Los candidatos hablaron con sus gestos

Los cinco aspirantes al Congreso fueron claros con sus discursos, pero su lenguaje corporal comunicó mucho más de lo que quisieron expresar con palabras.

17 Oct 2019

Por Hugo Lescano, director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal

Domingo Amaya. Al inicio mostró movimientos pendulares del cuerpo, con inestabilidad emocional. Se lo vio desconcertado, pero posteriormente se recuperó de esa ansiedad, con movimientos kinésicos muy acertados, propios de un gran conferenciante. Acaparó la atención en los primeros minutos del primer debate libre. Su paralenguaje mostraba autoridad, por eso nadie lo interrumpió. Un detalle llamativo: cuando mencionó a Macri lo hizo con vergüenza; bajó la vista al nombrarlo. Luego hubo una ira en sus gestos y una leve sobreacción de sus movimientos, como resultado del enojo contenido por del debate.

Silvio Bellomio. Todo el debate tuvo la mirada tensa, lo que denota una ansiedad contenida. Por momento se notó algunos elementos distractivos, como la mirada a la derecha, fuera del punto de la cámara. Mostró cierta simetría manual. Casi todo el debate tuvo las manos ocultas, lo que solemos hacer cuando tenemos cierta inseguridad. Se mantuvo al margen de casi todo el debate libre de tono agresivo. La gestualidad en casi todo el debate fue contenida. Lo positivo de él fue su simetría manual, aunque fue escasa. Cuando movió las manos con gestos ilustradores lo hizo de manera simétrica.

Ricardo Bussi. Tiene en su parámetro comunicacional la ausencia de gestualidades empáticas. Los brazos cruzados en el debate libre, con las manos ocultas, denotaron esa posición cerrada al diálogo. Al comienzo del debate libre tenía sus manos en posición de ruego, con los dedos pulgares que se apretaban entre sí, con movimientos repetitivos, que denotaban la tensión inicial. En el segundo debate había una ira que intentaba contener con sus manos sobre la tarima. Cuando pedía el voto se vio que él estaba haciendo lo que llamamos el cuatro con sus piernas, que es la parada del supervisor, de autoridad extrema.

EN LA PAUSA. Amaya habla con Cano, su ex compañero de fórmula en 2015 (derecha); y Leito lo hace con “Nacho” Golobisky y Mariano Garmendia. LA GACETA / FOTOS DE JUAN PABLO SÁNCHEZ NOLI - INÉS QUINTEROS ORIO

Mario Leito. Tuvo pocos movimientos kinésicos, a diferencia de otros debates. Por momentos se lo vio con inseguridades, excepto cuando hablaba a la cámara explicando por qué deberían votarlo. Por alguna razón en el debate no pudo mostrar esa contundencia que tuvo en debates anteriores. Más bien su discurso fue reservado, con gestualidad contenida y pocos movimientos kinésicos. Supo acomodarse cuando la periodista le dijo que no podía tocar un tema que quiso imponer. En general, tuvo gran concordancia entre sus gestos y su discurso.

Ariel Osatinsky. Se percibe una mirada que no es directa, sino que la tuerce hacia su derecha. Ese es un gesto que solemos hacer cuando no tenemos un discurso asertivo o desconfiamos. Fue mejorando a ese gesto en el debate. En los minutos libres se vio un marcado gesto indicativo, que es el dedo levantado. Sus gestos ilustradores fueron muy asertivos: la muestra de placas, mirando a la cámara. También mostró las palmas de las manos, lo que transmite transparencia. Tuvo un discurso acertado con su gestualidad, con cierta vehemencia que manifestaba indignación que su rostro acompañaba.

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