Transición a 2023 con tres apellidos: Manzur, Jaldo y Alfaro

16 Jun 2019 Por Juan Manuel Asis

A los fines de justificar el título, los comicios del 9 dejaron un tendal de perdedores y tres ganadores centrales de cara a los años por venir: Manzur, Jaldo y Alfaro. Dos oficialistas y un opositor, los tres peronistas. Frente al detalle ideológico más que nunca vale recordar una antigua verdad, que suele recitarse en tono de advertencia para observar los comportamientos futuros bajo la lupa de la sospecha; aquella de que los socios políticos de ayer pueden ser los adversarios circunstanciales de mañana, y viceversa: los enemigos de hoy pueden resultar los aliados del futuro. Unos pocos apellidos más se podrían involucrar en ese juego.

Este largo tiempo de transición -135 días hasta el 29 de octubre-, permite a los principales protagonistas ir acomodando sus dichos, gestos y decisiones en función de cómo se piensan para dentro de cuatro años. Dirigente que no lo haga empezará a correr desde atrás. En este aspecto, hay que detenerse hasta en la designación de los candidatos a diputados nacionales que se presentarán -o en los nombres que ya se están tirando a la parrilla, algunos para quemarlos-, al igual que en los armados de los nuevos gabinetes ejecutivos o las movidas en la Legislatura. En adelante, todo estará impregnado de 2023, que empezó a desandarse a la cero hora del lunes pasado.

Esa noche surgió la más lógica de las preguntas apuntando al próximo mandato: ¿cómo seguirá la sociedad Manzur-Jaldo? Porque, precisamente, hoy por hoy, esa alianza institucional tiene fecha de vencimiento: 2023. Entonces, la continuidad de esa sociedad dependerá de que los intereses de cada uno no se contrapongan y choquen, o bien de que se mantengan afines. En cuanto al usufructo del poder político, desde 2015 a la fecha, es claro que primero lo ejercieron tres y que desde hace una semana quedaron dos. ¿Sobrevivirá uno? ¿Se resolverá esta cuestión a la usanza tucumana, donde por tradición tiene que haber un único jefe, o bien al estilo cordobés impuesto por Schiaretti y De la Sota, hasta que falleció el “Gallego”? Los mediterráneos habían constituido una sociedad sólida, de continuos éxitos electorales.

La lucha por el poder es permanente y sin treguas, y fratricida cuando algunos se enamoran de su cosquilleo atrapante y seductor. La conducción del oficialismo es compartida por el gobernador y por el vicegobernador desde el minuto en el que doblegaron por paliza en las urnas a Alperovich. Categóricamente, el peronismo le dijo “no” al senador y le demostró cuán equivocado estaba al despreciar al aparato y a la dirigencia justicialista. Lo convirtieron en el Juri de la interna del PJ de 2007. Y no la vio venir. Alperovich, en lugar de vender cara su derrota -amenazando con armar una estructura nueva-, optó por admitir su error y anunciar que vuelve al PJ. Es que se puede quedar sin nada en 2021. Y se quedó sin herramientas para negociar. Le van a hacer pagar caro el daño que le causó al peronismo saliendo por fuera con un discurso agraviante en contra del pejotismo. Algunos hasta plantean reunir al congreso partidario y reclamarle la banca. O por lo menos asustarlo. La justificación es básica: no es peronista. Su futuro tiene fecha límite en el oficialismo; sin embargo su existencia política está atada a la decisión y los intereses personales de un hombre: Manzur. Es quien lo puede mantener políticamente con vida y hacerlo jugar en el tablero oficialista según sus propias conveniencias.

Desde la práctica, como viene ocurriendo en el oficialismo, gobernador que se queda sin chances constitucionales de reelección le allana el camino y le cede el puesto de lucha al vice. Esa línea de herencia política convierte a Jaldo en el sucesor natural del mandatario, siempre y cuando no ocurra nada extraño en el medio, como un conflicto de intereses. Divorcio, le llaman. Esto puede sobrevenir por el lado de una posible reforma constitucional o por realineamientos políticos, por la conformación de nuevas sociedades. Recordar aquellos tres apellidos.

El peronismo, cuando habla de alterar la Carta Magna, le apunta sólo al acople para asustar, pero esta semana un diablito metió la cola -y nadie quiere hacerse responsable de la diablura- y soltó una idea prohibida: “reelección indefinida”; algo que ni el propio Alperovich, con la suma del poder, se atrevió a hacer en 2006, por más de que se lo soplaron insistentemente. Atendiendo a la sucesión “naturalizada” en el peronismo y a que la reelección indefinida favorece al número uno, está claro quién resulta perjudicado. ¿Fue un intento para provocar fracturas en el oficialismo o para marcar a los leales y a blanquear a los futuros desertores? Por lo que sea, fue una movida tempranera con tufillo a 2023. Se disfrazó de “toque al acople” una intentona reeleccionista. En la semana, Jaldo lanzó una frase que, en este marco, es bastante esclarecedora: “si me vienen con los puntos concretos que quieren reformar, y que no beneficie a los políticos, yo me anoto”. El vice tiene la llave para abrir la puerta a los cambios constitucionales: maneja la Legislatura.

