En pobreza, Tucumán sintió más la recesión que la pandemia

Los aportes estatales contribuyeron a mantener el ingreso de asalariados y de familias vulnerables, advierten los economistas.

01 Oct 2020 Por Marcelo Aguaysol
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“Esto no es nuevo para mi. Ya la pasé y cuando la cosa se pone fea, me subo al carro y salgo a ver qué puedo hacer para papear”. Roberto carga sobre sus espaldas las penurias de una persona que vive al borde la pobreza. Tuvo trabajos, pero no formales. Y, en 2002, recuerda, fue la peor época que le tocó vivir, cuando el 63,8% de la población urbana no lograba reunir los ingresos necesarios para dejar de ser pobre. La actual crisis, producto de un duro coctel de tres años de recesión económica y seis meses de confinamiento obligatorio por la pandemia de la covid-19, no ha sido tan profunda como en aquella debacle. Al menos eso marcan los datos difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Según el reporte oficial, en el Gran Tucumán-Tafí Viejo, la pobreza afectó al 41,5% de la población urbana, es decir, a 372.794 personas. En la comparación con igual período del año pasado, el aumento fue de un punto porcentual (12.000 nuevos casos). A su vez, la indigencia golpeó a 73.130 habitantes (cerca de 20.000 más que hace un año). Esa franja social compone la pobreza estructural del aglomerado urbano.

A nivel nacional, la pobreza del primer semestre se ubicó en el 40,9% de la población urbana, cifra equivalente a 18,5 millones de personas, según los registros del Indec. Esto significó un aumento interanual del 5,5% y resultó la más elevada desde 2004, reflejando la gravedad de la crisis económica nacional.

Las datos del Indec muestran el fuerte impacto de la pandemia de la covid-19 y el confinamiento que golpeó seriamente el aparato productivo, particularmente en la zona centro del país, y causó el cierre de empresas y despidos. Según el investigador de la Universidad Católica Argentina (UCA), Eduardo Donza, hay que observar qué sucedió en los primeros trimestres para explicar el impacto de una y otra crisis. “En los primeros tres meses, donde golpeó más la recesión económica, la tasa de pobreza ha sido del 34,7%, mientras que en el segundo -en plena pandemia- ese indicador trepó al 47,2%”, expuso durante una entrevista con TN. El dato más preocupante es que el 56.3% de los niños y adolescentes hasta 14 años están condenados a una situación de pobreza.

¿Qué pasó en Tucumán? Según el director de Estadística de la provincia, Raúl García, hay un cúmulo de factores que -artificialmente- contribuyó a sostener la tasa de pobreza en el aglomerado urbano. El economista enumeró que, en el caso de la clase media, agotó los ahorros para sostenerse en la escala social, mientras que los sectores más vulnerables buscaron la forma de costear sus gastos de la canasta familiar con un mix de changas y de subsidios del Estado. Asimismo, continúa García, los estatales han tenido estabilidad, mientras que en el sector privado el Aporte para la Producción y el Trabajo (ATP) ayudó a mantener a flote el ingreso mensual. Los más expuestos a la pobreza, a su criterio, son los empleados informales que, en el principal aglomerado provincial superan los 150.000 casos.

Con esa definición coincide el economista y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, Pablo Pero. Sin embargo, advierte que el número de pobres revelado por el Indec para el distrito “puede resultar, en cierta manera engañoso, si se toma en cuenta de que la fotografía está dada para la población urbana y no el 40% restante de los habitantes de la provincia, los que viven en el interior profundo y tienen escasas posibilidad de acrecentar sus ingresos para no ser considerado pobre. “Todo se amortigua con los aportes estatales, el ATP para los asalariados formales y el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) para los menos pudientes.

La recesión económica arrastre tres años en la Argentina. Como referencia, en 2017, la tasa de pobreza en el Gran Tucumán-Tafí Viejo afectaba al 24,3% de la población urbana (214.207 personas), mientras que la indigencia se ubicaba en el 2,9% (25.782 ciudadanos). En el medio, la elevada inflación contribuyó a encarecer la canasta de alimentos y, por ende, el ascenso de las tasas de pobreza y de indigencia.

Al cierre del primer semestre del año, el Indec confirmó que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) había caído un 12,3%. Pablo Pero señala que no es optimista respecto a una reducción paulatina de los indicadores socioeconómicos. “Hay que ver qué sucederá, por ejemplo, cuando el Estado deje sin efecto la normativa que impide el despido de empleados y si van a continuar los aportes financieros de emergencia.”. advierte. El experto, además, puntualiza que en el primer mes de la salida de la cuarentena de cualquier actividad económica, se evidencia un repunte, pero en la segunda medición el efecto rebote desaparece y, en el mejor de los casos, la tasa puede ser cero en términos reales. “Por los por problemas que evidencia la economía argentina, es evidente que nadie puede arriesgar, con firmeza, cuándo se saldrá de la recesión. La economía sigue en el freezzer”, concluye

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