidad de lealtades a favor suyo.

Jaldo habría hecho lo mismo con su tropa. El vicegobernador también apuesta por ahora a la buena relación con su compañero de fórmula. En su entorno aseveran que la Legislatura es una fortaleza inexpugnable: no habrá reforma ni posibilidad de re-reelección sin la venia del vice. Eso dicen y se apoyan en ese activo quienes creen que todos los caminos conducen a que Jaldo sea el sucesor “natural” de Manzur en 2023. Es tiempo de calma, por ahora. ¿Será la que antecede el huracán, como dice la canción de los Auténticos Decadentes?

Es mentira cuando las autoridades y los funcionarios de las distintas fuerzas políticas dicen que no es tiempo de hablar de política y que no charlan sobre alianzas ni sobre las elecciones. Abundan las reuniones y los llamados para dialogar sobre ello. Un ofuscado Germán Alfaro confirmó eso ayer, cuando en LA GACETA Play -al hablar sobre la pandemia y la cuarentena- admitió que se comunica seguido con el gobernador, que no es necesario hacerlo público, pero que lo hace por cuestiones de gestión y del coronavirus.

Alfaro, antes, había buscado que se haga pública, con sutileza, su charla con Horacio Rodríguez Larreta, el posible nuevo líder de lo que supo ser Cambiemos. También charla con Manzur.

Pareciera que el intendente aplica la “Teoría Maradona” que supo desarrollar Mervyn King, quien fuera presidente del Banco Central de Inglaterra y que en Argentina puso en práctica Martín Redrado en sus años de domador del tipo de cambio. El inglés ilustraba que Diego Maradona, en el histórico partido contra la selección de su país, corrió poco más de 50 metros desde su propio campo, eludió a cinco jugadores y metió la pelota en el arco inglés corriendo virtualmente en línea recta. Lo hizo, según King, porque los defensores ingleses reaccionaron en base a lo que esperaban que Maradona hiciera. “Mientras ellos esperaban que se moviera hacia la derecha o hacia la izquierda, él fue capaz de seguir corriendo en línea recta”, evaluó, marcando la clave de su teoría. Alfaro parece hacer lo mismo en lo político. Habrá que ver si sigue con los amagues y corre en línea recta al gol sin torcer su rumbo. O si se desvía y logra convertir con algún pase mágico.

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