“Comodoro Py” se quedó huérfano

04 Feb 2020 Por Irene Benito
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Claudio Bonadio tenía 64 años. ARCHIVO

Claudio Bonadio tal vez fue el más célebre de los 12 jueces federales porteños. Durante su extensísima magistratura -llegó a su despacho en 1994-, la institución que integró pasó a ser conocida como “Comodoro Py”. La denominación de la vía donde están emplazados estos Tribunales se convirtió en algo más que en un sinónimo de aquellos: “Comodoro Py” alude al polo polémico de poder construido sobre la base de la administración opaca de causas de corrupción atinentes al Gobierno nacional.

Bonadio se desempeñó como un “padre” de esa institucionalidad deformada y desacreditada. Sus movimientos oscilantes lo erigieron en un maestro de la capacidad -al último tan poco sutil- para acomodar la judicatura a los vaivenes del poder político. El juez Nº11 se identificaba con el peronismo y era colaborador del ex ministro Carlos Corach cuando el entonces presidente Carlos Menem lo mandó al Poder Judicial. Después, el ex ministro Domingo Cavallo lo ubicó en la tristemente famosa “servilleta” que incluía los nombres de los magistrados que Corach dominaba. Durante los años iniciales del kirchnerismo, Bonadio hizo “buena letra” con la Casa Rosada. Luego, fue el primero entre sus pares que olfateó el agotamiento del modelo. Aquel viraje lo había transformado en enemigo de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hacia el final de su mandato. Durante el macrismo, Bonadio asumió definitivamente el papel de acusador mayor del círculo de la ex jefa de Estado, quien lo había llamado “pistolero”, “extorsionador” y paradigma del “lawfare”.

Los ataques y las denuncias le engrosaron el cuero hasta límites nunca vistos en la institucionalidad argentina. Bonadio llegó a citar a la hoy vicepresidenta a siete indagatorias en el mismo día; a enviarla a juicio oral y a ordenar -infructuosamente por el escudo de los fueros- su prisión preventiva en distintas oportunidades. Tuvo una actuación mayúscula en la llamada causa de los Cuadernos de las Coimas y su supervivencia estaba en el centro de la escena desde el regreso del neokirchnerismo al oficialismo. Los cambios judiciales prometidos por el presidente Alberto Fernández en diciembre parecían llevar las iniciales del “apóstol” Nº11 de “Comodoro Py”.

Al último se especulaba con una jubilación con el beneficio del 82% móvil para Bonadio como la que había conseguido otro bastión controvertido de la Justicia Federal porteña, Norberto Oyarbide, en los albores de la gestión del ex mandatario Mauricio Macri. La muerte le evitó ese trance y la enésima peripecia frente al poder. Para un sector de la grieta fue un héroe y, para el otro, un villano. La historia resolverá ese juicio, pero pareciera que el corazón del juez dejó de latir en el momento oportuno. “Comodoro Py” perdió a uno de sus progenitores justo cuando ese sistema había entrado en una fase de decadencia pronunciada, y madura una reforma inspirada en evitar otros “Bonadios”, no se sabe si para fomentar la independencia judicial o para aniquilarla.  

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