Les dan un mordisco a las plantas para hacerlas florecer

Si no hay polen a tiempo, ciertos abejorros lo “gestionan”. El impacto del cambio climático.

07 Jun 2020 Por Claudia Nicolini

Casi por casualidad (serendipia se llama en ciencia el hallazgo logrado buscando otra cosa), investigadores del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich (ETH Zurich) descubrieron que abejorros silvestres desarrollaron un modo de obligar a las plantas a florecer. Como tantos otros insectos polinizadores, los abejorros obtienen su comida de las flores, y, a cambio, las fertilizan. Este intercambio es crucial que ocurra para garantizar la vida en el planeta. Pero ninguno se beneficia si no están sincronizados.

La investigación del ETH, publicada originalmente en la revista Science, demostró que, perforando las hojas de las plantas, los abejorros hacen que florezcan, en promedio, 30 días antes de lo que lo harían normalmente. El estudio fue reproducido por la revista Cientific American.

Una de las ecólogas autoras del estudio, Consuelo De Moraes, contó que estaban observando una especie de ese insecto en un experimento no relacionado con este hallazgo cuando notaron que dañaban las hojas de las plantas. Y como investigaciones anteriores habían mostrado que el estrés puede inducir a las plantas a florecer, se preguntaron si podrían estar creando flores “a pedido”. Todavía no está claro cómo evolucionó la “técnica” de los abejorros ni por qué las plantas responden a ella, pero hay hipótesis fuertes.

“El mundo se está modificando. El cambio climático está produciendo desfases entre la floración de las plantas y las necesidades de sus polinizadores, cuya reproducción depende de ellas”, destaca la bióloga tucumana Silvia Lomáscolo, del Instituto de Ecología Regional (IER). “Y en el ‘mordisco’, los abejorros parecen haber encontrado una ‘herramienta’ -entendida como elemento que permite modificar el ambiente en beneficio de la subsistencia- para sobrevivir a esos desfases”, explica.

“Mantener la sincronía con las flores es un desafío ecológico clave para los polinizadores”, destaca el paper publicado en Science. “Lo que encontramos puede tender a mitigar las interrupciones debidas al cambio climático”, resalta por su parte Mark Mescher, también ecólogo en ETH Zurich, sobre la conducta descripta.

EL EFECTO DE LA SALIVA. Investigan cómo acciona en la floración.

La investigación

Luego del hallazgo, y para constatar que no fuera una cuestión azarosa, el equipo colocó un grupo de “hambrientos” (lo que técnicamente se dice “privados de polen”) junto con plantas de tomate y de mostaza, dentro de jaulas de malla, y los abejorros pronto hicieron varios agujeros en las hojas de cada planta.

Entonces, para asegurarse de la relación causa-efecto, los investigadores replicaron -con pinzas y una navaja de afeitar- el “mordisco” en otras plantas. Los dos grupos florecieron más rápido que “al natural”, pero las pinchadas por los abejorros florecieron semanas antes que las otras, lo que sugiere que los químicos de la saliva de los insectos pueden estar involucrados.

Además probaron si los abejorros continuaban dañando plantas cercanas a su nido, incluso si hubiera flores disponibles más lejanas. Y siguieron a los mordiscos. “Puede tener sentido este comportamiento si ayuda a poner en línea los recursos locales antes”, resalta Mescher. Los hallazgos sugieren que se trata de una adaptación que maximiza la eficiencia de búsqueda de polen.

Adaptación

El paso siguiente es investigar cómo pudo evolucionar el comportamiento y qué tan extendido está entre otras especies de abejorros silvestres. “Un comportamiento adaptativo funciona por selección natural. Y las colonias de insectos como las de los abejorros, en las que sólo la reina y los machos dejan descendencia (o sea, la mayoría de sus integrantes son genéticamente idénticos y la selección natural podría operar al nivel de todo el nido) son un foco de estudio particular”, resalta Lomáscolo.

“Hay que pensar -agrega- que el abejorro no ‘decide’ ir y morder la planta a ver qué pasa. Lo más probable es que ese comportamiento haya sido propio de algunas colmenas y de otras no. Y que en las colmenas en las que existe ese comportamiento y que están sometidas a los desfases de los que hablábamos antes, hayan resultado beneficiadas evolutivamente: se reprodujeron más. Y ese comportamiento está presente en las nuevas generaciones”.

Dicho de otro modo: la evolución se da a nivel de las poblaciones, no en el curso de la vida de un individuo. Y se produce porque individuos con ciertos genes logran con mayor éxito la supervivencia y pasan sus genes a la siguiente generación en mayor medida que los que no lo logran.

¿Y las plantas?

Otra línea de investigación es buscar qué sucede en las plantas a nivel molecular después de una picadura de abeja. Comprenderlo puede ayudar a predecir mejor la capacidad de los abejorros para prosperar en el futuro, que amenaza con alterar la delicada sincronía de las relaciones entre polinizadores y plantas. Y con ello, simplemente, la vida.

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