Gracias a Ortiz, Atlético viaja feliz a Salta

El triunfo del "Decano" le permite salir del pozo y llegar con mejor ánimo al duelo por la Copa.

02 Sep 2019 Por Nicolás Iriarte
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LUCHADOR. Díaz salta ante Pereyra, de Arsenal. El delantero se puso el ataque del equipo al hombro en los segundos 45’. la gaceta / foto de Antonio Ferroni

El Atlético-Arsenal de ayer fue uno de los cuatro partidos amontonados por la Superliga entre la mañana y el mediodía del domingo. La idea fue liberar el espacio no sólo para el Superclásico sino para su análisis previo y posterior: dos horas antes del duelo ya no había acción en la jornada y después tampoco. Esa era la razón por la cual los y las hinchas de Atlético estaban llegando al estadio pasadas las 10.30 (de la mañana) de un domingo para ver a su equipo. Nada nuevo en nuestro fútbol, pero vale la pena resaltarlo una vez finalizada la jornada: todos los partidos tempraneros tuvieron al menos un gol (11 en total), la manera más evidente de “contabilizar” la emoción en el fútbol. El Superclásico acabó en cero y lo que siguió a un aburrido partido entre dos equipos multimillonarios, fueron excusas, quejas hacia árbitros y planteos tácticos.

Ni el “Decano” ni el “Arse” se quejaron. Salieron a jugar con ese brillo especial que da la luz de la mañana en los partidos de fútbol. Con el cielo despejado y el sol en su máximo esplendor, el equipo de Ricardo Zielinski repitió la fórmula del partido pasado pero con diferentes dosis: un buen primer tiempo (quizás no tan bueno como contra Aldosivi) y un regular segundo (jamás tan malo como el de Mar del Plata).

Varios de los pequeños grandes cambios del entrenador dieron resultado: Alejandro Sánchez respondió de manera perfecta durante los 90 minutos. Guillermo Acosta y Tomás Cuello en los carriles hicieron la diferencia mientras que Cristian Erbes, puso equilibrio a la mitad de cancha. Marcelo Ortiz no sólo cumplió como lateral sino en ataque, convirtiendo el gol del triunfo. Pudieron ser más si hubiese tenido más precisión en los contraataques, una de las especialidades de Zielinski.

El segundo tiempo comenzó con una infantil segunda amarilla de un desencontrado Javier Toledo. El único de los cambios (entró por Augusto Lotti) que no se entendió en la previa.

Después de eso se hizo todo más difícil para Atlético. Para casi todos sus jugadores menos para Leandro Díaz que aguantó todo el frente de ataque por su cuenta.

Un triunfo que no fue sobre la hora pero sí es agónico en el estado de ánimo que cargaba el equipo: nadie hubiese tomado con liviandad un empate y menos una derrota, seguida del 0-3 del lunes pasado. El más alejado de esa presión pareció ser Cuello. Rápido, con el pique corto siempre a mano y con mayoría de decisiones bien tomadas, se ganó un lugar en el podio de los mejores. Tuvo que ser sacrificado luego por la expulsión de Toledo y el ingreso de Ariel Rojas , pero el juvenil ya había dejado su huella.

Difícil concluir que el equipo ya está apareciendo en esta Superliga cuando hace siete partidos que solo conoce la derrota como visitante y Vélez aparece en el horizonte. Por suerte, en el medio -por Copa Argentina- estará primero Boca Unidos en una cancha “neutral” como la de Salta pero sabiendo que contará con el apoyo de la mayoría.

Quizás sea un buen punto intermedio para ratificar el buen partido de ayer. Por lo pronto ya se celebra que el horario sea (ya sin superclásicos) un poco más ortodoxo.

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