Qué se espera para las próximas semanas y cómo se frena la curva de contagios

Los científicos tucumanos contaron la experiencia de Boston con el virus. Insistieron en que es clave el uso de barbijo y la conciencia social

05 Sep 2020 Por Martín Soto
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BARBIJO. Raúl (izquierda) y Gustavo remarcaron que usar mascarilla reduce un 90% las chances de enfermarse. la gaceta / Foto de José Nuno

Raúl y Gustavo Mostoslavsky son científicos tucumanos que “vienen del futuro”. En Boston, donde hicieron su posdoctorado y residen hace 20 años, vieron la peor cara de la covid-19. Entre marzo y junio, tuvieron jornadas de hasta 650 casos diarios y numerosos muertos a causa de este tsunami llamado coronavirus, que golpea, invade, arrasa y deja heridas en el cuerpo, el alma y la economía. Pero afirman que lograron evitar un colapso sanitario gracias al trabajo articulado de la ciencia y las autoridades, pero principalmente de la sociedad, que acató las recomendaciones sanitarias y así redujo la curva de contagios. Hoy la situación está calma.

Los investigadores advierten que Tucumán está entrando en su peor momento. La circulación viral comunitaria hizo que el ritmo de contagios se acelere y que la cifra de casos positivos comiencen a duplicarse cada pocos días. Y como “vienen del futuro”, advierten que se vienen semanas críticas en las que la sociedad debe jugar un papel fundamental para evitar lo peor. “Se vienen tres o cuatro semanas donde los números van a seguir subiendo, y depende de cómo responda la sociedad para ver cuánto va a subir (la curva de contagios)”, remarcan.

Los Mostoslavsky nacieron un 13 de octubre, hace 50 años. Aunque son muy parecidos, dicen desconocer si son gemelos o mellizos. “Nunca hicimos el estudio de ADN”, afirman. Estudiaron en la Facultad de Medicina de la UNT, hicieron un doctorado en Israel y un posdoctorado en Boston. Raúl es investigador de cáncer, profesor de la Universidad de Harvard y director científico del Centro de Cáncer en el Massachusetts Hospital. Gustavo es profesor asociado de la Universidad de Boston, es codirector y fundador del Centro de Medicina Regenerativa (CREM) de la Universidad de Boston y del Boston Medical Center.

Los médicos trabajan en articulación con el Instituto de Investigación en Medicina Molecular y Celular Aplicada (Immca) en el desarrollo de sueros convalecientes de llama para tratar de bloquear el coronavirus. En su visita por Tucumán, para traer insumos para ese proyecto y aportar su experiencia al Ministerio de Salud sobre lo realizado en Boston, los profesionales dialogaron con LA GACETA sobre lo que vivieron y lo que puede ocurrir en la provincia.

-¿Qué nos pueden contar de la experiencia de lo que vivieron en Boston?

-Gustavo: Le contábamos a la ministra (Rossana Chahla) que en mi hospital normalmente funciona con una o dos unidades de reserva de terapia intensiva. Es decir, hay un segundo equipo que se tiene de reserva y se puede llamar en caso de que la terapia se llene, algo que no pasó nunca en los últimos 50 años. Para el covid-19 armaron seis unidades de terapia intensiva de reserva y cambiaron toda la estructura del hospital; se reestructuró casi todo el hospital para pacientes de covid-19. Todo esto, al final de cuentas, para evitar que el sistema médico colapse, que es el miedo más grande que todos tienen en todos los lugares. Y nunca colapsó. Las cosas se hicieron bien, y no colapsó. Se activaron hasta cuatro unidades de reserva. Algo parecido hizo el Massachussets General Hospital.

- Raúl: sí. Es un poco diferente la estructura, pero en general lo mismo. Se sabía que los volúmenes que se iban a recibir iba a ser muy grande. Básicamente se reestructuró el hospital para unidades de terapias intensivas. Se llegó a tener una ocupación del 77% de las camas. El sistema nunca colapsó a pesar de que se llegó a picos de varios miles de casos por día.

-¿Cómo ven lo que está pasando en el país y en la provincia?

