NO SÓLO CAÑA. Uno de los focos de las quemas son los basurales, debido a la falta de gestión de residuos
“Se prohíbe en todo el territorio de la Provincia la quema de vegetación enraizada, arraigada, aclimatada o seca, para evitar la degradación de los suelos, la atmósfera, los daños a la salud de la población y el desequilibrio del ecosistema”, establece la ley provincial 6.253, de Medio Ambiente, y dispone además un plan de erradicación de quemas y un sistema de beneficios y castigos. Clarito, ¿no? Pero se puede ser aún más claro: “la quema, y no sólo de caña, es un delito; penalmente, tan delito como un homicidio”, dice a LA GACETA, contundente, el abogado Facundo Moreno Majnach, subdirector de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Medio Ambiente.
¿Quiénes son responsables (por acción u omisión) del delito que implican los miles los fuegos que Defensa Civil y bomberos tuvieron que enfrentar estas semanas? Basta un poquito de experiencia en novelas policiales para saber que nunca encontrar el culpable y sancionarlo es sencillo.
“La primera sospecha cae sobre el cañero, actitud que asumimos todos hasta que conocemos la problemática... Y las cosas entonces ya no son tan negro y blanco”, advierte Moreno Majnach, y agrega: “hoy muchos productores son las primeras víctimas”.
“El pasado los condena (ver ‘¿Por qué...’), pero muchos productores han invertido varios millones de pesos en cosechadoras, y saben los beneficios del rastrojo para control de malezas e insectos”, añade Manuel Ponce, asesor del Consejo Regional de Experimentación Agrícola (CREA) y miembro de la Mesa Provincial de Gestión Ambiental (MGA) que lleva 10 años trabajando para erradicar las quemas. “Sería irracional que quemaran sus campos -agrega-; y hay que mirar más allá: no sólo se quema caña”. En efecto: los informes de Defensa Civil de la Provincia hablan de basura, pastizales, banquinas...
Nuestro “caso” se complica, no sólo porque hay más sospechosos: nadie que encuentre un cadáver se queda cruzado de brazos. ¿Por qué no actúa el sistema en estos casos?
“Las herramientas legales están, pero falta la conciencia de lo que se tiene entre las manos. Insisto, las quemas son delitos. Pero me pasó estar en los campos, detectar una, avisar a la Policía en la caminera... y que me contesten ‘tengo orden de controlar los autos que ingresan’”, relata Moreno Majnach. Y no está hablando de la pandemia. El problema tiene años, y ni los quemadores (de todo tipo) ni quienes deben controlarlos le dan el peso que tiene.
Volvamos a la normativa: “para evitar discusiones sobre el fuero de la Justicia que corresponde, la Resolución 33 (2014) del Ministerio Público Fiscal establece que el delito de quema es competencia de la Justicia Ordinaria de Tucumán, concretamente, de la Fiscalía de Delitos Complejos”, informa nuestro abogado, y agrega que, según el Código Procesal Penal de la Provincia, si el responsable es hallado en el momento de cometerlo (técnicamente, “en flagrancia”), el delito es no excarcelable.
Sobre esta premisa, podemos construir una hipótesis: el humo que hemos respirado estas semanas hace sospechar de más de un delincuente. ¿Se investiga quiénes son? Aparentemente, la respuesta es sí, pero no tanto, porque la investigación tiene dos vías, explica Moreno Majnach: la administrativa y la penal. “Las infracciones se combaten: sólo en julio hemos labrado más de 40 actas, y en agosto -calculo- serán cerca del doble. Pero con la pata administrativa, que es la que depende de la Secretaría de Medio Ambiente, no es suficiente”, resalta.
Incumbencias
La función de la Secretaría es llevar adelante un sumario administrativo. “Nos tocan la detección, la ubicación, la identificación catastral de la parcela y la del propietario, con todas sus trabas, porque en al área rural la titularidad de dominios es muy irregular; muchas veces las propiedades están en sucesión y ‘alguien’ las explota; o se arriendan... en la mayoría de los casos se trata de posesiones sin ningún registro -resalta-. Nosotros labramos acta de infracción y emitimos multa, que ejecuta Fiscalía de Estado”.
Sin embargo, agrega (y es una pista clave de nuestro caso), una copia va a la Policía y a la Justicia, que, como en todo delito, son los encargados de la investigación. Y esta pata renquea. “A nosotros nos lleva meses investigar un caso -cuenta-. Con una orden de fiscalía, la información se obtendría en horas”.
