Los juegos de mesa se convierten en aliados para conocer gente, distendernos y reír

Desembarcó en Tucumán una tendencia que viene creciendo: las cafeterías lúdicas, donde se pueden compartir una merienda y un juego.

23 Jul 2019 Por Guadalupe Norte

Al comienzo, la tarde se asemejaba a una reunión de sábado cualquiera. Cargada de bromas, licuados y medialunas, pero todo cambió cuando el primer juego de mesa apareció.

Éramos amigos hasta que las fichas cayeron sobre el tablero. A partir de ahí, la merienda se convirtió en una batalla campal: fichas de colores, tarjetas con prendas, cartas de desafíos, peones plásticos que avanzaban sin piedad sobre el marcador y, por último, los gritos de euforia al ganar el desafío.

Hubiera sido un fin de semana corriente, pero decidimos ir a una cafetería lúdica y volver a divertirnos -como en nuestra infancia- con los juegos de mesa.

Aunque todavía son poco conocidas en Tucumán, la idea de las cafeterías lúdicas es bastante simple y encantadora a la vez. En contracorriente al universo digital, estos lugares permiten que, por una entrada de $ 150, los visitantes tengan acceso a distintos juegos de mesa y puedan pasarse las horas ahí adentro jugándolos. Eso sí, no vale disfrutar sin un buen café con leche de acompañamiento.

FICHAS Y TABLEROS. “Ludiverso” ofrece un catálogo donde las personas pueden elegir el juego de mesa que más les gusta según su tiempo e intereses. GENTILEZA LEONARDO SUÁREZ.-

Universo recreativo

Al cruzar la puerta de Berlina Café (Rondeau 402) resulta imposible no sentirnos dentro de una juguetería. En un rincón y ordenadas en fila, 60 coloridas cajas nos incitan a levantarlas y hurgar su contenido.

“En la actualidad, la tradición de jugar juegos de mesa se fue perdiendo y por eso quisimos reincorporarla a los planes de los sábados -explica Ignacio Ríos, dueño de la cafetería y uno de los creadores del proyecto lúdico-. De esta forma, las personas tendrían la posibilidad de pasarla genial sin estar pendientes de la tecnología”. La duda es, ¿quién es capaz de mirar el celular ante la diversidad de aventuras en 2D que se exhibe?

Entre los juegos, los títulos ofrecen viajar al Viejo Oeste y luchar contra los maleantes como cowboys, ir al espacio exterior o crear imperios medievales. Además, hay propuestas de estrategia y manejo de recursos (juegos que implican razonamiento y matemáticas) y los party games. Es decir, juegos fáciles y rápidos que pueden acabarse incluso media hora.

Con tantas opciones, David Sepel, es el responsable de echarnos una mano (y catálogo) y permitirnos hallar nuestro “juego ideal”. Él es el dueño de la ludoteca -conocida como “Ludiverso”- y luego de tantos años en el oficio sabe de memoria cada indicación, regla y prenda que tiene la colección.

Para dos y en familia

Cuando sos papá, una de las cosas que más te llenan de emoción es que tus hijos sientan pasión por las mismas cosas que vos. Puede ser el fútbol, un trabajo, las manualidades o, para Walter Cardozo (44), los juegos de mesa.

De apenas siete años, Lucas mantiene la mirada fija en una serie de fichas hexagonales. Todas ellas ubicadas en lo que pareciera ser un panal de abejas. El juego en cuestión se llama “Hive” y puede que sea el único espacio donde los insectos (hormigas, escarabajos y langostas) -en vez de darle miedo- logran que derrote a su contrincante.

“La idea era ver si mi hijo se prendía en la movida y disfrutaba los juegos tanto como yo”, comenta Walter, mientras observa como su hijo se convierte en el “rey de la colmena” y gana la ronda.

“A mí este tipo de entretenimiento me gusta mucho, pero no tengo amigos que compartan el interés -agrega-. Creo que un lugar así te da la opción de conocer nuevas amistades”.

En efecto, la percepción de nuestro fanático se confirma al mirar el resto de las mesas donde, aquellas personas que llegaron en pareja, ahora están ubicadas en numerosos grupos y listos para arrancar con tableros más ambiciosos.

LA COLECCIÓN. Tiene 60 juegos traídos de diversas partes del mundo.

La carta está echada

En una improvisada ecuación, podemos decir que la adrenalina y entusiasmo que genera un juego de mesa es proporcional a la cantidad de jugadores. O al menos, así funciona para Martín Graiff (31).

Ubicados en tres mesas, varios jugadores desconocidos tienen un solo propósito: jugar a “Dixit”. Un título donde el atractivo visual es tal que la baraja parece un repertorio de pequeños cuadros.

¿De qué se trata? Los jugadores deben adivinar la carta del narrador y, para hacerlo, él debe darnos una pista: alguna frase o palabra que se relacione con la ilustración que tiene en la mano.

Una vez que las reglas quedan claras, el desafío comienza. La primera palabra es “tiempo” y, en un contexto de referencias confusas y variopintas, las cartas muestras conejos blancos, relojes de arena y una mujer envejecida.

“Al principio era reticente a jugar con gente que no conocía, porque si alguien era excesivamente competitivo, iba a arruinar la experiencia para el resto”, confiesa Martín, cuyas palabras quedaron en el olvido luego de dos rondas.

“Una sesión de juegos siempre es una buena excusa para relacionarnos con otros y mantenernos activos mentalmente”, agrega Federico Rosig (32), fan de los tableros de fantasía y estrategia.

Cultura lúdica

“Mucha gente cree erróneamente que los juegos son una actividad únicamente infantil, cuando en realidad una parte importante de madurar involucra el saber valorar lo lúdico -dice David-. Volver a interactuar con otros, tener en la mano una carta o una ficha y sentir su textura... son cosas que a muchos nos vuelve nostálgicos, y hay personas que recién lo están descubriendo”.

David no duda en mostrar su fascinación por este medio de entretenimiento, aún más al caer la noche y darse cuenta que ninguno de los presentes quiere irse a casa. “Cada juego tiene tras de sí una historia, una carga artística, un trabajo de creatividad y de intelecto enorme... Cada juego es una pieza cultural invaluable”, comenta emocionado.

En suma...

Otros rastros de esta tendencia lúdica son las cervecerías con sus inmensos jengas. Juego donde, tras varias pintas de más, debés retirar los bloques de una torre de madera sin que se desmorone. O, si se quiere, las barberías y las peluquerías que proponen esperar tu turno con algunos juegos de fichas.

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