La María Julia del Macrismo (y El Lenguaraz del Zapato)

El Servicio de Inteligencia es aquello que el Poder Político quiere que sea.

12 Jul 2020
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Escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella
, especial para JorgeAsisDigital.com

Para conocimiento de Máximo Kirchner, En el Nombre del Hijo; de Sergio Massa, El Conductor; de Horacio Rodríguez Larreta, Geniol; de María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo; de Martín Lousteau, Personaje de Wilde.
También -por qué no- para conocimiento de Alberto Fernández, El Poeta Impopular, y de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
Y, en fin, para La Doctora.

Asunto: “Mamarracho de la Inteligencia”

Para los sujetos que puedan, como estadistas, reconstruir la institución del secreto, irresponsablemente destruida.
El espectáculo que generosamente se ofrece es motivo de carcajadas entre las agencias de inteligencia que mantienen estaciones en el país.
Conforman la diplomacia clandestina del espionaje.

El Servicio de Inteligencia es aquello que el poder político quiere que sea.
Instrumento eficaz para controlar la Justicia. Fuente de trabajo para los amigos que no se sabe dónde colocar.
Fuente de financiamiento para robarse los fondos reservados, o utilizarlos como mecanismo de conducción política a través de la aceitada cadena de la felicidad.
Sobresueldo para los propios, pero que incluya a los adversarios escogidos.
O a los responsables de polos de poder. Justicia, Iglesia, titulares de Estados Mayores.
Otra opción, la más sensata, consiste en crear un servicio de inteligencia de verdad que valorice la concepción del secreto.

Que no se adapte a la concepción de ningún «sótano».
Que aporte al poder político informaciones indispensables para una estrategia (siempre a definir).

Festival del desatino

El informe participa del respeto que debe mantenerse a cada agente.
Y que, como se nota en las ceremonias del escándalo, no se dispensan -los agentes- ni a sí mismos.
No se menciona el nombre del Lenguaraz del Zapato, que supo fotografiarse sonriente con el zapato a lo James Bond.
Tampoco se identifica a la dama enigmática prematuramente catalogada como La María Julia del Macrismo.
Sobre ella seguramente van a cargarse todas culpas de la última gestión que hizo, de 25 de Mayo 11, un festival del desatino.
Proliferan testimonios efectuados en las sesiones secretas del Parlamento Bicameral.
Como los testimonios efectuados ante el juez federal transformado, al mismo tiempo, en protagonista de los hechos delictivos que juzga.
El Juez fue cambiado por otro juez consolidado que pugna para que la geografía burocrática no se modifique.
Que del suburbio relativamente elegante de Lomas de Zamora no se traslade al edificio inerte de Comodoro Py.
Los testimonios que se contradicen dejan peor parado a la última gestión de Inteligencia. Conducida por un Señor 5 presentado, por el entonces 1, como un pícaro conocedor de trampas.
Y por una dama activa, la Señora 8, ligeramente astuta, de fortuna personal, que puede pasar a la historia como la María Julia del Macrismo.
Movimiento político, el macrismo, que fue presidido por el Ángel Exterminador, El Buen Producto Desperdiciado.
Consta que contuvo el máximo apoyo internacional para culminar, en la evaluación de este informe, en un gobierno de mamarrachos.
“Botones que eran tan botones que se espiaban a sí mismos”.
Lo sintetizó un sindicalista, al que le tenían la celda preparada. Contigua a la de su padre.
Por el pedido que el titular de “jurídicos” le hizo a otro juez desobediente.
“Hay interés de lo más alto en que padre e hijo vayan presos”.

