Tenor Grasso debutó hace 25 años con una performance show y la música de Palito - LA GACETA Tucumán

Tenor Grasso debutó hace 25 años con una performance show y la música de Palito

El grupo inauguró un concepto distinto de exposición con sus particulares desfiles. A mediados de los 90 trabajó con una estética kitsch, con contenidos divertidos e irónicos.

14 Jun 2020 Por Jorge Figueroa
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COLECTIVO DE CREADORES. Tenor Grasso reunió a exponentes destacados de distintas manifestaciones artísticas para innovar en la performance.

Hace 25 años las artes visuales vivieron momentos relevantes en Tucumán. Una parte importante de lo que se llamaría arte contemporáneo luego, debutaría en 1995. La exposición “Al borde” llegó a Buenos Aires con la publicación de una nota en la revista La Maga y después, con “Recorte”, al Museo Castagnino de Rosario.

Pero sin dudas, fueron los desfiles de Tenor Grasso los que asombraron y plantearon una relación distinta entre el arte y el diseño, la pasarela y la performance, que venía con una tradición conceptual de los años 80.

Cuando llegamos a la esquina de Laprida y Córdoba ese martes, había una larga fila para ingresar a La Zona. La gente estaba sentada en sillas y en el piso, en un espacio que no lograba contener tanta cantidad de interesados. Se presentaba como “Nueva Moda que hace trizas la nueva moda. Tenor Grasso Collection”.

La primera reunión del colectivo creador detrás de la propuesta fue el 21 de febrero de 1995, cuando se escribe el nombre del grupo, que atesora Jorge Lobato Coronel, narrador central de la historia (ver “Que desfilen...”). Pero ya venía encontrándose con Claudia Martínez y Rodolfo Bulacio. “Por estos días ya estábamos preparando el estreno del 11 de julio, pensando si servíamos platos descartables con una montaña de merengue rosa para que el público coma. Con Claudia y Rodo vimos la película ‘La flor de mi secreto’, comíamos en Macarone (restaurante de Barrio Norte) y, con pelucas a veces, en Lisandro. Boliche después, por supuesto. Con esa alegría pudimos despegar del under. Éramos muy felices”, le cuenta a LA GACETA Lobato Coronel.

El grupo realizó 11 desfiles entre 1995 y 1999, y cerró con “Tenor Grasso cambia la historia de la coloración”. Se presentó en museos, espacios privados (La Zona y El Siambón), el Jockey Club, el boliche Coyote y la Facultad de Artes de la UNT y hasta tuvo propuestas para animar fiestas.

¿Mucho kitsch? “Totalmente, la Rodo lo impregnaba. Crecimos con los temas de Palito Ortega y de Sandro y los boleros, veíamos las películas de Pedro Almodóvar”, agrega el artista. Bulacio (asesinado en 1997) demandaba que la forma de mostrar sea “irónica y divertida”, pero “sin caer en un acto de fin de curso”.

La Zona (en Laprida 276, altos, administrada por Ricardo Sobral y Patricia Llabra) había abierto hace apenas meses antes del debut. Y en octubre anotó una gran fecha con la performance en la cual Rodo se casó con el arte (“Mucha karakatanga en la koctelera”). No era un espacio de grandes dimensiones. Con alguna comodidad podían permanecer 50 personas, pero en las fiestas ese número se triplicaba.

“Había entre nosotros ganas de hacer algo distinto y la necesidad de experimentar en compañía”, recuerda Claudia Martínez que desde el nuevo milenio vive en Valencia (Europa). Con Tenor Grasso se incorporaba el espectáculo, el show.

En esa noche del martes quedamos sorprendidos. Sabíamos que la performance venía en tono de fiesta, pero no imaginamos tanto. Todo era muy kitsch, la escena del encuentro de una pareja en una mesa y la aparición de una tercera en discordia, con un extravagante atuendo, desató las risas de todos. Había artistas que actuaban de modelos y modelos que eran artistas.

En la primera puesta en La Zona, una escena con el bolero de Luz Casal llegaba al melodrama, entre forzados gestos y ademanes.

Bussi y Menem

El general Antonio Bussi había ganado las elecciones y en octubre asumía, luego del gobierno de Ortega; y Carlos Menem se encontraba en su momento de gloria. La Fundación Antorchas visitaba la ciudad, así como una serie de críticos de arte y pensadores. Fueron los años en que Tucumán se abría a Buenos Aires y al exterior, lo que se advertirá mucho al concluir el siglo.

La salida del encierro artístico permitió “abrir la cabeza”, sin que ello signifique un juicio de valor. En la gran ciudad se imponía el denominado arte light y la cultura del Centro Rojas, tan criticada como representativa. Los debates entre el “rosa light y el rosa luxemburo” eran apasionantes. La estética kitsch se presentaba con la exhaltación del exceso y una recargada puesta; objetos raros, bizarros, artificiales. En su programa de televisión (“El banquete telemático”), Jorge Klemm lo remarcaba: “el kitsch es una exacerbación de lo artificial y lo desmesurado”.

Pasión y energía

“La memoria ha filtrado los ruidos propios del momento presente, y desde el hoy pienso y recuerdo la pasión y la energía que nos movilizaba hace 25 años. Deseábamos formar un colectivo, encontrar las personas adecuadas para debatir, teorizar, planificar e improvisar, jugar, fantasear, trasnochar, divertirnos, enojarnos, dividirnos y reírnos mucho. Dicho así, como si se tratara de hacer la lista de las compras parece fácil, pero no lo era y, aún así, concretamos todas esas acciones”, añade Martínez.

“Fuimos transitando de la exposición colectiva al espectáculo, lo que nos llevó a asumir la coordinación de muchos lenguajes que nos eran desconocidos con la valentía que te da la ignorancia, pero con la determinación que te da el convencimiento. Logramos movilizarnos y movilizar la gente a nuestro alrededor que quería ser parte y colaborar, fue complejo y también reconfortante -describe la artista-. Nos hicimos amigos entrañables, de la noche y del día, de los viajes, del año nuevo y los cumpleaños, también de los aniversarios de las pérdidas. Algunas veces logramos coincidir, recordamos y volvemos a fantasear, ¡cómo no! con ‘Tenor Grasso, el retorno’, nos reímos un rato más y por suerte siempre se nos pasa”.

PRESENTACIÓN. Actores y artistas se transformaron en modelos y diseñadores en La Zona.

Intenso

El actor y director de teatro Jorge Gutiérrez se incorporó en el segundo desfile; realizó el montaje y la coordinación en el Museo Timoteo Navarro y se quedó hasta el final. “Fue la experiencia que más marcó mi carrera y mi mirada sobre el arte. Modificó mi manera en toda mi producción. Fue muy intensa, con mucho compromiso y con la riqueza de la mirada de cada artista. Todo fue así: en las reuniones y en las fiestas”, resume.

“Éramos un grupo muy diverso en todos los sentidos y ese fue el éxito de la propuesta artística” dice Rolo Juárez, quien también se incorporó en la pasarela del Museo. “Fue un momento muy creativo y especial dentro de mi carrera, me permitió vincularme artísticamente y tuvimos la oportunidad de tener un éxito de público y de crítica casi inmediato. Participé hasta el último desfile”, recuerda.

Después del crimen de Bulacio, Tenor Grasso continuó hasta 1999, pero ya nada era igual. La diversión y la ironía, tal vez, comenzaron a apagarse con la muerte de Rodo.

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