UN GANADOR. César Monasterio, con la copa que ganó en el Saint Omer de Francia, por el Tour Europeo. En los últimos tiempos, se consolidó jugando el Senior Tour, en distintos países.
Antes de que su carrera deportiva logre una estabilidad ya en su etapa de golfista senior, incluso antes de la gran alegría que vivió en Saint Omer, donde ganó su título del Tour Europeo, César Monasterio vivió un momento único, de esos que marcan en la vida.
-¿Qué fue lo que viviste, César?
- Aquel gran momento lo tuve en 1994, cuando gané mi primer torneo como profesional, en Rosario. Era el Abierto de Rosario, en el campo de Fisherton.
La confesión de “Okín” no llama la atención. Hombre con miles de kilómetros en el lomo, yendo y viniendo de un torneo a otro, a los 57 años es un agradecido del deporte que eligió jugar siendo un adolescente. Lógico, también es un agradecido por haber ganado aquel torneo rosarino.
“Tenía 31 años. Recién era mi cuarta temporada como profesional. Fui aspirante desde los 16, y a los 19 tuve que hacer el servicio militar, por lo que perdí envión. En aquellos tiempos era difícil volver a jugar, además los caddies no teníamos muchas oportunidades para poder hacerlo. Fueron ocho años en los que no toqué un palo”, recuerda.
“Todo lo mío llegó tarde. Pero llegó”, dice Monasterio, antes de contar cómo logró ganar el mentado torneo rosarino de 1994.
“Mi rival en la definición era Ángel Cabrera. El martes anterior, practiqué con él. Jugamos un partido en la práctica, y llegamos al tee del hoyo 18. Entonces me paré, lo miré a mi caddie, ‘Coco’ Montero, y le comenté: ‘el domingo cuando llegue aquí, voy a hacerlo con dos golpes de ventaja’. Lo miré al ‘Pato’, y le dije: ‘y a vos voy a sacarte seis’. Él me miró. ‘Si vas a jugar solo…’ Apostamos una cena. Le saqué siete”.
Monasterio todavía recuerda detalles de aquella definición. “Curiosamente todo se dio como lo había vaticinado. Hasta me di el gusto de cambiar la estrategia en el final. Al último golpe lo hice con un driver, y salió perfecto”.
El golfista yerbabuenense aporta un dato más, fuera de la conquista propiamente dicha. “Como había una apuesta pendiente con Cabrera, la cumplió el mismo domingo. Luego del cierre del torneo, nos fuimos en auto a Buenos Aires porque íbamos a jugar un Torneo de Campeones. Nos detuvimos en Pilar, en una parrilla. Era un grupo de siete personas, brindamos y festejamos mi título. Eso sí, ¡nos corrieron a la medianoche!”
Monasterio es mucho más que aquel triunfo. “Cuando empecé a practicar golf y llegaban los profesionales a Tucumán, soñaba con vencer en un torneo. Tuve que andar bastante hasta lograrlo. Quería ser profesional y después, si podía, ganar. Primero lo hice en la Argentina. Después, tuve otros momentos…”
Ese después para él tiene un hito en su carrera: el St. Omer Open, en Francia, en junio de 2006. Monasterio, a esa altura ya de 42 años, lo ganó de atropellada y se dio un gran gusto en Europa. Empezó la vuelta final a cinco golpes de la punta, pero al entregar una tarjeta de 67 unidades (global de 274) en la ronda final, pudo superar por uno a sus dos escoltas, el sudafricano Martin Maritz y al sueco Henrik Nystrom.
“Estaba teniendo una buena temporada, que mejoró totalmente con ese triunfo. Me permitió convertirme en miembro del Tour Europeo por dos años” recordó “Okín”. Era su segunda experiencia en Europa, luego de haber estado en el tour en 2004, llegando desde la Escuela clasificatoria, aunque sin lograr mantener la tarjeta.
Pero no sólo de recuerdos vive el hombre. Monasterio, hoy en Yerba Buena debido a la pandemia, se prepara para volver competir. “Estoy practicando todos los días, en todas las canchas que tengo cerca de casa. Sé que todo está difícil para regresar, incluso nosotros tenemos cancelada la temporada 2020 en el Senior Tour. Pero hay una chance de jugar en Madagascar y Mauricio a fin de año. Este es un deporte que mientras estés bien, te permite seguir a fondo”. Genio y figura, aun en días complicados.








