Hecho en casa: el "hágalo usted mismo" vive su época dorada

La cuarentena nos obliga a pasar mucho tiempo en el hogar y es una inmejorable oportunidad para revalorizar las manualidades.

11 Jul 2020 Por Lucía Lozano

Mucho tiempo disponible. Deseos de ocupar la cabeza con algo. Ganas de sentirse útil. Placer por rescatar algo que estaba en el olvido. Estas son algunas de las razones por las que, en cuarentena, el “hágalo usted mismo” está viviendo una época dorada.

Basta un recorrido por las redes sociales para comprobarlo: por el confinamiento cada vez son más quienes valoran lo “hecho en casa”. Los rubros más explotados: carpintería, pintura, jardinería, panadería y repostería, herrería, costura y hasta bicicletería. Facebook e Instagran son vidrieras en las cuales los “creativos en cuarentena” muestran orgullosos sus producciones.

Otro termómetro que permite medir el interés de los tucumanos por encarar talleres creativos es el programa “Misión: quedate en casa”, del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia. Los cursos on line tuvieron entre abril y mayo 12.000 reproducciones en YouTube y 35.000 interacciones en Facebook, según detalló el coordinador de las actividades, Gustavo Calleja. Según adelantó, ahora están diseñando nuevas propuestas para mantener el interés en los cursos virtuales.

PARA QUE SE LUZCAN. Esteban Massa hizo soportes para las plantas de su familia.

Desde el 20 de marzo, con el decreto del aislamiento, se ha disparado la venta de herramientas para hacer todo tipo de muebles, cuenta Rafael Sosa, dueño de una ferretería. Estos locales eran de los pocos que estaban exceptuados y funcionaban durante los días más duros de confinamiento. Para muchos era la salida cotidiana: buscaban con qué iban a entretenerse cada tarde y llevaban productos de herrería y de pinturería. Augusto Paz se hizo una mesa de hierro y madera para el asador. Roxana Gali tenía unos palets apilados y construyó con ellos un juego de sillones con una mesa ratona. Sergio Centeno sacó la soldadora e incursionó con rodillos para usar bicicletas comunes como si fueran fijas.

CORTE Y CONFECCIÓN. En el Ingenio Cultural se dictan talleres para aprender costura.

También florecieron muchas costureras. Carolina Leira desempolvó una vieja máquina de coser de la familia, tomó cursos de corte y confección y ya cosió ropa hasta para el perro de la casa. Pero fue quizás el rubro panadería el más explotado: hacer pan casero y medialunas se convirtió en un boom, a tal punto que los cursos para aprender estas recetas tuvieron miles de visitas en internet. Marina Alonso, que participó del taller on line “Amasa tu propio pan”, contó que lo que más le atrajo fue preparar la comida con sus propias manos y economizar en los gastos, además de generar una actividad entretenida con sus hijos de 7 y 11 años. “Definitivamente el sabor hogareño marca la diferencia”, resalta esta joven mamá.

Una bicicleta para Emma

Miguel De Bassols es dueño de una agencia de diseño gráfico y desde que comenzó la cuarentena está trabajando en modo home office. “Hace tiempo que mi hija Emma me pedía una bici. Una amiga de mi esposa nos regaló un rodado usado. Cuando lo trajimos a casa, había que hacerle algunas cositas…”, cuenta.

COMO NUEVA. Emma le da vida a una bicicleta, reacondicionada en todo.

No pudo con su genio y desarmó toda la bici para dejarla como nueva. “Había que ocupar y despejar la cabeza en estos días de encierro”, se justifica. En realidad, se convirtió en un verdadero bicicletero. Compró repuestos, vio tutoriales de YouTube y visitó varias bicicleterías para sacarse algunas dudas. “Sé bastante sobre mecánica, me gustan las motos. Había trabajado en un taller hace unos años”, recuerda.

En dos semanas dejó la bicicleta como si la hubiese comprado nueva en un local. Adquirió repuestos de primera calidad (“le puse cubiertas y cámaras nuevas, ejes nuevos, puños, frenos completos”, detalla), pintó el cuadro de rosa y su esposa le retapizó la silleta. La satisfacción de ver a Emma andando en una bici que él mismo armó no tiene precio, afirma. Además, gastó mucho menos que si hubiera comprado una nueva.

Juguetes y cartones

A Fernando Rios Kissner lo movilizó el hartazgo por el aislamiento y el querer hacer algo junto a su hija Julia, de cinco años.

Acostumbrado a tener la agenda llena de eventos artísticos en su rol de gestor cultural, de repente se vio encerrado en su casa y aburrido, sin hacer nada. “Para mí fue como estrellarme contra la pared. Realmente la pasé muy mal. El insomnio, noches enteras sin dormir… Mi situación era desesperante”, confiesa. Primero decidió ordenar la biblioteca popular que tiene. Luego, mientras revisaba una baulera de su vivienda ubicada en Ciudadela, encontró 10 cajas de cartón que estaban en muy buen estado. “Ahí se me ocurrió hacer un castillo con mi hija”, relata.

METEGOL COMPLETO. Fernando Ríos Kissner recicló cartón en distintos juegos.

Salió a comprar trinchetas y pegamentos. Tras ver algunos tutoriales terminó construyendo un castillo soñado. “En eso empecé a encontrar en el cartón una cierta nobleza. Así que decidí ir más allá y recrear juegos. De a poco fui incorporando mecánica y perfeccionándome”, explica. Hasta él mismo se sorprende con los resultados y los mensajes que le dejan en Facebook. “No me lo esperaba”, confiesa.

Hizo un flipper que funciona a la perfección y dos metegoles (uno de ellos incluye patas y travesaños). A diario recibe donaciones de cartón para su trabajo. Incluso armó un minitaller que ya tiene desde escuadras de carpintero y lijadoras hasta todo tipo de herramientas. Ahora, está pensando en armar una exposición de los juegos en su centro cultural CiTá, Abasto de Arte.

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