Con "Pulguita" no existe la grieta

Luis Miguel Rodríguez se considera una persona tocada con la varita mágica porque Dios siempre estuvo de su parte.

29 Sep 2019 Por Miguel Eduardo Décima

Por un momento, la “grieta” en el fútbol tucumano quedó en suspenso, y los hinchas de todos los clubes se rindieron ante la magia de un futbolista distinto: Luis Miguel “Pulga” Rodríguez.

Habría que revisar muy bien los archivos para constatar si alguna vez ocurrió que el mundo del fútbol del “Jardín de la República” se ubicó frente al televisor, sin distinción de camisetas, para disfrutar de las grandes proezas de un jugador tucumano. Proezas como la que concretó el “Pulguita”: llevar a Colón de Santa Fe a la final de la Copa Sudamericana; un logro inédito en la historia del “Sabalero”.

A pesar de que la relevante tarea que cumplió en el partido del jueves ante Atlético Mineiro (Brasil) resultó determinante para que los santafesinos llegaran por primera vez a la instancia decisiva de un certamen internacional, el simoqueño de 34 años mantiene la serenidad. Esa que lo caracterizó desde que dejó su Simoca natal para empezar edificar una historia de vida propia de los elegidos. A pocas horas de que haya concretado aquella hazaña, LG Deportiva se comunicó telefónicamente con “Pulguita”. En la tranquilidad de su casa, junto con su esposa, Paula, y sus hijos, Bautista y Milo, recargaba las pilas tras volver a su hogar luego de aquella batalla futbolística que el “Sabalero” planteó en Belo Horizonte.

- Cuando en enero aceptaste este nuevo desafío en Colón, ¿te imaginabas vivir este presente?

- Siempre en la vida me caractericé por ser una persona con mentalidad positiva; pero si tengo que ser sincero, esto supera cualquier sueño que pudiera alimentar desde el momento en que decidí encarar este nuevo proyecto futbolístico. Por eso todavía me cuesta aceptar lo que estoy viviendo.

- ¿Te contaron que en Tucumán, todo hincha del fútbol celebró como propia la clasificación de Colón a la final de la Sudamericana?

- Nunca voy a terminarle de agradecer a mis comprovincianos el apoyo que me dan a cada momento. A través de los hinchas de Atlético, que me mandaron mensajes de WhatsApp, me anoticié de cómo se vivió este partido. Incluso recibí felicitaciones de simpatizantes de San Martín, que se ponían felices por este presente que estoy atravesando. Quiero compartir esta alegría con todos los tucumanos.

EMBAJADORES. Luis Miguel Rodríguez y Gabriel Esparza son los dos representantes del “Jardín de la República” que llevan bien alto los prestigios de nuestro fútbol.

- A través de los medios de prensa de Santa Fe conocimos el furor que significó allá esta clasificación inédita...

- Lo que pasa es que, pese al prestigio del fútbol santafesino, nunca un club de esta tierra logró acceder a instancias decisivas de un certamen continental. Y que yo haya podido aportar un granito de arena para que se consiga este objetivo me pone muy orgulloso. Además estamos tranquilos con la familia, lo que potencia aún más esta obtención histórica.

- Al igual que el Ave Fénix, cuando hace unos años todo indicaba que tu carrera estaba en el ocaso, de pronto te reinventaste. ¿Es así?

- No me queda otra que aceptar que estoy tocado por la varita mágica. Cada vez que debí encarar objetivos trascendentes a lo largo de mi vida deportiva y personal, Dios estuvo de mi parte. Lo que hoy vivo en Colón me pasó muchas veces en Atlético. Allí, cuando los desafíos eran más difíciles parecía que estábamos mejor física y mentalmente. Y acá está pasando lo mismo, porque no hay que olvidar que hasta hace muy poco estábamos atravesando un trance complicado, porque no se nos daban los resultados en la Superliga.

- El pase a la final, ¿es una bocanada de aire fresco para el plantel y para el DT, Pablo Lavallén?

