MAESTRO Y DISCÍPULA. Después de 15 años, la artista cortó la relación con Rodin. Su familia, luego, la confinó en un manicomio donde vivió 30 años.
“La pasión de Camille Claudel” (1988) no solo cuenta una historia de amor, de intensos encuentros y desencuentros, sino de disputas y conflictos violentos.
Bruno Nuytten dirigió a Isabelle Adjani y a Gerard Depardieu en este tormentoso relato, que pone en evidencia mucho más: pertenece a ese tipo de realizaciones que, tal vez sin proponérselo, visibilizan el estado de situación de una sociedad determinada.
Cuando se inicia el filme, la joven rebelde de la familia, Camille Claudel, se escapa a excavar barro en una callejuela de París, que utilizará para construir sus torsos. Luego de ingresar a una academia, ella y su amiga logran que el gran Auguste Rodin visite su departamento para ver sus ejercicios de rostros y torsos.
En su rápido paseo, el maestro les dice que al barro “hay que trabajarlo”; que la escultura se toma su tiempo y que hay que dejarla descansar para después juzgarla mejor. Que la inspiración no existe.
En estas escasas líneas están planteados interesantes debates del arte que el creador de la escultura moderna redefine, alejándose de los cánones académicos y decorativos de la época; Rodin dio espacio a los miedos y las frustraciones de sus personajes, no idealizó la realidad. Aunque continuó utilizando los materiales de su tiempo, el yeso, el bronce, el mármol.
Camille fue colaboradora en el taller y pasó a ser su musa, modelo y amante. Él tenía 43 años; ella, 19. Rodin le encargaba modelar las manos y los pies de la mayoría de sus figuras, como en la famosa obra “La puerta del infierno”, que contiene 300 personajes.
Pero a pesar de esta pasión el maestro no quería abandonar a su esposa, a su familia.
Y sucedió lo que posteriormente se naturalizó hasta no hace mucho: las intimidad de los maestros con sus modelos: Pablo Picasso, Andrés Rivera son apenas dos de una larga lista.
Las infidelidades y el no reconocimiento exasperaban a Camille, de quien se aseguraba que había sido coautora de algunos trabajos. Incluso participó en el famoso conjunto “Los Burgueses de Calais”.
¿Qué tanto le debe el discípulo al maestro; y qué, este a aquel?
El tema planteado en el siglo XIX, tiene siglos de antecedentes: hasta en la actualidad se debaten históricas pinturas de los artistas renacentistas.
Hoy se discute la autoría, cuando nada lo tiene o lo garantiza.
Claudel realizó “Sakuntala” (1888), “Busto de Rodin” (1889) o “El vals” (1892), en los que imprimió un fuerte contenido emocional. En esos años su madre y su hermana se convirtieron en sus principales enemigas y Camille abandonó el hogar familiar.
“LA EDAD MADURA”. En estas piezas de bronce, Camille se autorretrata.
Después de 15 años de amor y trabajo conjunto, cortó la relación con Rodin, harta de infidelidades y de ser solo la amante o la alumna. Sus reacciones se dirigieron a atacar sus esculturas, a destruirlas. Su familia la internó luego en un manicomio, en el que permaneció los últimos 30 años de su vida. De esta etapa trata la película “Camille Claudel 1915”, protagonizada por Juliette Binoche y dirigida por Bruno Dumont (2013).
La modelo
Como si se tratara de un juguete, la modelo del maestro se presta, sumisa, a sus deseos.
En el minuto 35 (“La pasión de Camille Claudel”), Rodin le muestra a Camille cómo se hace: acomoda a la modelo desnuda en una posición y luego ubica sus piernas, su cuerpo y sus brazos en diferentes direcciones; gira su cabeza hacia abajo. Y mientras mueve la mesa, afirma: “uno sólo puede ver los perfiles en la sombra”.
En otra escena, el escultor, con los ojos cerrados, toca suavemente el rostro de Camille, y define sus pómulos, ojos, la nariz y la boca; los aprehende, los incorpora a sus conocimientos. Lo hace pensando en una próxima figura de su taller.
Los artistas que trabajan con modelos vivos o los docentes que enseñan con ellos, conocen que el tema no es menor. Saber ubicar al modelo es decidir lo que se se busca, lo que se quiere, lo que se desea. Es proyectar la obra.
Olvido y abandono
“La Edad Madura” es una de las grandes obras que Camille pudo finalmente firmar: un conjunto escultórico de bronce moldeado a yeso (1894- 1895)
Allí moldeó una figura varonil, un cuerpo amado con su brazo estirado retrasando la inminente partida; el cuerpo de Rodin. A sus pies, un cuerpo femenino y delicado, lleno de vida, pero desecho de pasión con los brazos alzados intentando detener la marcha.
Es un autorretrato premonitorio de su olvido y abandono. La última figura permanece amenazante, semioculta, es la de una anciana surcada de arrugas; Rose Beuret, esposa de Rodin. Sus mandíbulas, como tenazas acechantes, marcan la rendición de la carne en el tiempo, unos brazos y un rostro flácido, decadente. Cuando la descubrió, el escultor le hizo un escándalo; fue la ruptura final.
La mujer
El rol de la mujer es otro de los temas que aparece con claridad. El concepto tradicional de la mujer dentro de la historia del arte es el de la musa: mujeres que inspiraban a los grandes genios de las ciencias y las artes, mas no mujeres autoras o coautoras de sus propios logros.
En la construcción de este concepto quienes escribieron la historia fueron claros en la asignación de roles. Un ejemplo claro de esta exclusión de las mujeres en la historia del arte es el mito en torno al artista francés Auguste Rodin.
En la película está claro que Camille reivindicaba su condición de artista, porque era evidente que se encontraba a la sombra de... La profesora e investigadora de arte Estrella de Diego ya había hablado de este caso, cuando explicaba que la joven debió ser coautora de muchas de esas obras.








