El deber cívico en alta montaña no se negocia, aunque votar sea una odisea

Así como en la tierra, en los cerros las promesas de campaña también juegan entre quienes necesitarán hasta seis horas para votar.

06 Jun 2019 Por Leo Noli

A ojo, Margarita vive a poco más de un kilómetro, quizás a dos de la base de operaciones de la comuna de Anca Juli. Cada día, antes de que el gallo despierte al resto de la familia, Margarita emprende el camino recto que la separa de sus quehaceres como empleada planta permanente. Ella, como el resto de esta comunidad repartida a horas de distancia entre casa y casa, espera con ansias rubricar su voto en las próximas elecciones a comisionado comunal, un derecho adquirido desde 1995 cuando dejó de ser el “delegado comunal” un hombre de confianza elegido a dedo por el gobernador de turno, mediante un decreto.

TODA UNA EXPERIENCIA. Recorrer el camino hasta Anca Juli en 4x4 es una gran opción.

El voto popular vale y cómo, entre la población de Anca Juli y sus alrededores, como ser Las Arquitas, Chaquivil, San José de Chasquivil y el Lote 3, un terreno fiscal que lleva ese nombre.

En juego está la conducción de la comuna, una comuna que no genera ingresos propios ya que sus habitantes no pagan impuestos ni se vislumbra en el corto plazo considerarlos. Pero al juego de la conducción se anotaron tres candidatos, Arturo Arroyo, actual comisionado (Frente Justicialista), con buena intención de voto en Anca Juli; Luis Bartolomé Rasguido (Partido por la justicia Social) y Mario Romano (Hacemos Tucumán), ambos con proyección de sufragios en la zona de Chaquivil y San José, a cinco horas a buen ritmo a caballo de la sede central de la comuna. Es decir, de Anca Juli.

Ninguno de estos sectores habitacionales del mapa que forman la comuna puede considerarse una metrópoli. En total, unos 321 tucumanos están habilitadas para elegir a uno de los tres aspirantes a comisionado el domingo. Más o menos.

Generalmente, la adhesión al voto supera el 70% del padrón habilitado. “Se toma con mucha seriedad el deber cívico. Los que no vienen a votar no lo hacen porque son muy mayores y les cuesta trasladarse a caballo grandes distancias”, comentan los lugareños.

EL PUESTO. Hasta este punto se puede llegar sin problemas en 4x4.

Lo que hace quizás más importante a Anca Juli y a San José son sus respectivos Caps y escuelas, pilares centrales de visita por parte de la comunidad, por obvias razones: salud y estudio. Las dos escuelas jugarán “su” partido este fin de semana. No son las únicas de la zona, pero sí las elegidas para las elecciones.

La 219 será la que primero recibirá los votos enviados por la Junta Electoral con un emisario de Correo Argentino. Pueden llegar por tierra o por aire (helicóptero), en este caso de la mano de Gendarmería. A la Multinivel 350 de San José llegarán después, por idénticas vías.

Casi una autopista

Si el clima lo permite, Anca Juli es un destino relativamente sencillo de visitar. Desde hace años se viene construyendo y mejorando el camino que nace en Chuscha, pasa por Ñorco  y cruza 16 diferentes cauces de ríos hasta flanquear la pista de aterrizaje del ya retirado Piper PA-18 de aeronáutica de la provincia. Toda una experiencia recorrer esos 39 kilómetros en 4x4, desde el ingreso por la entrada de Chuscha.

Cuando las lluvias y crecidas fluyen en verano, el caballo o la moto suelen ser el mejor medio de transporte. Con el clima no se embroma, amén de que el suelo arcilloso se convierte en arena movediza para las camionetas. No se avanza.

EL SALUDO. El cartel de bienvenida a la comuna está frente a la pista de aterrizaje.

En épocas secas, otoño, invierno y primavera, en camioneta se viaja con comodidad hasta “el puesto”, un enclave conocido así por una casa de machimbre que sirve de almacén de víveres, materiales y demás. “El puesto” es la última posta antes de cruzar el brazo del río Guasamayo.

Lo que sigue es alucinante: una hora hasta toparse con el centro de la ciudad y otros 5/10 minutos más hasta dar con la escuela 219, previo a cruzar el río Chasquivil, que corre en paralelo al Ternera Muerta.

Decidir dónde votar, si en la 219 o la 350, dependerá de cuánto camino de cornisa y herradura haya que recorrer. Si ambas fueran el punto cero de una ruta, dependiendo la ubicación de tu casa, no deberías demorar más de tres a caballo, solo para ir. A pie, el número suele multiplicarse. Son varios los obstáculos que suelen decorar estas sendas: el frío es uno de ellos. Las bajas temperaturas obligan a tomar medidas extremas. Votar es toda una historia. Puede costar caro, incluso.

LA 219. La escuela de Anca Juli tendrá, junto a la de San José de Chasquivil, urnas habilitadas para votar.

La campaña

¿Vale el timbrado? Por supuesto. Así como en la tierra, en el cielo de alta montaña los candidatos se dedican a visitar a los vecinos. Y como en toda puesta en escena, el Teorema de Baglini merodea la zona encubierto en voces de campaña: “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”. Dicho y hecho.

“Se ha escuchado a uno de los candidatos prometer 100 nuevos puestos de trabajo y mantener a los que ya están”, comenta un vecino de la zona del bajo. En una comuna cuyos números deben ser siempre redondos y no se permite la emisión de deuda (la última rendición al Tribunal de Cuentas fue de $ 1,5 millón y monedas) porque se corta el flujo de dinero, esa "promesa" puntual es un espejismo. Pura espuma.

 “Me conocés, sabés quién soy... Lo que sigue será preguntarte a vos mismo si yo estuve o no a tu lado; si me preocupé por vos y tu familia cuando estuviste enfermo”, esa es la fórmula del boca en boca del oficialismo. “Nosotros no prometemos nada que no podamos cumplir. Hablamos de la gestión, con trabajo”, aseguran.

En una población cerrada, ultra religiosa desperdigada entre paisajes de ensueño y cuyas generaciones de uno y otro apellido se conocen desde el nacimiento mismo de cada asentamiento, se oye una voz. Se oye la voz del pueblo: “no toleraremos la mentira”.

Que así sea, entonces.

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