Sínodo de la Amazonia: ¿porqué la iglesia habla de la crisis climática?

Como nunca antes había sucedido, una cumbre de obispos se ha ocupado del medio ambiente. Un biólogo, un doctor en Geografía, un ecólogo, un párroco y una laica tucumanos analizan las razones.

03 Nov 2019 Por Soledad Nucci
1

Por primera vez en la historia de la Iglesia, una cumbre de obispos ha discutido sobre valores ecológicos. El Vaticano ha hecho uso de sus influencias y de sus raíces en las sociedades para concientizar sobre el cambio climático y sobre la necesidad de respuestas inmediatas y a una escala sin precedentes. “Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios sino del mundo”, se le oyó decir al papa Francisco, hace unos días, ante obispos, cardenales y representantes de comunidades aborígenes.

Pero, ¿por qué? ¿Qué ha impulsado a las cabezas del catolicismo a reflexionar sobre el calentamiento global, la pérdida de la biodiversidad o la defensa de los indígenas? “La humanidad está abusando del planeta. No se da cuenta de que no tiene un planeta B. Hoy, el mundo necesita liderazgos para mitigar la crisis climática. El Vaticano asume ese lugar”, contesta el padre Jesús Fernández, de la parroquia de San José, en Yerba Buena. Según sus reflexiones, el catolicismo considera que la naturaleza es una parte esencial de la existencia. “Por ello, en su rol de evangelizadora, la Iglesia trata de cuidar la creación”, dice.

El biólogo Ezequiel Aráoz y el doctor en geografía Ricardo Grau piensan que este movimiento de la Iglesia puede resultar productivo, pues ha aprovechado la visibilidad espontánea que había adquirido esa región, debido a los incendios de agosto, para involucrar a diferentes actores. “Probablemente, en esta ocasión la Iglesia sea un buen ejemplo a seguir”, plantean.

Grau dirige el Instituto de Ecología Regional (IER), que es una unidad ejecutora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional de Tucumán. Araóz investiga para esa institución. Y ambos enseñan en la cátedra de Ecología del Paisaje, en la facultad de Ciencias Naturales. Justamente, en algunas de esas clases han charlado con sus alumnos sobre la necesidad de liderazgos para actuar contra la crisis climática. “La rebelión de los jóvenes, encabezados por la niña sueca Greta Thunberg, contrasta con las protestas de los Chalecos Amarillos, en Francia, donde se había promulgado un impuesto al carbono. Por un lado, los ciudadanos exigen que se preserve el medio ambiente. Pero por otro, se oponen a pagar el costo de preservarlo”, analizan los investigadores. Este patrón, observado en la ciudadanía, suele reflejarse, también, en las políticas internacionales, apuntan. Algunos líderes mundiales se declaran preocupados por el calentamiento pero se niegan a afrontarlo. Y ponen de ejemplo al presidente francés, Emmanuel Macron, quien dio marcha atrás con ese impuesto pero no tuvo pruritos en reclamarle a su par de Brasil, Jair Bolsonaro, por los incendios en la Amazonia. “Tal vez sea tiempo de pensar cuál es la situación de la Tierra, cuál es el rol de cada uno y cómo vamos a participar responsablemente hacia el futuro”, reflexionan.

El apocalipsis bíblico

Desde el 6 y hasta el 27 de octubre, se realizó en Roma el sínodo mundial titulado “Amazonas, nuevos caminos para la Iglesia y la ecología integral”. En uno de sus sermones, Francisco recordó que allí, en el pasado, ha habido colonización en vez de evangelización. Y luego se refirió a los nuevos colonialismos, en un mensaje claro a las políticas económicas que explotan el territorio panamoazónico. Los obispos pidieron que se introduzca el concepto de pecado ecológico, al considerar como un pecado la destrucción del medio ambiente.

Así las cosas, el sínodo ha servido para poner sobre el tapete una selva que se extiende por nueve naciones de Sudamérica (Brasil; Bolivia; Perú; Ecuador; Colombia; Venezuela; Surinam; Guyana francesa y República de Guyana), y que es considerada el pulmón del planeta, porque se trata de la mayor reserva ecológica. Sus 7,8 millones de kilómetros cuadrados cobijan a 33 millones de personas; entre ellas, tres millones de indígenas, amenazados por la explotación de sus recursos.

“Desde siempre, el fuego ha sido parte de la relación entre el hombre y la selva”, explica el ecólogo Alejandro Brown, presidente de la fundación ProYungas. Pero enseguida aclara que pocas veces ha alcanzado esta magnitud. Se estima que más de un millón de hectáreas del Amazonia se han incendiado este año. Si se considera que hay unas 150 toneladas de carbono por hectárea, se habrían liberado a la atmósfera unos 150 millones de toneladas de ese gas de efecto invernadero. No obstante, eso sería posible si toda la selva hubiese estado en buen estado. Como se sospecha que únicamente la mitad corresponde a bosques, Brown calcula que se liberaron cerca de 75 toneladas.

