Otra caída de la Selección para coleccionar

Otra caída de la Selección para coleccionar

Argentina volvió a quedar eliminada y su racha de 26 años sin títulos se estirará a 27.

NI ESA. Messi acaba de patear otro de sus tiros libres y Alisson, otro villano que tuvo que enfrentar Argentina, la descuelga con facilidad. Brasil, tras cinco partidos, sigue sin recibir un gol en el torneo. reuters NI ESA. Messi acaba de patear otro de sus tiros libres y Alisson, otro villano que tuvo que enfrentar Argentina, la descuelga con facilidad. Brasil, tras cinco partidos, sigue sin recibir un gol en el torneo. reuters

Lo peor de una nueva eliminación de Argentina (la decimoctava consecutiva en torneos oficiales) es darse cuenta que, siendo tantas, hemos encontrado matices del dolor. Diferentes tonalidades de un mismo color: la derrota. Hay derrotas como las del último Mundial, con la tranquilidad de que el rival (Francia en ese caso) fue superior y, a la postre, campeón. Hay otras como la de la anterior Copa América, perdiendo ante Chile por penales, con el equipo jugando mal, Lionel Messi errando un penal y renunciando a la Selección al final del partido. La de anoche (0-2 ante Brasil) fue especial pero a su vez, ya conocida: perder jugando a la altura de las circunstancias.

Aquella final del Mundial 2014 (también en Brasil) ante Alemania, dejó una sensación similar. Generando situaciones, superando a su rival (también de gran envergadura) y cayendo por la altísima efectividad de los atacantes del otro equipo. Pero como hay eliminaciones para elegir, esta tendrá algo especial: además de merecer ganar, Messi hizo todo lo posible para eso.

Una característica para hacerla aún más especial fue la mala suerte: los palos, esos que en 1990, en Turín, fueron aliados argentinos, esta vez fueron sus enemigos.

Otro detalle que hará de esta derrota, diferente a las otras, es que es sufrida por un equipo que finalmente encaró una recambio generacional. La esperanza por lo que viene está mezclado con el dolor. A su vez, los 26 años sin triunfos pesan y hacen de cada eliminación que pasa, una más dolorosa.

El periodista y estadígrafo cordobés Mauricio Coccolo resumió en una lista, los villanos que eliminaron al equipo nacional desde 1986, cuando el villano para el resto del mundo fue Diego Maradona. En Estados Unidos 94’, Gheorghe Hagi y su pegada; en Uruguay 95’, Tulio y su mano; en la Copa Confederaciones ‘95 Michael Ladrup; en Bolivia ‘97, el peruano Martín Hidalgo; en el Francia ‘98, Dennis Bergkamp y su capacidad para bajar con el pecho un pelotazo; en Paraguay ‘99, Ronaldo; en Corea y Japón ‘02, Anders Svensson y su tiro libre; en Perú 04’, Adriano y su pegada agónica; en la Copa Confederaciones ‘05, Ronaldinho y su magia, en Alemania ‘06, Jens Lehman y su machete para los penales; en la Venezuela ‘07, Dani Alves (que ayer jugó un partidazo); en el Sudáfrica ‘10, Miroslav Klose y su cabeza; en Argentina ‘11, Fernando Muslera y sus penales atajados; en Alemania 2014, Mario Götze y su agónica aparición; en Chile 2015, Alexis Sánchez; en Estados Unidos 2016, Francisco Silva; en Rusia 2018, Kylian Mbappé y ayer, Gabriel Jesus.

Cada uno de ellos y las situaciones que los rodean, le otorgan a cada eliminación esa tonalidad especial. El más cercano, Gabriel Jesus, dio una clase de contrataque y asistencia en el segundo gol, sumado al oportunismo para marcar el primero.

Habrá otra Copa América el año que viene. Para muchos, un alivio que haya revancha. Para otros, volver a cargar la mochila de 26 años sin títulos oficiales. Para algunos, un motivo para hacer el torneo menos especial de lo que ya es.

Al menos, el equipo (de vaya a saber quién dirija) tendrá la motivación de que se jugará, en parte, en el país. Si se repitiera, no será la única eliminación como local. Así sucedió en la Copa América 2011.

Sería repetir esa sensación de tener el público a favor y no poder ganar. Ayer, estaba en contra y no se pudo. A fin de cuentas, son todas derrotas pero un especialista como el seleccionado, ya sabe como diferenciarlas y reconocerlas perfectamente. Algún día podrá volver a hacerlo con las victorias pero por ahora, nada de eso.

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