-G: es un momento crítico en el que hay responsabilidad de todos. De los líderes, de mandar un mensaje muy claro de cuáles son las cosas fundamentales que hay que hacer, y de la gente, que entienda de que en esta estamos todos. A la gente le cuesta entender el impacto que puede tener este virus, y es terrible. Si uno sale, tiene que tener puesta una máscara. El barbijo es fundamental. Si uno usa un barbijo y la persona que está al frente también, baja más de un 90% la posibilidad de transmisión. Así de sencillo. Un 90% se baja por el simple hecho de que las dos personas estén usando la máscara, porque las vías de transmisión principal son las vías respiratoria. Y después, por supuesto, lavarse las manos y la distancia. Son tres elementos básicos que hay que tratar de estar consciente. (...) Hay un elemento más que tiene que ver con el aire y la importancia de tratar de estar en espacios abiertos. En el momento que hay corriente de aire, la dilución que eso pone sobre la cantidad de la carga viral es exponencialmente diferente cuando uno está en un lugar cerrado chico. Se sabe ya que es necesaria una carga viral significativa para que el paciente se infecte y se enferme. En el momento que hay corriente de aire se diluye muchísimo y se frena mucho también la capacidad de infección. Simplemente no te sentés adentro, sino afuera. Donde haya un poco de brisa y de aire corriendo. Eso hace una diferencia muy grande.

-¿Qué se puede esperar entonces?

-G: la curva va a llegar a ser un pico o va a ser una meseta. Cuánta gente va a entrar en ese pico o en esa meseta, cuánta se va a enfermar grave y cuánta se va a morir, va a depender mucho de cómo la gente reaccione, se prepare y se cuide. Argentina hizo algo que para la pandemia fue positivo: intentar cerrar todo muy temprano. El impacto social y económico es tremendo, es terrible, pero lo hizo con la buena intención de tratar de frenarlo. Es fácil con el diario del lunes decir ‘para qué cerraron tantos meses antes’. Hoy se puede decir eso, pero no se sabía en ese momento cuándo iba a llegar, cuándo iba a entrar a Tucumán. Ahora llegó, están empezando a subir los casos. Es fundamental que la gente se cuide. Que haga un esfuerzo; a nadie le gusta tener una máscara todo el día. A todos les molesta no encontrarse con los amigos, disfrutar de un buen asado y abrazarse; los argentinos somos así. Pero ahora hay que cuidarse, por un tiempo. Va a pasar. Pandemia tuvimos varias veces en el mundo, graves como esta no tantas, pero hubo. Pero vamos a pasar, sabemos de las vacunas. Tucumán está haciendo las cosas bien, pero depende mucho de los líderes que manejen un mensaje claro, que traten de ajustar los recursos de la mejor manera posible para proveer lo que se necesita y la gente que haga caso con lo que hay que hacer.

-R: cuando la curva empezó a aplanarse y a bajar (en Massachusetts), fue principalmente por conciencia comunitaria de distancia social y uso de barbijo. Se empezó a reabrir, pero el gobernador dijo algo muy claro: ‘vamos a reabrir los bares y restaurantes con distancia social, con mesas afuera principalmente, y vamos a ir viendo los números. En cuanto veamos una tendencia de que vuelve a subir, volvemos para atrás’. Nunca se llegó hasta ahora. Ya llevamos casi un mes con los números muy bajo. Funcionó, y ellos sostienen que es porque la gente mantuvo mucha conciencia.

-¿Cómo se hace para encontrar un equilibrio entre lo económico y lo sanitario?

- G: hay que establecer protocolos claros. Aprender de lo que viene funcionando en otros países. Yo sé que cada uno trata de tirar para su lado: que los comerciantes quieren seguir con los negocios abiertos, y que los restaurantes y los bares necesitan trabajar para poder subsistir. Hay que tratar de establecer protocolos claros basados en lo que se sabe. Volviendo siempre a la ciencia, a lo que se sabe.

-R: ningún país tiene la varita mágica, por eso todos los países están sufriendo económicamente. No hemos vivido algo de esta magnitud, tan rápido, desde la fiebre española en 1918. Todos los países están en una recesión económica muy grande, y todos están decidiendo cómo abren, qué se abre, porque decidir cerrar para cuidar a la gente implica un colapso económico grande al país. Creo que no vamos a saber de acá a 10 o 15 años qué país hizo las cosas mejor o peor. Es algo único en muchas generaciones. Fue algo tan rápido que no le dio a ningún país la posibilidad de ajustarse y prepararse de una manera que no haya sufrimiento, pero es una pandemia. De verdad estamos viviendo algo único, donde se está sufriendo en todas las escalas: de salud, en lo económico y en lo social. Es un balance muy difícil de llegar y se tendrá que ir manejando, no hay otra manera.

-Pero a medida que las decisiones se van tomando, se van politizando...