La cifra sigue siendo elevada: representa la misma cantidad de las emisiones anuales de toda Francia, compara. “La crisis ambiental se parece al apocalipsis bíblico. Pero a las calamidades pregonadas no las sentiremos en un hipotético infierno, sino en nuestros territorios. La Tierra ya no es paraíso sino la prueba de nuestros desaciertos”, concluye.

Pobres y olvidados: la voz de los que no tienen voz

“A los platos rotos los pagan, siempre, los pobres. La deforestación, las sequías o las inundaciones afectan, especialmente, a los vulnerables. De hecho, en el caso de los incendios de la Amazonia, las comunidades aborígenes han sido las más perjudicadas. Por eso, entre otras razones, la Iglesia ha sentado postura. Ha salido en defensa de las comunidades locales. Ha sido la voz de los que no tienen voz”, dice Graciela Oliva, quien integra agrupaciones laicas en la ciudad de Yerba Buena.
 

Los incendios de la Amazonia y el rol de Tucumán ante el cambio climático

Por Ezequiel Aráoz y Ricardo Grau, Instituto de Ecología Regional (IER)

Las diferencias ambientales, sociales e históricas entre Tucumán y la Amazonia determinan que cualquier analogía entre ambas regiones con respecto al sistema bosque, fuego, deforestación y producción sea inviable. 

Esta provincia tuvo un desarrollo temprano de la agricultura mecanizada. Las áreas con aptitud agrícola fueron mayoritariamente deforestadas. Y la cobertura boscosa se mantuvo en las zonas con pendientes o con limitaciones edáficas para la agricultura. Los bosques existentes se encuentran en buen estado, pero no tienen más capacidad para captar carbono (aunque sí, para mantenerlo almacenado). Y los fuegos, por lo general, están asociados al cultivo de la caña de azúcar o a los pastizales de altura. Rara vez afectan a los bosques, aunque ocasionalmente puedan escaparse.

La selva amazónica -en cambio- posee un relieve plano y ha conservado sus bosques hasta el presente, debido a su inaccesibilidad. Pero a medida que avanza la infraestructura, como las rutas, esas tierras van tornándose cercanas. Y el estímulo para hacerlas producir económicamente se incrementa. El fuego aparece, entonces, como una herramienta muy utilizada para habilitar tierras para la ganadería y la agricultura. Pero la quema de los bosques amazónicos libera el carbono almacenado en los árboles y, en consencuencia, aumenta la concentración de gases de efecto invernadero.

La mayor contribución al aumento de estos gases está asociada al sector energético, particularmente al uso de combustibles fósiles. Ni Tucumán ni esa selva, por sí solos, tienen la capacidad de afectar esa concentración. Aunque los dos están inmersos (y son parte) en un sistema que depende del uso de combustibles fósiles. Y que no está dispuesto a pagar su costo ambiental.

  • Seis respuestas para entender la cumbre de roma
  • 1) ¿Qué es un sínodo?
  • La palabra sínodo deriva del griego y significa caminar juntos. Se trata de un encuentro religioso o asamblea de obispos. Su objetivo es ayudar al Papa a buscar soluciones pastorales con validez universal. La primera reunión fue instituida por Pablo VI en 1965.
  • 2) ¿Quiénes lo integran y cuándo se realiza?
  • Participan obispos y miembros de institutos religiosos y laicos, convocados por el Papa cuando lo considera oportuno. Pueden reunirse en asamblea general -para cuestiones de la Iglesia- o en asamblea especial, para problemas puntuales.
  • 3) ¿Cuándo se hizo el Sínodo de la Amazonia?
  • El Sínodo para la Amazonia se celebró desde el 6 de octubre hasta el domingo último, en el Vaticano. Fue titulado “Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Supuso un llamado al compromiso.
  • 4) ¿Quiénes participaron del cónclave?
  • Debido a la especificidad de la temática, no participaron los obispos de todo el mundo si no los de los países amazónicos. También estuvieron las naciones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y comunidades indígenas.
  • 5) ¿Qué es la encíclica “Laudato Si”?
  • Se trata de una emblemática encíclica que el Papa Francisco publicó en 2015. “El desafío ambiental no atañe y nos impacta”, escribió en ese documento de 192 páginas. En este sínodo, tomaron fuerza esos planteos, justamente.
  • 6) ¿Por qué el Papa habla de ecología?
  • El papa Francisco planteó la responsabilidad del ser humano respecto a la situación medioambiental y pidió que se aprenda de aquellos que más saben sobre la tierra y su cuidado: las comunidades indígenas.
Comentarios