Los Rivera, padre, hijo y un espíritu salpicado de velocidad

Germán y Carlos fueron parte de los comienzos de la pasión tucumana por las carreras.

15 Sep 2020 Por Carlos Werner

Hay un pionero en el automovilismo tucumano venido de Catamarca e instalado en Concepción. Un hijo que le siguió los pasos, codeándose con grandes del volante. Y luego vinieron descendientes, varios de los cuales siguieron el camino de la velocidad, ya sea portando el apellido, Rivera, o portando otro. Todos, en definitiva, ramas del mismo árbol.

Nos situamos en el tiempo. 1906: nace en Catamarca Germán Gregorio Rivera. Se instala siendo joven en Concepción y se dedica a una afición que lo convirtió en un pionero: la preparación de autos de carrera, y en consecuencia, piloto. Puso su taller estaba en la esquina de 24 de Septiembre y Roca. Junto con Justino Pillón, allá por los años 30, eran los “locos” de la velocidad. Germán falleció en marzo de 1989.

DEL ARCÓN DE LOS RECUERDOS. Germán, acelerando su coche a fondo y su histórico Chevrolet N° 136 de la Buenos Aires-Caracas. Carlos (“El Negro”), a punto de largar una prueba en Concepción y junto con sus amigos Nasif Estéfano y Roque Namur.

Hay registros que ubican a Germán en la primera competencia oficial de automovilismo en Tucumán homologada por el Automóvil Club Argentino, el 11 de noviembre de 1928. El porteño Raúl Riganti con un auto Hudson en la categoría “fuerza libre” ganó una; las de coches estándar, chicos y grandes, fueron para el representante local. ¿Dónde se corrió? En un circuito armado en las cuatro avenidas que rodean el parque 9 de Julio, que eran de tierra y ripio compactado.

Carlos Rivera, bisnieto de Germán, el único que hoy está ligado a la competición por ser piloto de karting y navegante de rally, brinda datos de su ancestro. “Fue el primero que apareció en el sur con un auto de carreras. Los preparaba en Andalgalá o en Concepción. Y lo hacía muy bien, los resultados lo dicen. Peleó carreras del viejo TC con monstruos como los hermanos Oscar y Alfredo Gálvez, Juan Manuel Fangio, Onofre Marimón. Hasta hubo carreras en las que estuvo adelante de ellos, que tenían otro soporte técnico y una mejor situación económica”, asegura.

De aquellas competencias se sabe que constituían citas épicas, por el espectáculo en sí mismo y por el fervor de la gente de los pueblos que se atravesaban. Y, de entre los desafíos que enfrentó Germán, estuvieron la recordada Buenos Aires-Caracas y el Gran Premio de 1949, que recorrió casi toda la Argentina y en la que terminó en el puesto 14 luego de 11.000 kilómetros de competencia.

DEL ARCÓN DE LOS RECUERDOS. Germán, acelerando su coche a fondo y su histórico Chevrolet N° 136 de la Buenos Aires-Caracas. Carlos (“El Negro”), a punto de largar una prueba en Concepción y junto con sus amigos Nasif Estéfano y Roque Namur.

Germán se casó con María del Valle Figueroa, oriunda de Andalgalá, que era la hija del ex intendente de la “Perla del Sur”, Casto Figueroa. Tuvieron cuatro hijos: Carlos, Germán; “Gringa” (la madre de Rubén Posse, reconocido piloto); y María.

Nos detenemos en Carlos, más conocido como “El Negro”. El padre de Alberto (piloto de karting en los 80); Edith y Carlos -h- (alguna vez competidor en motos), casado con la concepcionense Nélida Luisa Geria, fue un eslabón clave para fortalecer al automovilismo tucumano.

“El Negro” armó con Nasif Estéfano y Roque Namur un trío de amigos, colegas y adversarios de “punta y taco”. Corrió mucho en callejeros tucumanos y del NOA, como así también en pruebas de largo aliento. Manejo coches de las marcas Playmounth, Ford y Fiat, entre otros. Acompañó a su papá en los grandes premios. Falleció en 2008.

Nélida, docente jubilada, hoy de 84 años, recuerda de su esposo. “A mí no me gustaba que corriera, pero lo seguía. Yo enseñaba en la escuela de Iltico, y cuando había carreras nos parábamos a la vera del camino y saludábamos a los pilotos cuando pasaban. Después de correr, él llevaba el auto al centro de la ciudad y les hacía dar una vuelta a nuestros hijos. Me acuerdo, era un Plymouth descapotable. Una vez tuvo un accidente en Salta, quedó todo quebrado, lo internaron un mes y lo trajeron en avión. Mientras eso pasaba, su papá le rearmó el coche de nuevo”.

La vida del “El Negro” era la mecánica…y correr. “Yo vivía en lo de mis abuelos, me contaban todo. Recuerdaba mucho cuando se juntaba con la barra de Nasif. Hacían peñas para juntar plata. Me dijeron que los tres eran muy unidos y que se prestaban cosas: motor, piezas, cosas así”, recuerda Carlos (n), hoy al frente de la empresa familiar de rectificaciones.

Los Rivera representan kilómetros de pasión desde casi un siglo. A ellos les cabe perfecto el rótulo de pioneros.

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