- Sin dudas. Esta participación en la Copa Sudamericana nos permitió recuperar la autoestima. Aprovechamos esta oportunidad que teníamos para empezar a revertir aquella imagen, con buen juego y con varios goles. Debo decir que no encuentro las palabras adecuadas para describir lo que estoy viviendo en este tiempo. Lo mismo me pasó en Atlético, cuando le dimos tantas alegrías a los hinchas.

- Se te nota distendido y feliz...

- Sí. Desde que llegué al club la gente me trata como si siempre hubiera vestido esta camiseta. A cada momento me hace notar que está contenta conmigo. Siento una inmensa satisfacción por poder pagarle con goles todo lo que me dan en el día a día.

- ¿Qué sentiste cuando los hinchas corearon tu apodo?

- Una emoción tremenda. Juro que cuando caminaba hacia el banco de suplentes cerré los ojos y me parecía que estaba en el Monumental, con los hinchas de Atlético despidiéndome. Me resulta extraño que aquí me traten como si hiciera años que estuviese en el club y recién van 10 meses. Eso me da tranquilidad para jugar.

- Parece que desde el cielo Don “Pocholo” te estuviese guiando...

- Sí, parece que mi viejo me estuviera hablando al oído y me anticipara lo que va a ocurrir. Cuando muchos presagiaban que mis

días en el fútbol estaban contados, los consejos que él me dio me recargaron las pilas. Por eso, este presente es “culpa” suya.

- Nos dijeron que a tu mamá, doña Betty, no le gusta ver los partidos por televisión. ¿Por qué?

- Ella sigue con la idea que los compartía con mi “viejo”: por cábala no miraban los partidos que yo jugaba en Atlético, y ella mantiene ese ritual. Por suerte, está viniendo para aquí para quedarse uno días con nosotros. Todos saben lo que significa la familia para mí, cómo estuvieron conmigo durante los malos momentos. Ahora los quiero a mi lado.

A pesar de la fama que lo persigue desde hace una década, el oriundo de la “Capital del Sulky” no se olvida de sus orígenes y cada vez que sus ocupaciones se lo permiten, pega la vuelta para reunirse con sus hermanos y los amigos que lo tienen como el ídolo del pueblo. El fútbol tucumano lo tiene como su embajador itinerante y él se desvive por llevar lo más alto posible esa bandera.

La picardía del “potrero”

FELICIDAD. “Pulguita” reconoce la importancia de su familia en los logros obtenidos. “Son mi sostén tanto en la alegría como en la tristeza”, dijo.

Le dicen “Pulga”, como a Lionel Messi. Alguna vez Diego Maradona vio en él lo que otros no veían y lo convocó a la Selección. Jugó un partido horas después de perder a un ser querido (su padre falleció antes del primer encuentro contra Atlético Mineiro); marcó un gol y fue clave para su equipo, como Martín Palermo. Juan Román Riquelme le regaló su camiseta y después del consagratorio partido revancha contra los brasileños, que le permitió a Colón avanzar a la final de la Copa Sudamericana, en las redes sociales lo definieron como el nuevo jugador del pueblo, algo que estaba reservado para Carlos Tevez. Luis Miguel Rodríguez tiene varios puntos que lo vinculan con grandes ídolos del fútbol argentino. Pero su historia es única. A los 34 años fue capaz de darle un nuevo impulso a su carrera que algunos veían agotada hace tiempo. Ya no tiene la velocidad de sus comienzos. Ahora su estilo es pausado, pensante. Dejó la tradicional camiseta 7 que lució durante años en Atlético para ponerse la 10 de Colón. Difícilmente marque 20 goles en una temporada (como lo hizo dos veces en la B Nacional), pero sus conquistas son decisivas. Ya no siente presiones. Juega suelto. Se divierte. Como quedó reflejado con esa enorme sonrisa que se dibujó en su rostro apenas tocó el balón en el penal decisivo contra los brasileños. Sabía que, con ese saltito digno de potrero, había engañado al arquero Cleiton y comenzó a celebrar en forma anticipada. Colón lo disfruta. En Atlético lo extrañan. Algunos se animan a pedirlo para la Selección. ¿Exagerado? Tal vez. Mientras tanto, él hace lo que más le gusta: jugar al fútbol.

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