"Me arrodillé pa' besarte y entregarte toda mi vida"

El apasionado romance de la actriz María Félix con el músico Agustín Lara vive en el famoso vals “María bonita”.

25 Ene 2020 Por Roberto Espinosa
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El corazón adolescente palpita sueños. Los besos laten en la imaginación de las tardes mexicanas. Si cada noche tuya es una aurora, si cada nueva lágrima es el sol, por qué te hizo el destino pecadora, si no sabes vender el corazón… “La hora íntima” que propala la XWE, es su programa preferido. Una suelta de mariposas en la pancita le desata la sencilla calidez de la voz del Flaco de Oro. “Yo me voy a casar con ese señor”, piensa con firmeza. Los 17 años que los separan no descorazonan su deseo.

Manantial de asombros es la vida. La belleza florece hasta hechizar a los estudiantes en la Universidad de Guadalajara. Un vendedor de cosméticos seduce sus 17 años y la lleva al altar. A los 20, llega Enrique, su único hijo. Se divorcia en 1938. Se marcha a Ciudad de México con el changuito a cuestas. Se emplea como secretaria en un consultorio médico. La voz sobresalta su sensibilidad vespertina. Farolito que alumbras apenas mi calle desierta. Cuántas noches me viste llorando, llamar a su puerta sin llevarle más que una canción, un pedazo de mi corazón, sin llevarle más nada que un beso friolento, travieso, amargo y dulzón… El juramento renace. “Será mío”, repite para sus adentros. Ni siquiera la cicatriz, recuerdo de una corista despechada, que perturba el rostro del Flaco, la apichonan. Latinoamérica ha comenzado a rendirse a los pies de él, Hollywood, también. Compone música para películas: México lindo, Carne de cabaret, Virgen de medianoche… Notables cantores comienzan popularizar sus piezas.

Ella está mirando vidrieras. Su lindura enciende las miradas. “¿Le gustaría actuar en cine?”, le pregunta inesperadamente el director Fernando Palacios, atraído por la muchacha. “¿Quién le dijo que yo quiero entrar en el cine? Si me da la gana, lo haré; pero cuando yo quiera, y será por la puerta grande”, le contesta. De la mano de su insospechado Pigmalión, las puertas del celuloide se abren para esos ojos hechiceros. 1943. Encarnando a Doña Bárbara en la película basada en la novela del venezolano Rómulo Gallegos, toca el corazón de los mexicanos, que se estremece aún más con la llegada de La mujer sin alma. La casualidad los encuentra por primera vez en la cabina telefónica de la calle de Reforma. Las miradas no se reconocen. Poco tiempo después, un amigo común, el actor Tito Novaro, los presenta. La seducción es a veces una hipnosis difícil de esquivar. Un vals en Re comienza a ronronear en el costado izquierdo.

Te dije muchas palabras de esas bonitas con que se arrullan los corazones, pidiendo que me quisieras que convirtieras en realidades mis ilusiones.

Las manos del deseo se enlazan. La fama del donjuán y de la femme fatale los une. El romance convulsiona las tierras aztecas. La tormentosa pasión no impide que ella visite nuevamente el altar en 1945. La Doña y el Flaco de Oro caminan juntos. La melodía bebe en el sentimiento.

Tu cuerpo, del mar juguete, nave al garete, venían las olas lo columpiaban, mientras yo te miraba, lo digo con sentimiento, mi pensamiento me traicionaba… La luna que nos miraba ya hacía ratito, se hizo un poquito desentendida, cuando la vi escondida, me arrodillé pa’ besarte y así entregarte toda mi vida.

La boda mantiene en vilo a todo el país. Ha sobrado tanta champaña que el Músico Poeta riega el jardín para emborrachar a las rosas. Todo va bien. Primeros tropezones. Los celos no son buenos consejeros. Los cortejos, los piropos, las galanterías que a menudo la aroman, lo ponen nervioso. Peleas. Discusiones. Reconciliaciones. Turbulencias.

Amores habrás tenido muchos amores… María del alma; pero ninguno tan bueno ni tan honrado como el que hiciste que en mí brotara…

Aquel amor, Noche de ronda, alimentan los momentos de felicidad, que hacia 1948 comienzan a marchitarse. El divorcio los aguarda con impaciencia. Pese a todo, María de los Ángeles Félix Güereña (1914-2002) es una afortunada porque con María Bonita, ese vals de Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino (1897-1970), conocido por el pueblo como Agustín Lara, derrotará el olvido.

María bonita
(Letra y música: Agustín Lara)

Acuérdate de Acapulco
de aquellas noches,
María bonita, María del alma.
Acuérdate que en la playa,
con tus manitas las estrellitas
las enjuagabas.

Tu cuerpo, del mar juguete, nave al garete,
venían las olas lo columpiaban,
mientras yo te miraba,
lo digo con sentimiento,
mi pensamiento me traicionaba.

Te dije muchas palabras de esas bonitas
con que se arrullan los corazones,
pidiendo que me quisieras
que convirtieras en realidades
mis ilusiones.

La luna que nos miraba
ya hacía ratito,
se hizo un poquito desentendida,
y cuando la vi escondida,
me arrodillé pa’ besarte
y así entregarte toda mi vida.

Amores habrás tenido muchos amores
María bonita, María del alma,
pero ninguno tan bueno ni tan honrado
como el que hiciste que en mí brotara.

Lo traigo lleno de flores
para dejarlo como una ofrenda
bajo tus plantas,
recíbelo emocionada
y júrame que no mientes
porque te sientes idolatrada.

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