Los incendios de la Amazonia y el rol de Tucumán ante el cambio climático

Por Ezequiel Aráoz y Ricardo Grau, Instituto de Ecología Regional (IER)

03 Nov 2019

Las diferencias ambientales, sociales e históricas entre Tucumán y la Amazonia determinan que cualquier analogía entre ambas regiones con respecto al sistema bosque, fuego, deforestación y producción sea inviable.

Esta provincia tuvo un desarrollo temprano de la agricultura mecanizada. Las áreas con aptitud agrícola fueron mayoritariamente deforestadas. Y la cobertura boscosa se mantuvo en las zonas con pendientes o con limitaciones edáficas para la agricultura. Los bosques existentes se encuentran en buen estado, pero no tienen más capacidad para captar carbono (aunque sí, para mantenerlo almacenado). Y los fuegos, por lo general, están asociados al cultivo de la caña de azúcar o a los pastizales de altura. Rara vez afectan a los bosques, aunque ocasionalmente puedan escaparse.

La selva amazónica -en cambio- posee un relieve plano y ha conservado sus bosques hasta el presente, debido a su inaccesibilidad. Pero a medida que avanza la infraestructura, como las rutas, esas tierras van tornándose cercanas. Y el estímulo para hacerlas producir económicamente se incrementa. El fuego aparece, entonces, como una herramienta muy utilizada para habilitar tierras para la ganadería y la agricultura. Pero la quema de los bosques amazónicos libera el carbono almacenado en los árboles y, en consencuencia, aumenta la concentración de gases de efecto invernadero.

La mayor contribución al aumento de estos gases está asociada al sector energético, particularmente al uso de combustibles fósiles. Ni Tucumán ni esa selva, por sí solos, tienen la capacidad de afectar esa concentración. Aunque los dos están inmersos (y son parte) en un sistema que depende del uso de combustibles fósiles. Y que no está dispuesto a pagar su costo ambiental.

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