Sospechosos de siempre
“En algunos casos las primeras sospechas aciertan y al mismo tiempo, aparecen los atenuantes -destaca Ponce-. Hay productores chicos, que llamamos ‘cañeros ancestrales’, que no conciben otra estrategia que la aprendida de sus abuelos: la quema”. “Está arraigada en su cultura de trabajo; inciden esas barreras y las de formación”, coincide Moreno Majnach.
“Ayudar a superarlas es una de las tareas que nos propusimos en la MGA -afirma Ponce-. Trabajamos por el cambio de paradigma. Siguiendo al filósofo colombiano Bernardo Toro, proponemos ‘la ética del cuidado’: explicar y demostrar que hacer las cosas bien es negocio; y uno de los logros es que crece la cantidad de hectáreas certificadas como caña sin uso de fuego”.
Y los otros...
Pero, no olvidemos, los cañaverales no son los únicos focos ígneos. “En las zonas rurales muchos fuegos (y sus responsables) se relacionan con quema de basura, de banquinas, de bosques -enumera Ponce-. La sequía contribuye a esparcirlos. Y este año la situación climática ha sido muy grave. El último invierno así fue el de 2009”.
El caso se va poniendo cada vez más complejo. Casi recuerda al delito colectivo del “Asesinato en el Orient Express”, de Agatha Christie... Muchos dan su propia puñalada; nunca se sabe quién dio la mortal.
“Si las banquinas de las rutas estuvieran mantenidas, la gente que debe caminar por allí no les prendería fuego -resalta Moreno Majnach-. Aquí hay fallas oficiales”. “Y en las zonas sin recolección de residuos, ¿qué le queda a la gente sino el fuego (eterno símbolo de limpieza), como desde hace generaciones?”, se pregunta Ponce. Está claro que tiene la respuesta.
Pongámosolo en palabras: la Policía no controla, la Justicia es lerda (y confirma lo de ciega); reparticiones públicas “olvidan” responsabilidades; autoridades municipales o comunales, también. Y los ciudadanos seguimos esa huella. El cuidado del ambiente entrelaza muchísimas variables, y es -por eso- responsabilidad de todos. Y hay quienes sí se la ponen al hombro.
Los agentes que sí
Gracias a la labor de la MGA, en 2019 se quemaron 36.000 hectáreas menos de caña que en la campaña anterior. “Nuestra meta es erradicar las quemas; el camino tiene altos y bajos, pero todos los días batallamos con el fuego. Este año la sequía no ayudó”, cuenta Ponce.
“En Medio Ambiente no hemos parado; pero somos 10 y todos hacemos de inspectores. Con los de efluentes líquidos llegamos a 20, contra miles de incendios; pero no aflojamos”, describe Moreno Majnach.
“Batallamos y seguimos. El objetivo no se logra demonizando; se logra con acción, educación, capacitación. Pero tenemos que ser más; tenemos que ser todos, en realidad. Hasta una colilla genera incendios -resume Ponce la acción conjunta de muchos-. No somos la noticia que vende, pero este el único modo de cambiar”.
¿Por qué quemamos?
Historia de una práctica difícil de erradicar
“La producción de azúcar en Tucumán tiene 200 años, y hasta la década de 1960 la cosecha era manual. La caña la ‘pelaban’ en el campo generalmente ‘los changuitos cañeros’, y la quema era una forma de aliviar ese trabajo”, cuenta Manuel Ponce, de la Mesa de Gestión Ambiental (MGA). “En la década del 70 llegó la cosecha mecánica, pero se mantuvo la quema para que la caña llegara limpia al ingenio. Era estrategia de los productores, ¡y se quemaba la provincia completa!”, agrega. Unos 20 años después, gracias a una mayor conciencia ambientalista, gran parte del sistema productivo pega un vuelco. “Hubo cambios en la legislación, en los modos de cosechar, en los ingenios, en las instancias de control...”, enumera. En ese marco, desde hace 10 años la MGA genera estrategias de erradicación de quema de caña con programas de educación (aunque no participen el Ministerio de Educación ni del de Producción, destaca Ponce); capacitación a productores y cosechadores. Uno de los logros más importantes es el diseño y la puesta en práctica de la certificación de “Tucumán Caña de Azúcar Sin Uso del Fuego”; en tres años se logró certificar 45.000 hectáreas (empezaron con 300). Entre otros, forman parte de MGA: INTA; Secretaría de Medio Ambiente; EEAOC; Bomberos Voluntarios de Las Talitas; Siprosa; Defensa Civil; Fiscalización Ambiental; productores; Proyungas; ingenios y la Sociedad Rural.