Trascendencia de “Jurídicos”

Jurídicos fue más importante, en el tramo macrista, que Análisis. Que Reunión, Operaciones y Contrainteligencia.
Porque las travesuras idiotas que planificaban, y que debían ser instrumentadas por el Lenguaraz del Zapato, mantenían la cobertura judicial.
El armado de causas que le daban apariencia legal a las travesuras de los “pumas de Bengala”.
Como caminar, por ejemplo, a La Doctora.
Para fiscalizar quién entraba o salía, preferentemente con bolsos de marroquinería, del Instituto Patria.
Pero los giles eran tan giles y poco profesionales que desmoronaron el prestigio que supieron tener “los federicos” (inteligencia de la Policía Federal).
Ni en 25 de Mayo 11, ni en las distintas bases vendidas (como Billinghurst) ya quedaban profesionales.
Como los formados por Jaimito, o por El Asesino Favorito (el que se penetró a la Condolezza). O Fernando, el que solía disfrazarse de croto.
Llegaban en aluvión los policías de la ciudad. Los que antes habían sido federales. Les alquilaban un bulín. Pilar.
Para colmo, varios de “los polis” estaban “en comisión”. Y distaban de estar formados para el seguimiento de calle.
Comprensible, pero los giles no podían ser tan giles como para estacionarse frente al Instituto Patria en uno de los Volkswagen que habían sido comprados por el interlocutor de La Doctora.
Cuando Oscar Parrilli, El Incomparable Godfrey, aquel de los memorables diálogos telefónicos, fue Señor 5.
Y llegó para acabar con las huellas de Jaimito. Con las proezas del Asesino Penetrador.
“No puede ser. Estos son tan b… que nos espían desde el auto que les compramos nosotros”.

Los espías y la jubilación

Otro punto alto de nuestros espías que merecen ser tratados por Le Carré, fue cuando recibieron la orden de caminar, entre tantos propios, a Diego Santilli, El Bermellón.
Aquí los espías, enrolados en la Logia Super Mario Bross, entraron en problemas de conciencia. Motivo de análisis para un lacaniano.
Santilli estaba a cargo del Ministerio de Seguridad del Maxi Quiosco.
Y uno de los que debía espiarlo era un poli de la ciudad que estaba en comisión.
“¿Como iba a caminar a su Jefe?”.
Justamente su jefe podía resolverle el dramático problema de la jubilación.
Y nuestro precavido personaje de Le Carré necesitaba, explicablemente, jubilarse. Finalmente le contaron al sensibilizado Santilli que tenían que espiarlo.
El Bermellón agradeció. «Gracias, Turco querido».
Es perfectamente previsible entonces la carcajada del inglesito del MI 6.
Del yanqui de Langley (que procede de Montana), o del israelí fornido que pide delivery en Mishiguene. Del español de La Casa, que aún admira a Mangiano.
«Estos son espías improvisados que no sólo mueven la ligustrina».
Por dramones convenientes de conciencia le advierten, solidarios, al espiado.

Hasta las manos

Los testimonios permiten inferir que “los muchachos están hasta las manos”.
Los deslizamientos institucionales del Lenguaraz del Zapato atraviesan la burocracia.
Desde La Pampa de Tierno hacia Patricia, La Rambita. Hasta la dependencia cantada de La María Julia del Macrismo.
Y los piadosos que estaban en el medio, pasados como alambre caído, tenían sobre el Lenguaraz del Zapato “responsabilidad administrativa pero no operativa”.
Pero no tenían dónde quejarse. Ni a quién enviarle la impotencia de un memo.
A cargo de ex mujeres del Señor 5 que se conocía las trampas. Amigos leales de «Jurídicos». De Asuntos Internos.
O hasta el relato del increíble chef que no tiene desperdicio (no se trata en el informe por perdonable pudor).
Para concluir, mientras la diplomacia del espionaje disfruta con algarabía del derrumbe de la inteligencia argentina, basta con referir lo que dijo el profesional de la contrainteligencia.
Prefirió mudarse hacia otra estación. De Argentina en el exterior. Mejor rajarse como diplomático trucho en un país fronterizo.
“Yo soy peronista, a mí no me pueden mandar a seguir políticos peronistas”.
Consta que la literatura de espías no debiera concentrarse, tan sólo, en las nostalgias de la Guerra Fría.

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