Punto de vista: "la Taser es una herramienta muy útil, pero debe ser operada por personal capacitado"

Un experto en seguridad sostuvo que el debate sobre las armas eléctricas está atravesado por una cuestión ideológica.

30 Sep 2020
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ARCHIVO LA GACETA

Por Federico Pelli

Especialista en Seguridad, licenciado en Administración del Colegio Militar de la Nación, y ex Teniente del Ejército Argentino con participación en misiones internacionales de paz de la ONU

En la discusión que renace sobre las pistolas Taser a partir de lo ocurrido con el policía federal Juan Roldán, en el barrio de Palermo (Ciudad de Buenos Aires), tiene varias cuestiones para tomar en cuenta.

Un aspecto central es que las políticas de seguridad en Argentina siempre son atravesadas por las ideológicas, y no por cuestiones objetivas y basadas en evidencia.

Cerca de 150 países de todo el mundo, de toda orientación política e ideológica, emplean estas herramientas como armas no letales. Lo vemos en Alemania, Canadá, España, Suiza, Francia; y en Sudamérica, en Chile y en Colombia.

Pero la discusión en argentina siempre nos retrasa por el tema ideológico. De hecho, en 2010, la entonces Policía Metropolitana de Ciudad de Buenos Aires (hoy Policía de la Ciudad) había sido impedida por la Justicia de emplear este tipo de armas no letales. Se analizó la cuestión de que implican modos de tortura, la posibilidad de muertes y demás aspectos, por lo que venimos hace 10 años con debates totalmente estériles.

Mientras tanto, suceden hechos que se llevan vidas humanas. En el caso del policía federal Roldán, claramente con una pistola Taser hubiera contado con un recurso mucho más eficiente que un arma de fuego, que era lo que tenía en ese momento.

Los policías se sienten inseguros de emplear sus armas de fuego. La frase parece insólita, pero es así. ¿Por qué? Porque ante el más mínimo error o si algo llegase a salir fuera de lo previsto durante el hecho delictivo, pueden terminar perdiendo el trabajo e incluso detenidos o presos. Entonces dudan, y son pocos segundos que, en situaciones como estas, que ocurren con muchísima rapidez, terminan siendo una ventaja para el agresor o el delincuente.

Está demostrado a nivel internacional que las Taser permiten proteger al policía y al delincuente. De hecho, en el caso de Roldán, terminaron falleciendo tanto el federal como el agresor. 

¿Por qué se pone en duda el uso de las Taser?

Una de las críticas proviene de las organizaciones de Derechos Humanos, incluido el Comité contra la Tortura de la ONU, quienes consideran que estas armas causan dolores intensos y que pueden causar la muerte.

Yo les preguntaría si un arma de fuego, que es letal, acaso no causa más dolor y no presenta más posibilidades de generar una muerte que una Taser.

Son todas cuestiones rebatibles, atravesadas por la ideología, y no por la evidencia empírica o por datos objetivos.

Otro aspecto a considerar es que no hay un abordaje a mediano o largo plazo desde el Estado en esta materia.

Mauricio Macri, junto con la ex ministra Patricia Bullrich, habían autorizado el uso y la compra de las Taser, que de hecho llegaron a ser adquiridas. Cuando cambió el Gobierno, y el presidente Alberto Fernández y la ministra de Seguridad Sabrina Frederic derogaron estos protocolos y prohibieron las Taser. Sólo quedaron autorizadas para emplear por fuerzas de operaciones especiales, pero son bastante inútiles para ellos, porque tienen que intervenir en secuestros y otras situaciones que, en realidad, sí requieren de armas de fuego.

Esta falta de políticas a mediano o largo plazo, e incluso a corto plazo como en este caso, nos impide avanzar hacia algún sentido.

Por otro lado, en Tucumán no tenemos armas Taser. Tampoco los policías están capacitados para usarlas, y mucho menos los agentes de las guardias municipales. Es una herramienta sumamente útil, pero debe ser operada por personal instruido, capacitado y con protocolos muy claros, que no hagan que se le genere al policía esa duda entre poder usarla o no, ya que en esas situaciones termina quedando en desventaja con el agresor o con el delincuente.

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