Sudáfrica aplastó la ilusión de Japón y clasificó a semifinales del Mundial

Los africanos ampliaron diferencias en los últimos 20 minutos y con un contundente 26-3 eliminaron a los locales. Resumen del partido.

20 Oct 2019 Por Federico Espósito

Hasta aquí llegó la primavera para las valientes flores japonesas. El puño sudafricano aplastó la ilusión del seleccionado local, que de todos modos se retiró aplaudido de pie y con el honor en alto, algo que en Japón importa muchísimo. La amplitud del 26-3 no alcanza a empañar la enorme actuación del equipo dirigido por Jamie Joseph, que se despidió con un saldo de cuatro victorias (entre ellas, a Irlanda y Escocia) y una derrota, esta última atenuada por la actitud de no haber bajado los brazos ni cuando la tendencia ya era irreversible. Los Boks tuvieron que apoyarse en su superioridad física y en su oficio para doblegar a un rival que le puso las cosas muy difíciles y que se atrevió a jugarle de todos lados.

Más allá del respeto que merecía por haber ganado su grupo invicto, pareció que a Japón se le venía la noche cuando el pack sudafricano se lo llevó puesto en el scrum y le abrió el camino hacia el ingoal a Makazole Mapimpi. Sin embargo, esos cinco puntos serían toda la cosecha del primer tiempo para los Springboks, incomodados por la velocidad de juego de los japoneses. Es que estaba claro cuál iba a ser la táctica de cada uno: consciente de la enorme superioridad sudafricana en el contacto, Japón trató de evitarlo a toda costa, jugando un rugby más parecido al seven, moviendo la pelota de lado a lado con muchísima velocidad y precisión. 

LA DESPEDIDA. El seleccionado japonés terminó entre los mejores ocho equipos del torneo. REUTERS

Se la sacaban de encima como si fuera una granada sin seguro, pero nunca al “tonterazo”, sino a las manos del compañero. Mereció el try Japón, pero la defensa de los conducidos por Rassie Erasmus fue dura para tacklear, sobre todo en los últimos metros, e inteligente para dejarle el menor espacio posible a la velocidad de Kotaro Matushima y Kenki Fukuoka, los aviones de caza que Japón tiene en las puntas.

Más que Brave Blossoms, deberían llamarse “Kamikaze Blossoms”: no tienen problema en salir jugando desde el fondo y lanzarse algunos pases planos al milímetro, que abren buenos espacios para el ataque pero que también lo dejan muy expuesto al contragolpe. Así lo entendió Sudáfrica, pero antes que nadie Faf de Klerk: la picardía y la lectura del rubio medio scrum fueron la otra gran arma de Sudáfrica. Se comió la cancha el 9, el único capaz de leer y anticiparse a los nipones. El tema es que a los Springboks les faltó estar más finos en la definición para aprovechar la superioridad en el contacto: errores de control y pases defectuosos le impidieron ampliar su diferencia, que al final del primer tiempo fue de sólo 5-3.

Era cuestión de ver hasta cuándo iba a poder sostener Japón ese ritmo de juego antes de empezar a sentir el desgaste físico y la percusión de la defensa sudafricana. Su clave era tener la pelota: sin ella, se veía en la incómoda tarea de tener que derribar a mastodontes como Tendai Mtawarira, Lood de Jager, Eben Etzebeth y RG Snyman. Los errores no forzados continuaron en Sudáfrica, que incapaz de sumar por vía terrestre, se encomendó a la puntería de Handré Pollard. Tres penales del apertura estiraron la ventaja a 14-3 y obligaron a Japón a jugarse el resto. 

EL GOLPE. Con su segundo try en el juego, Mapimpi sentenció la suerte de los japoneses. REUTERS

Sin embargo, la mayor fuerza física y el oficio de los Bokka pudieron más que la irreverencia japonesa. El try del propio De Klerk, la figura de la cancha, sepultó las esperanzas y dejó al seleccionado local en la búsqueda del try del honor, que no llegó. No hubo try, pero sí honor. Japón elevó la vara que había dejado en el Mundial de Inglaterra y por primera vez quedó entre los ocho mejores.

A Sudáfrica le tocará medirse con Gales, que sufrió muchísimo para eliminar a un Francia que llegaba como el más flojo de los clasificados a cuartos de final. A priori está para cualquiera, pero lo que sí es seguro es que va a ser de hacha y tiza.

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