¿El triunfo de Alfaro sobre el elegido de Manzur, Leito, frenó por ahora aquella reforma? Cualquiera sea la respuesta, lo único seguro es que la victoria convirtió a Alfaro en el principal referente opositor, con poder territorial en la provincia. Está en condiciones de darse el lujo de ser el gran elector del postulante a diputado nacional en Vamos Tucumán, o de presentar sus propios candidatos por el PJS -que es un partido de distrito- o de mirar desde afuera y dejar en manos de sus socios la responsabilidad de conducir la elección nacional en la provincia. ¿Qué hará? Que lo tildaran de macrista fue una mochila que lo incomodó. Ahora soporta callado que sus propios socios duden de su intencionalidad electoral. Cada uno con su estilo -al decir de Silvia Elías de Pérez-, cometieron muchos errores en la alianza -la derrota de la fórmula principal fue el resultado- y la están minando al cruzarse culpas sin ni siquiera haberse sentado juntos, a puertas cerradas, para evaluar y gritarse qué hicieron mal o bien. Máxime cuando a la vuelta de la esquina hay un nuevo compromiso electoral. La ruptura no es inimaginable si los trapitos sucios se revolean a la luz del día. Con el radicalismo provincial en crisis (está intervenido), el intendente se convirtió en un jugador clave en el panorama político provincial, por lo que sus movimientos deber ser seguidos con atención; por oficialistas y por opositores, de aquí y de allá.

Con los números provisorios en la mano, y atendiendo a que Tucumán renueva cinco bancas de diputados, el oficialismo podría llevarse tres (459.000 votos); una, Juntos por el Cambio (184.000), si no implosiona; y una Fuerza Republicana (122.000); claro, si los resultados se repitiesen. Los dimes y diretes y el cruce de culpas hacen que esas proyecciones se debiliten y se refuercen otras. Por ejemplo, si el peronismo va unido hasta podría soñar con obtener cuatro bancas. Eso dependerá también del armado opositor y de dónde saldrá el financiamiento para ellos en estos nuevos comicios. Con 130.000 votos, Alfaro puede soñar con un diputado surgido de las filas del PJS. ¿Arriesgará el capital político logrado? En 2017 tuvo que salir a jugar fuerte para que su esposa, Beatriz Ávila, accediese a la Cámara Baja desde el segundo lugar, detrás de José Cano. Los candidatos que salgan del ex Vamos Tucumán ahora van a tener que dar la cara por Macri y por un peronista, Pichetto. Apoyar a un peronista y renegar de otro en el mismo espacio no parece coherente. Los segundos de la elección del 9 entraron en un peligroso tiempo de contradicciones y de conflictos internos. Frente a otro proceso electoral puede resultar grave en función de la continuidad de la sociedad política.

Bussi, por su lado, está condenado a ser cabeza de lista para las nacionales, como cuando el apellido “Alperovich” era fundamental que apareciera en todas las boletas del oficialismo, porque él, entonces, era “el uno”. Sin embargo, no llevar un candidato presidencial reconocido y de peso -en medio de una polarización nacional-, haría jugar en desventaja electoral a FR, por lo que le resultaría difícil contener a todos los votantes conseguidos el domingo pasado. Irremediablemente Bussi debería jugar ese partido, pese a que muchos de sus votantes vuelvan a cobijarse en su redil original.

Es que el concejal, con su discurso antiperonista acérrimo, casi “gorila”, más allá de su apuesta a denunciar con ímpetu la inseguridad -que fue clave para conseguir miles de votos-, arrimó a su molino a los antiperonistas que encontraron en Fuerza Republicana -más que en Elías de Pérez- un canal para volcar sus sentimientos políticos. Porque esa grieta ideológica subsiste. Bussi supo explotarla en cuanto micrófono se le acercó, más allá de que su padre, Antonio Bussi, reconociera sus simpatías por Juan Domingo Perón. Pero las simpatías no se heredan, como el poder, según supo afirmarlo también el ex gobernador de facto.

¿Quiénes serán los candidatos del Gobierno para ocupar una banca de diputado? La danza de nombres fue lanzada. Usualmente, el poder territorial o la influencia del poder central -cuando coinciden los colores de ambos gobiernos, provincial y nacional-, definen composición de las listas. Debido a la votación del domingo se pueden señalar a los que tienen ganado un espacio territorial y que podrían aspirar a ser nominados en base a esa condición. Está claro que Manzur y Jaldo definirán esa integración y que podrían proponer cada uno los suyos. Sin embargo, al haberse declarado cristinistas pueden verse sometidos a la presión “K” y tener que aceptar sugerencias desde Buenos Aires, por lo menos instalar “extraños” desde el tercer puesto para abajo. El “cristinista” Kolina, que el 9 acompañó a Alperovich, figura en el oficialista Frente de Todos, en Tucumán. ¿Pensará el gobernador en un ministro/a?, ¿propondrá el vicegobernador a un aliado de su confianza? Entre los dirigentes a los que mejor les fue territorialmente en los comicios se encuentran: Juan Antonio Ruiz Olivares (Acción Regional), Carolina Vargas Aignasse (Tucumán en Positivo), Carlos Assán (Marea Verde), José Fernando Orellana (Tucumán Innovador), Sergio Mansilla (Frente Justicialista) y Fernando Juri (Militancia Popular). Pero la lista debe ser integrada mitad y mitad entre varones y mujeres. Su conformación dirá mucho sobre quién incidió más, qué se privilegió, quién ganó y quién perdió, y también qué se puede esperar en la vida interna del oficialismo.

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