-R: el problema es que es muy difícil encontrar un punto medio. Una frase muy común de la gente es: ‘el virus no es tan malo, mata poco’. Primero, que mata cinco veces más que un virus común de la gripe. Eso ya se sabe, se tienen los números mundiales de estos meses. Y segundo, cuando dicen que mata poco, ¿cómo definís qué es poco? Decían que con los chicos es excepcional, que casi no mueren los chicos. Si es tu hijo, ¿cómo decidís cuán poco es? ¿Cuánta gente se muere, cuál es el sacrificio que estás dispuesto a tener? Es un balance muy difícil. Creo que cada país está manejándose de la mejor manera para tratar de controlar el virus, por un lado, e intentar reflotar la economía, por el otro.

-El temor más grande siempre es que el sistema sanitario vaya a colapsar. ¿De qué depende llegar o no llegar a ese punto?

-R: tres cosas. Primero: los recursos con los que se cuente. Segundo: la decisión de unidad, de trabajar en conjunto: deben sentarse en la mesa los líderes de los diferentes hospitales y centros de salud, y llevar a la reunión infectólogos y virólogos a que participen de las decisiones. Y tercero: la respuesta comunitaria de conciencia, de decir: ‘¿qué hay que hacer para que los números no suban?’.

-¿Cómo se puede dimensionar que estamos ante un hecho histórico aunque a veces se ve gente haciendo vida normal?

-G: es un virus que no conocíamos. Todavía estamos terminando de aprender todo lo que puede hacer. Al principio se dijo que es un virus respiratorio que afecta a los pulmones, y se hicieron tratamientos sólo para los pulmones. Un 40% o 50% de la gente se moría, con respirador y todos los tratamientos posibles. Se empezó a ver que mucha de esa gente moría de paro cardíaco, independientemente de los pulmones. Se empezó a ver que el virus causa daño directo al corazón, independiente del sistema respiratorio. Después se empezó a ver que hay afecciones en otros órganos, una afección directa del virus en los vasos sanguíneos; (hay) pacientes que hasta seis meses después de la infección quedan con síntomas. Están con problemas con pérdida de memoria súbita o que le falta el aire descansando. Creo que hay que respetar la patología. Es un virus que no tiene precedentes, una pandemia que no tiene precedentes. Hay que hacer lo posible para tratar de cuidarse, de no infectarse. No pensar que si me pasa a mí no me va a pasar nada porque soy joven. Es verdad que, en general, la mayoría de la gente joven no tiene problemas graves, pero hay un porcentaje que los tiene. Y cuando le agarra, le agarra gravemente. Entonces dónde uno pone en la balanza a quién le va a tocar. Todavía estamos intentando entender las razones de por qué algunas personas se enferman mucho peor que otras. Entonces el consejo es tratar de no infectarse. Lo mejor es aguantar. La Argentina ya viene aguantando, estamos mucho más cerca de la vacuna, tratar de aguantar y que llegue la vacuna. (...) La mayoría de las vacunas que se están probando hicieron una respuesta inmune, que es lo que se quería probar. La gente desarrolló anticuerpos. Los anticuerpos eran parecidas a las que desarrollan los que se enferman. Entonces son signos muy positivos que dan la confianza de que estadísticamente hay muy buenas posibilidades de que las vacunas funcionen. Hay distintos tipos de tecnologías, algunas que no se usaron antes. Es verdad. Pero por eso se están haciendo los ensayos clínicos multimillonarios para tener toda la información científica para mostrar que se puede usar y hacerlo de una forma segura.

¿Cómo se puede trabajar para “el después”?

R: es un nuevo futuro, sin duda alguna. Ya se sabe que la nueva normalidad no va a ser la anterior, al menos por el tiempo. Es una pandemia única en ese sentido. Yo no creo que en julio del año que viene la gente se vaya a olvidar del covid (a pesar de la vacuna); no sé si la situación va a volver a como eran antes. Sin dudas que va a llevar un tiempo, incluso con una vacuna muy buena. La nueva norma va a ser un signo de pregunta grande que lo sabremos el año que viene, o de aquí a varios años.

G: el golpe fue tan grande que la esperanza es que los países se pongan otra vez en la conciencia de estar mejor preparados. Se veía hace años que iba a pasar (una pandemia) en algún momento y pasó, y no estábamos bien preparados. (Hay que ver) cómo los países se preparan para que, si esto vuelve a pasar, evitar que tenga un precio tan alto en cantidad de gente (infectada), de gente desocupada, en cantidad de muertos.


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