Otro crimen por un enfrentamiento aterra a los vecinos del barrio Oeste II

Un joven de 26 años se transformó en la segunda víctima fatal por enfrentamientos. La víctima, que acababa de salir de prisión, se cayó de un balcón. Se cree que fue alcanzado por una piedra que le arrojaron.

EN PLENA TAREA. Los peritos de la Justicia y los investigadores de la Policía trabajan en la escena del hecho.
EN PLENA TAREA. Los peritos de la Justicia y los investigadores de la Policía trabajan en la escena del hecho.
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 08 Agosto 2019

A mediados de los 90, los Peces Gordos, banda del rock tucumano, estrenaba una de sus canciones más emblemáticas: “Blues del barrio Oeste II”. Con el tema describía una historia de amor y detalles de los edificios pintados de amarrillo y bordó. Contaban también que al visitante siempre lo miraban mal y dejaban en claro que esa era tierra de duros. Han pasado más de 20 años de esa creación y el aspecto de esos monoblocks no se modificó casi en nada. Sí hubo cambios para mal que aterrorizan a sus habitantes. Los enfrentamientos entre los grupos que se disputan el dominio sumó ayer su segunda víctima fatal en lo que va del año.

Otra vez por un homicidio, las paredes de los edificios de la Manzana H se tiñeron de azul por las luces de los móviles policiales. Una vez más, los vecinos apretaron sus narices contra el vidrio de las ventanas con las miradas clavadas en ese cuerpo tapado con una manta. El cuchicheo de los vecinos volvió a escucharse. Era imposible no comentar el hecho porque superó el límite de lo entendible, atravesó las fronteras del miedo y dejó sembradas muchísimas dudas sobre lo que pasará en el futuro. En el barrio saben lo que es la violencia, pero nunca se imaginaron que llegaría tan lejos.

Juan Nicolás “Balín” Moyano tenía 26 años. Ayer, pasada la medianoche, fue a realizar una compra a un quiosco del barrio. En el camino se cruzó con un grupo de jóvenes con el que se había peleado en varias oportunidades. El último antecedente fue el domingo, según manifestaron sus familiares. Esta vez, el encuentro ocasional no provocó incidentes y Moyano regresó a su hogar, en el segundo piso de los departamentos de la esquina de Perú y Belisario Roldán.

Pero los del grupo con el que se cruzó, cuyos integrantes formarían parte de la facción conocida como “Los 30”, no se conformó. Desde la planta baja comenzaron a insultar y a arrojar piedras. Moyano se acercó al balcón y les pidió que acabaran con las agresiones. Según las primeras versiones, un ladrillo lo golpeó en la cabeza, perdió el equilibrio, y cayó al vacío. Murió en el acto, según el informe preliminar de los médicos que llegaron a atenderlo.

“Escuchaba gritos y después un golpe seco. Pensé que habían roto algo, como un pedazo de cordón para arrojar cascotes, pero no. Había sido el golpe de la cabeza del chico en el suelo. ¡Fue muy fuerte! Después observé a unos jóvenes que salían corriendo del lugar. Es una desgracia lo que está pasando en el barrio. Se ha perdido el valor de la vida”, dijo Luciana, ama de casa, que prefirió no dar a conocer su apellido. “Aquí te puedo costar muy caro hablar de más”, agregó.

La fiscala Adriana Giannoni espera los resultados de la autopsia para determinar de qué murió Moyano. Con los estudios podría determinar si fue alcanzado por una piedra cuando le estaba pidiendo a los supuestos agresores que se detuvieran o si se cayó de manera accidental.

Personal de la División Homicidios, al mando de los comisarios Cristian Peralta y Diego Bernachi, llegaron al lugar e identificaron a los miembros del grupo agresor. En principio, habrían tenido activa participación en el hecho cuatro jóvenes de entre 16 y 20 años.

Los motivos de la pelea no se establecieron aún. Por el momento, manejan dos hipótesis. Una consiste en un ajuste de cuentas: Moyano acababa de salir del penal de Villa Urquiza, donde estuvo detenido por una causa de robo agravado y amenazas. La otra es que el crimen haya sido el final de una disputa que se podría haber iniciado por el dominio territorial.

“Acá puede pasar cualquier cosa. Los changuitos estos están pasados... Hacen cualquier cosa. Estamos cansados. Aquí todas las noches hay peleas y se escuchan tiros al por mayor”, explicó Lucía, otra vecina que prefirió mantenerse en el anonimato.

Otro caso

Esta no es la primera vez que un joven muere en un enfrentamiento entre dos grupos antagónicos del barrio Oeste II. El 19 de enero pasado, René Díaz había ido a visitar a su madre. Después de charlar con ella, decidió ir a comprar una gaseosa en una despensa en el barrio. En el recorrido, quedó en el medio del enfrentamiento que mantuvieron dos bandas que pugnaban por el dominio en la zona. Recibió un disparo en la pierna que le provocó una herida mortal.

“Primero fue ese chico. Ahora, este. Aquí están pasando cosas muy feas por culpa de la droga que se vende. Una vez vinieron hasta en helicóptero, se calmaron por un par de meses y ahora de vuelta somos noticia. Es una desgracia”, se lamentó Lucíaa.

Por el crimen de Díaz, el Ministerio Público Fiscal ordenó un megaoperativo en el barrio. En esa oportunidad secuestraron armas y drogas. Una semana después, hubo policías agredidos por vecinos en el momento en que detenían a uno de los acusados del primer crimen que se produjo en el barrio.

“Tenemos mucho miedo. Este era un lugar de gente trabajadora que se esforzaban por salir adelante, educar a sus hijos y que todos crecieran. Ahora todo eso cambió. Una generación se perdió en las drogas y así comenzaron los problemas en el barrio. Robos y peleas entre los vendedores”, contó Hugo Romero, uno de los pocos que decidió quedarse en su departamento.

María Laura Rodríguez está cansada de ver lo que sucede a diario en el barrio. “Estamos perdidos, no hay dudas. Los que no se mudaron es porque realmente no tienen el dinero necesario para hacerlo. Aquí tenemos barrasbravas de San Martín, ladrones y transas. No hay manera que se viva en paz, salvo que los saquen a todos. Los vecinos vivimos con mucho temor”, manifestó.

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