Maguilones: un clásico tucumano en el rugby

Un emprendimiento familiar da forma y color a estos típicos muñecos del tercer tiempo.

07 Sep 2020 Por Federico Espósito
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ARTESANAL. Daniela le pone color a los maguilones diseñados por Rolando. La idea es que cada muñeco sea distinto.

Prácticamente en todos los clubes de rugby de Tucumán es posible encontrar un maguilón. ¿Y qué es un maguilón? La respuesta es una de esas que muchos saben, pero sin saber que la sabían: se trata de un muñeco más reconocible por haberlo visto en algún tercer tiempo que por el nombre. En los últimos años, las figuras de este tipo se han ido ganando su espacio hasta en convertirse en un clásico del rugby tucumano, instalándose como obsequio tradicional de un club a otro en señal de amistad. Tucumán Rugby, por caso, ha regalado maguilones a todos los clubes participantes de las últimas ediciones del “Veco Villegas”. Y clubes como Los Tarcos y Lince, entre otros, los han encargado para darle color a sus encuentros infantiles.

Moldeados en masilla epoxi (una especie de plastilina que se endurece), estos muñecos esconden una interesante historia. Las manos que les dan forma y personalidad son las de Rolando Robles, diseñador gráfico de profesión y artista de vocación. “Siempre me gustó el tema del modelado, pero la que me inició en esto fue mi señora, Daniela, que trabaja todo lo relacionado al arte. Me animó a probar y me enganché. Como soy dibujante autodidacta y tengo idea de la proporción de los dibujos, me resultó fácil. Así que formamos un equipo”, cuenta Rolando.

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Al principio, Rolando se dedicó a crear figuras de copleros, musiqueros y otras relacionadas al folklore, temática que sigue trabajando hasta hoy en un emprendimiento aparte. La idea de los maguilones llegó después, a fines de 2012, cuando la hermana de un amigo le encargó un muñeco caracterizado como jugador de rugby de Corsarios para obsequiarlo en Navidad. Le resultó sencillo porque conoce bien el paño: de sus 47 años, los últimos 37 los pasó vinculado al deporte ovalado en el club de los “Piratas”. “Pasé por todas las instancias: desde jugador de infantiles hasta ser el presidente más joven del club. Y también fui coordinador de infantiles un par de años”, cuenta Robles.

A partir de ese encargo, le cayó la ficha de que algo bueno podía salir de la mezcla entre esas dos pasiones. “Coincidió en una época en la que estaba como delegado de rugby infantil de Corsarios en la Unión. Algunos delegados me fueron pidiendo muñecos, y cuando los llevaba para entregarlos, otros los veían y también me encargaban”, cuenta “Piyo” cómo fue que los maguilones se hicieron populares, al punto de que es posible encontrar al menos uno en la vitrina de todos -o casi todos- los clubes tucumanos. Y donde no lo haya, seguramente lo habrá tarde o temprano.

Equipo familiar

Los maguilones son el producto de un trabajo en equipo. Al que formaban Rolando y Daniela (él los moldea, ella los pinta) se le unieron sus hijos Paula, Octavio y Candelaria, para dar una mano cuando hay un encargo grande. Fabricarlos en serie sería más rápido y barato, pero les quitaría personalidad. Porque, como se puede apreciar en las imágenes, no se trata del mismo muñeco con camiseta diferente: cada uno tiene sus propios rasgos. “La idea es que todos sean diferentes. Si es para alguien en particular, tratamos de buscar alguna característica particular que lo identifique, aunque siempre aclaro que no hacemos retratos”, advierte Robles.

Como todo trabajo artesanal, requiere su tiempo. No es cosa de encargarlos hoy para retirarlos mañana. “Depende del tamaño. De acuerdo a la medida los hemos catalogado en A, B y C. Por ejemplo, para un encargo de 10 muñecos, podemos necesitar unos 15 días. Si son personalizados, quizás un poquito más”, detalla.

Con el tiempo, también fue haciendo figuras de hockey, fútbol y básquet. “En un momento quise llevar un registro, pero tuvimos años de buen laburo y recibimos pedidos muy grandes, así que perdí la cuenta. Incluso nos pasó de no poder tomar algunos pedidos, porque en la época de encuentros infantiles a veces se juntan dos o tres clubes y no damos abasto. Tenemos la idea de en algún momento trabajar sobre una base hecha en serie, porque hacer 30 o 60 muñecos en un mes es mucho trabajo”.

Chicos grandes

La relación con Tucumán Rugby y el “Veco Villegas” le permitió al arte de Rolando llegar a otras provincias y luego a otros países. “Hace un par de años nos contactó Pibetes XV, un equipo de veteranos del club Los Pinos, de Buenos Aires. Nos encargaron 12 figuras dobles de maguilones para llevar a una gira por Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y España. Así que los muñecos ya han tenido su paseo mundial también”, se enorgullece Rolando.

Es que más que muñecos, son mini esculturas que representan amistad y respeto, y que en el caso de los personalizados, sirven como un homenaje a su destinatario. “El año pasado, un jugador de otro equipo de veteranos me hizo un pedido con mucha anticipación, porque quería regalarle a cada uno de sus compañeros un maguilón con sus características. Estaban el gordo, el flaco, el pelado, y así. Fue un laburo tremendo, pero mayor fue la satisfacción cuando quien me los encargó me contó que entregaron los muñecos en la cena de fin de año y tipos de 50 años parecían nenitos jugando con los muñecos”.

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