Siempre con la frente en alto: Monzón sabe lo que es pelearla

El defensor, de origen humilde, llegó a Tucumán para seguir peleándola y tuvo obstáculos: su padre falleció hace poco pero el fútbol lo ayuda como siempre.

25 Ago 2019 Por Nicolás Iriarte
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ÚLTIMAS CHARLAS. Zielinski habla con Monzón, Ortiz, Bravo, Díaz, Acosta, Lotti, Bianchi, Cuello, Rojas, Castellani y Lucchetti, los 11 titulares que le ganaron a Godoy Cruz y saldrán a la cancha mañana. la gaceta / foto de Ines Quinteros Orio

La voz de Rodolfo Monzón se apagó para siempre hace menos de dos meses. Apenas unos días antes, este hombre santafesino que no había visitado Tucumán jamás y ni siquiera había presenciado un partido de Atlético, iba a dar un consejo que influiría en la vida “decana”: “Es un muy buen proyecto, andá”, le dijo a Fabián Monzón, su hijo. El jugador, que estaba indeciso, tomó el consejo como lo hizo durante los más de 30 años que compartieron juntos.

Los primeros años de esos 30, así como los últimos, hablaron bastante de la relación que el ahora (por recomendación de su padre) lateral izquierdo “decano” tenía con él. “Vengo de una familia muy humilde, nunca tuvimos plata de sobra”, le confiesa a LG Deportiva.

Nacido en Granadero Baigorria (Santa Fe) y luego mudado al barrio rosarino de Parque Casas, Monzón hijo vio cómo Monzón padre se esforzaba para sacar la familia adelante. Rodolfo salía todas las mañanas a recolectar basura y a dejar más limpia la ciudad que quería para sus ocho hijos.

Fabián lo miraba, algunas veces lo acompañaba y otras lo ayudaba. Salía con una carretilla para recoger residuos también para ayudar en casa, mientras al mismo tiempo incubaba la idea de hacer otra cosa: jugar al fútbol.

“Desde chico trabajaba con mi papá. Antes de ir a Boca. Todos me conocen de ahí”, explica Fabián, como dejando en claro que antes de Boca, esa vidriera enorme y universal, hay vida. Y no cualquier vida, una vida intensa y esforzada como la de él y su familia. El defensor también supo trabajar en una gomería para colaborar en casa hasta que finalmente se presentó la chance de ir a las inferiores de Boca.

Luego, a partir de Boca, Monzón no solo era más conocido sino que tenía la chance de ayudar de otra manera a su familia, pero sin perder la esencia. Detalle no menor. “Siempre he mantenido el estilo de vida. Ganando más o menos, sigo siendo la misma persona y yendo al mismo barrio de siempre”, aclara el jugador. Al barrio, uno bien humilde y de clase trabajadora en Rosario, no sólo iba (y sigue yendo) a pasear. Sus padres decidieron quedarse ahí pese a la ayuda de su hijo futbolista. Había cosas que no podían cambiar.

Por eso cuando volvía de jugar en La Bombonera con Juan Román Riquelme, Martín Palermo y compañía, se iba para Parque Casas. Cuando volvía de Sevilla cuando tenía vacaciones en Betis, se iba para Parque Casas. Cuando volvía de Niza, de Lyon, de Sicilia (jugando para Catania) y de Río de Janeiro (Fluminense), siempre el recorrido era el mismo: de Ezeiza a Parque Casas. “Mis viejos nunca quisieron salir de ahí”, repite. Y al parecer hicieron bien porque su hijo siempre volvió. Sin siquiera importar el éxito futbolístico que había alcanzado y de dónde es que venía.

Las lesiones, sin embargo, dejaron al jugador casi un año sin jugar, antes de llegar a Atlético. Luego de su experiencia en la Universidad de Chile, el jugador retornó a vivir en Parque Casas. Claro, las dolencias no sólo eran propias: Rodolfo estaba enfermo. “Su padre tenía una enfermedad terminal. Resignó varias cosas por estar cerca de ellos”, cuentan desde su entorno. Tenía que cuidar a la voz que lo venía aconsejando. Finalmente, la voz se calló justo después de venir a Tucumán y empezar a rehacer su vida futbolística.

“Ahora quedó mi ‘vieja’ (Adelaida, su madre), que está en una situación complicada pero mis hermanos están ayudando en todo”, advierte.

No quedará otra que seguir remando para Monzón hijo. Tal como lo hizo Monzón padre (y madre, claro). En Atlético, en Tucumán, en cualquier equipo o ciudad. Nada cambiará su esencia ni la relación que supo tener con su papá.

La notable recuperación de Crisitan Lucchetti durante la semana no sólo tranquilizó a hinchas y al propio jugador, sino que dejó a Ricardo Zielinski en la posición de poder repetir el equipo que le ganó a Godoy Cruz el lunes pasado.

En principio, con Jonathan Cabral ya disponible tras cumplir su sanción, se pensaba que tomaría el lugar de Marcelo Ortiz, pero durante la práctica de fútbol, por ahora, el que viene siendo titular, seguirá siéndolo. Cabral, de todas maneras, viajará a Mar del Plata con todo el plantel, hoy por la mañana con escala en Córdoba.

Entonces, el equipo para visitar a Aldosivi mañana desde las 17, será el siguiente: Lucchetti; Guillermo Acosta, Bruno Bianchi, Ortiz y Fabián Monzón; Augusto Lotti, Federico Bravo, Ariel Rojas y Tomás Cuello; Gonzalo Castellanio; Leandro Díaz.

Los suplentes, confirmados ayer tras el ensayo, serán Alejandro Sánchez, Dylan Gissi, Cristian Erbes, José Luis Fernández, Lucas Melano y Javier Toledo.

La delegación se trasladará hasta el aeropuerto a las 8, en sus vehículos y allí empezará su periplo hacia la costa argentina. Por la tarde, tendrá un pequeño entrenamiento en “La Feliz”. La vuelta está pautada para el martes, arribando a Tucumán cerca de las 9.

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